martes, marzo 14, 2006

 

6to. Viaje (Julio 2001): Litoral...Esteros del Iberá - Saltos del Moconá - Cataratas de Iguazú

Corrientes Porá!! - Posadas (25/07/01)

Hola Todos/as!!! Cómo va?

Y si, yerba mala nunca muere, acá estoy, todavía dando vueltas desde la ciudad de Posadas...pero vamos por
partes...

Finalmente y después de pasar por el infierno que era baires luego de un paro nacional general y el día previo al inicio de las vacaciones (o sea, un hormiguero infernal de gente y atrasos por todos lados) y gracias a la ayuda del Pike para moverme con los bártulos, llegué el sábado a la mañana a la ciudad de Mercedes, Corrientes. Ciudad pueblerina, muy tranquila. Hacia un poco más de fresco de lo que me esperaba (me congelé, bah!). Así que armé a Maira sin apuros y a eso de las 10 me dispuse a arrancar hacia Colonia Carlos Pellegrini, en el corazón de la provincia y los Esteros del Iberá.

Pasada de rigor por el centro a conseguir el sello en la policía y a empezar. La gente muy amable y cortés, por cierto.

El día estaba soleado, pero el viento un tanto molesto y de costado hacía que la temperatura estuviera dentro del fresco tirando a frío. Igual el camino de tierra con sus tumbos te hacía entrar en calor.

El paisaje es muy similar a la pampa bonaerense, llaaaaano y con poco que ver, salvo los montes de árboles donde estaban las estancias.

Lo más pintoresco era ver a los paisanos pasar a caballo con sus ponchos y ropas típicas, sombreros de ala ancha o boinas, siempre acompañados por un par de perros. Hablar con esta gente es un desafío, ya que además de la típica tonada correntina, el dialecto "campesino" se me hacía un tanto complicado. Pero nada que no me permitiera darles mis saludos, timbrecito mediante...

Después de andar todo el día y ante la inminente caída del sol, empecé a buscar un lugar donde pasar la noche. Al final terminé a la vera del camino, debajo de un par de árboles en un cruce, apto para acampar sin yuyos ni bicherios...

A las 18 se cayó el sol, a las 19 estaba apoliyando! El frío se puso fuerte, más con el viento que no dejaba de soplar. Los 90 km en el ripio más el viaje en bondi me dejaron out.

Fría la noche. Muy fría! (Ya lo dije antes, no?...) Tanto que me tuve que despertar para abrigarme un par de veces...y cuando la policía cayó a las 4 y media de la madrugada a ver que catzo era eso al costado del camino. Ya pensaba que me levantaban con la carpa y todo...Explicaciones mediante, seguí durmiendo un rato más...

La mañana pintaba linda con el sol, pero seguía con frío y viento. Extraño para esta zona...

En un par de horas hice los 40 km que me quedaban hasta Carlos Pellegrini, y en los últimos km empecé a apreciar la diversidad de fauna del lugar: garzas y cigueñas que salían volando a mi paso, algún que otro zorrito, muchos pajaritos que vaya a saber uno que eran...

En el centro de interpretación el guardaparques Roque me llevó de paseo por el sendero interpretativo, con una flora impresionante, con galerías de vegetación y plantas alucinantes. También vi unos monos aulladores, unos carpinchos y chajás.

Me instalé en el camping y al toque salí con Hugo, el hermano de Roque, a hacer una visita en lancha por los esteros del Iberá. Estuvimos como tres horas y excepto la boa constrictora, vimos de todo: ciervos, carpinchos, yacarés (ahora entiendo el término lagartear...que guachos como torraban al sol!), más pájaros...

A la vuelta, después de una ducha caliente (siiiii, a veces me toca!) salieron unos mates y me quedé charlando con Hugo, que me contó un poco del desastre que hizo el anterior gobernador Romero Feris con tanta corrupción y de los bonos infames con los que les pagaban a los empleados ahora. De terror!

El lunes arranqué temprano con destino al Paraje Galarza, a unos 80 km, donde hay otra estación de guardaparques. Ya con el dato de preguntar por Walter, tenía el techo asegurado...si llegaba.

Resulta que el asunto se puso muy espeso, ya que sumado al fresco (y sí, seguía la cosa) y al maldito viento (que no me dejaba en paz), surgió un factor no muy deseado: el camino era un arenal de aquellos!!!! Y cuando digo arenal, no miento! La playa bristol debe ser más fácil de pedalear! Las ruedas de la bici se clavaban mal, se me frenaba como si tuviera un auto tirándome para atrás...infernal!! Los primeros 10 km me dejaron sin gambas!! Los paisanos pasaban y miraban incrédulos el espectáculo que debería dar haciendo fuerza como un
ganso para avanzar una poca...

Me convertí en un experto buscador del mínimo lugar donde hubiera un poco de terreno firme. Igual la marcha era penosamente lenta y agotadora. Es más, al usar los zapatos con trabas, la falta de costumbre (o de reflejos) hizo que terminara más de una vez encajado en la arena y con la bici encima! Por lo menos el terreno era blando...

A pesar del frío, el viento y la arena, tenía que tener en cuenta los factores positivos: no llovía, era camino llano, había sol...errrr, bueno, se nubló!!

Cada tanto tenía un respiro y se consolidaba un poco. Pero no mucho. Más de una vez tuve que andar unos buenos trechos a pata tirando de la bici, que se negaba a avanzar...guacha!

Así me la pasé todo el día. Cada vez que tenía chances, le preguntaba a los paisanos cuanto me faltaba para el cruce con la ruta 41, donde supuestamente la cosa mejoraba. Uno me mandó: "y...unas 5 leguas..." Gracias! contesté mientras trataba de acordarme cuánto era una legua!! Tablita de conversión por favor!! Y ni hablar de la arena: "y sí, es puro arenal..." aghhhhh!!!! (todo eso con la tonadita antes mencionada).

Después de 6 horas de forcejeo llegué al bendito cruce, luego de 55 km demoledores. Tanto que el tujes me quedó a la miseria de tanto traqueteo. Y no es joda. A la noche descubrí que la molestia que sentía en el cachete izquierdo era ni más ni menos que una flor de ampolla en carne viva. Ouch!!! Y cómo arde la maldita!!!

Con sólo una hora y media de luz y dispuesto a llegar al paraje, le di gas para cubrir los 25 km restantes. Pero la felicidad del camino consolidado duró poco: 10 km. La arena volvió y me terminó de rematar. Que lo parió!!

Con los últimos minutos de luz y con 7 horas y media sobre el asiento llegué a destino. Enseguida hice buenas migas con Walter y me instalé en la casa. Un lujo! Charlamos un rato y después se fue a visitar al vecino de la estancia de enfrente, que hacía una bocha que no veía, así que me dejó vía libre para que me cocinara algo y me duchara tranqui (si, agua caliente!!!).

Ayer comenzó una odisea que sería más delirante de lo que pensaba. Me separaban 130 km de Posadas, de los
cuales 65 eran de tierra. Y según Walter, tenía una buena parte de arenal todavía. No tenía en claro si dar el tirón de una o parar en el camino, así que me mandé...se verá sobre la marcha.

Salí a las 8,30 mientras me cruzaba con los changuitos que iban a la escuela a caballo. Tenían que ver a esos gurisitos de 6-7 años (o menos) yendo a los saltos en los pingos.

De nuevo el sol acompaño...y el viento frío también. Un poco de costado, otro de frente, muy pocas veces de atrás, pero siempre jodiendo.

En teoría los primeros 30 km eran fáciles y después tenía un tramo feo. No, no. Sólo 10 km de fácil andar para que surgieran los médanos impenetrables, esta vez con arena húmeda. Aghhhhh, que garrón para avanzar!!! Las caídas se hicieron cada vez más frecuentes, tanto que ya causaba gracia el asunto. La cosa se puso densa, el avance muuuy lento y sobre todo desgastante.

Pero a terco no me gana nadie, así que después de 6 hs dándole, puteando a la arena, al camino (a lo que sea, bah!), llegué al preciado asfalto de la ruta 12...a las 15,30!! Y me faltaban 65 km más para Posadas...

La ampollita a esta altura no me quiero imaginar lo que era. Y ni hablar del hambre que tenía. En el camino me lastré de una y sin anestesia un mantecol de 180 g, un chocolate de 100 g, infinitas barritas de cereales (sano, no?), pero el tanque marcaba vacío...Así que en el primer (y único) parador que encontré me mandé un par de choripanes para reabastecer el estómago. Alimentación balanceada sobre todo...

Ante las escasas posibilidades de pernoctar antes de Posadas y con el incentivo de llegar a lo de Claudia para darme una buena ducha, le metí pata en una carrera contra la noche. Igual la guacha me ganó y tuve que hacer los últimos 30 km en la oscuridad. Interesante, digamos. Más porque no me di cuenta de todas las lomas que tuve que hacer para arribar a Posadas.

Finalmente, después de 10 hs (!!!) de pedaleo, 130 km y con un ragú del joraca, llegué a lo de la Ipucha a las 21,30. Loco, no??

Ducha, cena y desmayo.

Hoy día de descanso obligado antes de partir mañana para San Ignacio. Me esperan unos días de pedaleo arduo, pero si todo va bien, para el domingo 5 estaría llegando a Iguazú. Veremos como va la cosa...

Bueno, me las piro a reabastecerme de morfi.

Se agradecen los mensajes recibidos!! Hasta la próxima...

Les mando un abrazo muy grande y besos a discreción...

JAMERBOI

Con las piernas algo cansadas y mucha mugre colorada... - Pto. Iguazú (05/08/01)

Hola todos/as!!! Cómo va?

Y si, finalmente llegué sano y salvo a Puerto Iguazú, desafiando furiosos yaguaretés, peligrosas vívoras, agresivos tapires, coatíes en celo...ah, no, de esos no...

En fin, pero retornemos a Posadas, donde nos quedamos la última vez.

El jueves 26, después de un día de huevo a full, arranqué con destino a San Ignacio. Día gris y lloviznoso. Una porquería, bah! En particular si le sumamos un maldito frío matinal (después vespertino, nocturno, etc...). Y ni que hablar de la bendita ampolla en el traste, que a pesar del super parche con gasa que le había mandado, hacía notar su presencia constantemente...ouch!!!

Engancho la ruta 12. Es un desbole con el intenso tráfico, pero se puede circular tranqui por la banquina...al menos hasta que llego al peaje, donde por arte de magia desaparece y nuevamente me encuentro rodando en esa delgada línea blanca que divide el pavimento del pastito (por llamarlo de alguna manera) del costado. Enseguida surgen las añoranzas del viaje a Brasil: enormes camiones y buses me pasan bien finito, a veces avisándome con la bocina, como diciendo "yo no me corro, así que move vos, piscuí!!"...y pasan. En particular en las bajadas terribles que hay en esta vía (análogas a las subidas que las preceden y prosiguen todo el tiempo), porque se ve que los pobres tienen algún defecto con el sistema de frenos y simplemente se dejan llevar por la inercia...o al menos eso me pareció a mi!

Ya sea por el frío o la adrenalina, el tramo de 66 km se me hace rápido y poco después de la una me mando para la casa de Horacio Quiroga. Mientras entro por el camino de tierra colorada, un changuito a caballo se me pone a la par. El Marianito esta más que intrigado por lo que esta viendo. No ternima de entender cómo es
que vine en bicicleta pudiendo hacerlo en auto (creo que muchos opinan lo mismo!) y menos que nunca hubiera estado ahí antes. "Cómo hace para no perderse?, Nunca estuvo antes aquí?, Cómo llegó hasta acá?, Con un mapa? Ah, no, yo así no podría...". El gurí me acompaño hasta la casa del escritor y ahí seguí con mi tour. Tendrían que haberlo visto galopar con sus escasos 5 o 6 años...

Luego de una recorrida por esta casa-museo, que dicho sea de paso, se encuentra en un lugar con un entorno natural espectacular, puse rumbo para las Ruinas de San Ignacio Miní. Ahí caí en la cuenta de que estaba en un lugar por demás turístico: micros con hordas de turistas ávidos de sacar fotos haciendo cola para comprar la entrada. Me mandé y después de pedir permiso para dejar mi móvil en la boletería, me confundí entre el gentío...si se puede decir que un tipo un tanto sucio y transpirado con calzas y atuendo de ciclista puede pasar desapercibido...

Primero paso una visita por el museo, donde perdido en una marea humana, escuche una guía de alguno de los
tours que iban por ahí. Realmente esta muy bien hecho el recorrido, representando las distintas etapas de la colonización y la actividad de los jesuitas. De ahí a las ruinas, donde otra vez saqué a relucir mi mejor cara de póker para colarme en los grupos (ahora bastante más pequeños, ya que se contrataban aparte) para recorrer las ruinas. Después de un par de visitas guiadas me dediqué a visitar el lugar por mi cuenta. A pesar de estar congelado del frío, lo pasé muy bien entre esas imponentes construcciones que se mandaron los quías.

Con poco tiempo de luz, me fui a instalar a una posada (Los alemanes, recomendable), o mejor dicho, al jardín trasero de la posada con la carpa. A la noche volví a las ruinas para ver el show de luces y sonidos, donde se hace una recreación de las etapas de la Misión Jesuítica y de cómo era la vida antes, durante y después de que hecharan a los curas al joraca porque al reinaldo ya le metían un poco de miedo los avances económicos y culturales que habían logrado estos ñatos.

Cuando salía oigo que me llaman. Quién era? Gustavo y flía! El vago que conocí en Carlos Pellegrini y que tenía pensado hacer el mismo recorrido que yo, con una pequeña diferencia: mientras yo me movilizaba en la
Maira, él lo hacía en una ford Ranger doble cabina con cúpula a todo culo. Bueh, casi igualito! En fin, charlamos un rato y nos despedimos hasta la próxima...

El viernes moví temprano para tratar de llegar al Parque Provincial Salto Encantado, a unos 10 km de Aristóbulo del Valle. De una tuve que hacer una parada obligada para echarme encima todo lo que tenía de ropa. Que frío pedorro e inmundo!!!! En las bajadas y sin el sol (la cosa seguía gris) el tema se ponía áspero. Parecía un piquetero sobre ruedas con lo tapado que estaba!!

Luego de sufrir un rato más por la 12, pegué la vuelta en la RP 6 hacia Campo Vieira. Enseguida el cambio se hizo notar: escaso tráfico, camino más angosto, menos ruido al transitar...pero eso sí, las subidas y bajadas no amainaron. Algunas cuestas se hicieron un tanto pesadas, por no decir, bastante pesadas. Pero siempre había alguna buena bajada para compensar. Y en el asfalto es un placer agacharse y dejar que la bici se embale sin tener que preocuparse por agarrar una tosca y salir volando al joraca. A 66 km/h llegué en una...que no es poco en este "camión" sobre dos ruedas...

De a ratos empezó a salir el sol. Igual el divino viento del sur no dejaba de molestar, no sólo por hacer más complicada la marcha, sino que además eliminaba cualquier vestigio de calor sobre mi cuerpo. Brrrrrrr!!!!!
El paisaje se sucedía con chacras, plantaciones de yerba, aserraderos. A los costados del camino se veían casas de precaria construcción (por no decir taperas), donde gente muy humilde y curtida me miraba pasar como sin terminar de entender que era eso que venía por la ruta. En los puntos altos del camino se podía disfrutar de unas buenas panorámicas de las sierras y valles misioneros, donde se intercalaban las zonas de cultivo con algunos bosques. El verde predominando sobre todo...

A los 60 km llegue a la ruta 14 con esperanzas de encontrar algún bolichito para comer algo. Nones. Así que seguí un poco mas hasta que en una de las innumerables iglesias protestantes (del séptimo día, luteranos, de no se qué, hay una a cada rato!), paré a comer unas galletas con queso. Por lo menos al reparo del viento el sol calentaba un poco...cuando no jodía alguna nube!

Un detalle que me llamó la atención: cuando iba en la bici pasé a un tipo vestido con ropas muy desgastadas, que caminaba un tanto tumbao. Lo saludé y seguí. Mientras comía pasó a mi lado y siguió su rumbo. Cuando terminé, empecé a pedalear de nuevo por las cuestas y a unos 2 km me lo encontré de nuevo. Esta vez volvía...con una botella de coca en una bolsita!!! El quía se había caminado no se cuantos km entre estas terribles subidas...sólo para comprarse su botellita de coca cola! Loco no? Y después hay gente que se queja porque el super le queda a más de cinco cuadras...

En el cruce a Campo Grande me detuve en un parador a tomarme algo caliente. La transpiración que se genera al trepar las subidas se combina fatídicamente con el frío de las bajadas y el viento, haciendo que termine literalmente cagado de frío. Un café caliente, y con el espíritu renovado continué camino. Ya faltaban sólo unos 20 km...Por suerte salió el sol con más decisión y los colores del paisaje se realzaron de tal manera que me hicieron olvidar de las subidas y del fresco. Un verdadero placer.

Al costado del camino vi algo que me llamó la atención y que me hizo detener un instante: un viejito vestido de paisano estaba entrenando a un pingo blanco, de esos que parecen salidos de un cuento, haciéndolo dar vueltas con una soga. Parecerá trivial, pero en ese entorno se veía tan encantador. Tanto que le pedí permiso para sacarle una foto. Resultó ser un personaje de novela el viejito, "el papá de Tato", como se presentó...

Casi a las 6 de la tarde y con escasos momentos de luz llegué al Salto Encantado. El lugar es una belleza. Está muy bien cuidado y realmente vale la pena una visita y pasar unos días en ese sitio. Después de una breve mirada, me instalé debajo de un quinchito de paja para evitar el rocío nocturno. Menos mal! Porque esa noche fue la noche mas fría del año en todo Misiones!!!!

Después de una ducha cuasi-helada (lo que me faltaba), me estaba dedicando a preparar un buen arroz para la cena cuando el guardaparques Fabio (que gentilmente me salvara providencialmente con tres frazadas) me pregunta: vos sos Damián? Si, le digo, sin entender de dónde sacó mi nombre...y ahí nomás me dice: ahí llego
Gustavo! Siii, tercer encuentro! Amerita foto!!!

La noche se despejó, salió una luna preciosa y ni que hablar de ese lugar sin gente con la espectacular vista del valle desde el balcón del mirador. Encantador...pero muy frío!

A la mañana no pude creer lo que vi al salir de la carpa. El pasto estaba completamente blanco de la escarcha, los bordes de la carpa también, el jugo de la botella congelado, hay que ver (sentir mejor dicho!) el frío que hacia!!!!! Como escuché en una canción recientemente: me sentía como esperma esperando en un tubo de ensayos: congelado pero vivo! Luego de desayunar y preparar todo (lo más áspero fue ponerme de nuevo la ropa para pedalear, que aún estaba completamente húmeda de ayer....agh!), me pegué una vuelta (y unas patinadas en el hielo) para ver el salto desde otros puntos de observación. El senderito que va por el monte estaba alucinante, oyéndose sólo los sonidos de la selva mientras el sol, que hoy se venía a pleno, iluminaba los árboles...

Después de las fotos de rigor, me despedí de Gusti y flía y arranqué con destino a El Soberbio, punto de partida para llegar a los Saltos del Moconá. Luego de unos frescos 45 km más por la 14, llegué al cruce de caminos para enfilar nuevamente hacia el este. La parada en la estación de servicio fue un tanto frustrante, ya que el minishop estaba cerrado. Y, ya eran como las 13,30 y era sábado! Igual en un bolichito conseguí rapadura, una pasta hecha a base de miel de cania y maní. Otra que power bars!! Energía 110 %!!!

Encaré nomás el camino. Otra vez subieeeendo y bajaaaaando. Algunas partes eran muy copadas por las vistas panorámicas. Las casas se veían bien humildes y sencillas. Algunas un mero rejunte de maderas con alguna chapa. Pero eso sí, en casi todas había antena satelital!! Pero no de Sky o Direct TV. Eran grandes y de alambre entretejido. Después me enteré que son brasileñas y que las traen de contrabando. No se paga abono, así que por 100 mangos tenés tele satelital de por vida. Eso sí, sólo se ven canales de Brasil...

Me llamó la atención ver tantos pibes rubios de ojos claros entremezclados con gurises de origen netamente guaraní. Pasa que en esta zona (como en gran parte de Misiones), las colonias polacas, alemanas, suizas, ucranianas, brasileñas, etc, son de lo más abundante. También el medio de transporte típico en las chacras es de destacar: el carro polaco, o carro de madera en general con ruedas de madera, tirado por bueyes. Es bastante surrealista verlos pasar por los caminos al mismo tiempo que las camionetas 4x4...al igual que la camioneta que me pasa ofreciendo por un parlante gallinas coloradas (vivas) a 5 por 10 pesos...

Luego de 6 hs sobre el asiento (con las consecuencias que se imaginaran para mi pobre traste, acosado por esta maldita ampolla que no deja que la olvide por demasiado tiempo) y 95 km de asfalto, llegué a El Soberbio. En turismo me confirmaron algo que me había adelantado Gustavo: los saltos no se ven porque están tapados por el agua. Shit!! Bueno, ya que llegué hasta acá, no le voy a apechugar ahora. Igual la idea de pedalear a través del monte es más que atrayente...

De las vívoras me dijeron que ni me preocupara, que con los fríos que estaban haciendo, ni en pedo me iba a encontrar alguna. Eso sí, en verano me comentaron que era muy común verlas cruzando el camino que va a Mocona...aguante el fresco!!!

Haciendo uso de la info que me pasó mi amiga Bea, pregunto por el alojamiento para estudiantes de la escuela. Termino yendo a buscar al encargado, Cacho, a la cancha de bochas. Medio de malas ganas por tener que interrumpir la partida, me acompaña y me da la llave de una habitación grande con 6 cuchetas para mi solo. Cuando le comento que planeo salir el domingo bien temprano, me dice que cuando me vaya le pase la llave por debajo de la puerta...y se volvió a jugar a las bochas.

El domingo salí temprano ya que me esperaban 80 km de un camino no sólo jodido por ser entoscado (léase, para ir a los tumbos), sino que todo el mundo me había hablado pestes de las subidas que me aguardaban. Muchos me miraban incrédulos cuando les decía que pensaba remontar la ruta 2 hasta Moconá...y no se equivocaban! Que lo parió!! Que caminito!

De una el paisaje era de película de terror. Una neblina espesa cubría todo, mientras el sol se esforzaba por brillar en un cielo sin una nube. En eso, salté a la tosca, y digo saltar, porque literalmente la bici empezó a traquetear a los tumbos sin cesar. Las vistas con toda esa bruma misteriosa le daban un encanto particular al lugar. Me recopé sacando fotos a cada rato. Mientras, trepaba una delirante sucesión de cuestas que me iban sacando del pozón en donde esta enclavado el pueblo. Pasaba gente a caballo, en bici, a pata, en carros polacos...Los primeros 30 km son zonas de colonias y chacras.

A los 8 km, cuando por fin alcancé la meseta y mientras sacaba una foto ocurrió la tragedia: había perdido mi banderita argentina!!!! La que me regaló mi viejo antes de mi primer viaje y que me acompañara en más de 11 mil km de pedalear por los lugares más recónditos. Una de mis pertenencias más valiosas y queridas. La angustia y la desesperación se apoderaron de mi. Sin pensarlo dos veces pegué la vuelta y clavando los frenos descendí nuevamente hasta el pueblo buscando mi banderita. Nada. Paraba a la gente y le preguntaba si la habían visto. Nones. Les pedía encarecidamente que si la veían la mandaran con algún turista para el Moconá. Creo que no entendían nada. Ya era bastante el asombro de verme disfrazado como andaba para captar lo de la banderita en medio de mi relato desesperado.

Abatido y desanimado, reprochándome a más no poder el no haberla guardado ya que venía tanto traqueteo, volví a retomar el camino al Moconá. De nuevo a trepar los cerros a los tumbos, recorriendo el camino buscando la querida banderita. Todo mal.

Después de 30 km por terrenos de paisanos llegué al cruce de Paraíso. Ahí intenté un nuevo recurso para recuperar la banderita: llamé por teléfono a la radio del pueblo (que conseguí llamando primero a la policía) para pedir que pasaran un llamado a la solidaridad. Así arme la campaña "Recuperemos la banderita del Jamerboi". Creo que no me entendieron ni jota...

De ahí el camino no tuvo mas contemplaciones. De movida una bajada infernal por tierra roja, viendo como de a poco iba dejando atrás las tierras arrasadas por el hombre para acercarme al monte virgen. A veces tierra firme, otras con tosca, muchas irregularidades como para no tener el culo quieto en el asiento más de unos minutos (que descubrí era bastante bueno para mi ampolla en vías de recuperación...). Meta cambios a más no poder.

El sol pegaba lindo, aunque el frescor se seguía haciendo sentir. A los 45 km me adentré en el bosque nativo. Vegetación por todos lados, árboles con 20 mil especies epífitas encima brindando un espectáculo para la vista. Transpiración a full, trepando, empujando, avanzando lentamente. Las bajadas eran a puro freno, ya que sino salía volando por los aires. Mucha concentración para no morder una tosca o enganchar un pozo. Las manos dolían a veces de tanta fuerza para mantener el equilibrio y el balance...Al llegar a una cima, se veía como el camino se hundía en el verde de la selva, para después resurgir más adelante como un tajo vertical en una trepada endemoniada...Así todo el tiempo, mientras los carteles engañaban con las distancias. A Moconá, 20 km. Y después de 8 km, otro cartel me indicaba que por algún salto espacio-temporal aún seguía a 20 km!!!! Aghhhhhh!!!!!

Cuando ya iba 60 km y supuestamente me faltaba poco para llegar a Mesa Redonda, el ansiado cruce de caminos, a la derecha el Moconá, a la izquierda la ruta 21 para regresar a la 14, me encontré con un vago de La Plata que había visto ayer en turismo y en la pizzería. Regresaba en su camionetita después de visitar los "saltos". Luego de hablar un rato y adelantarme que "ya te falta poco" (no le crean!), tiré un último manotazo de ahogado: le di mis datos para que los llevara de pasada a la radio de El Soberbio, así pasaban mi mensaje y en una de esas me enviaban la banderita a casa...snif!

Los 2 km restantes se convirtieron en 8! Y demoledores!!! Unas pendientes infernales, poco agarre con las ruedas, una trituradora de gambas!!! Por fin a las 17 llegué a Mesa. Que alegría! Ahí nomás el camino se precipitó en una serie de bajadas super empinadas, donde sacaba humo de los patines de los frenos. Tosca por todos lados, pozos, a los tumbos nomás! Y era una carrera contra la caída del sol, que me venía agarrando antes de que pudiera hacer los 18 km restantes. Eso sí, las panorámicas que se tenían en esas bajadas eran impagables! Con el cansancio acumulado y la amansadora de ese día, el tema de los descensos se ponía un tanto peligroso. Pasé por el cruce a Gendarmería...el camping Moconá (muy caro, por cierto) y los carteles que me anunciaban la cercanía con los guardaparques...vamos!!! Por fin llegué al puente sobre el arroyo Yabotí, límite del Parque, casi cubierto por las aguas. Solo 2 km más!!!!....pero nooooooo, en subida!! Y qué subida!!! Me llevó un buen rato la trepada, perdiendo el equilibrio a cada rato, empujando la bici, aguzando la vista para ver algo en la noche que se me había venido encima.

Finalmente vi la ansiada casa! Y luego de golpear la puerta, cuando me abrieron dije: "Me dijeron que acá
hay pizza libre los domingos a la noche". A lo que Gabriel me contesto: "huy! Recién cerramos la cocina.
Volvé otro día!"

Así comenzó la cosa. Salió mate al lado de la cocina a leña (seguía más que fresco) y al rato conocí a Roni, el otro guardaparques. Me dejaron instalar en una pieza, ducha caliente, sólo faltaba el factor combustible: estaba cagadísimo de hambre!!!!

Al rato prendieron el grupo electrógeno y apareció Domingao do Fastao. Claro, acá también ligaron de esas antenas brazucas y no podía faltar el entretenimiento de la noche. Lo bueno de este sistema es que no se enteran del riesgo país y de ningún otro quilombo nacional...excepto la reducción de sueldos, de la que no se salvó nadie!

En eso Roni encendió el horno de la cocina a gas y me dije, vamos a comer! Pero no, era hora de cazar lauchas. Si, unas lauchitas de monte que hacían estragos en las reservas alimenticias y que se habían acomodado en el relleno aislante de la cocina. Si lo hubieran filmado se habría visto muy cómico. Los tres persiguiendo las lauchas por toda la cocina a los fierrazos y ojotazos, mientras las lauchitas guachas se movían a la velocidad de un rayo. Finalmente y después de dejar patas para arriba el lugar cayó una, luego otra...y una tercera! La más difícil, que Gabriel mandó de una a la hoguera...les encanta el sadismo a estos muchachos...

Finalmente y ante mi desesperación hicimos algo de comer, ya que acá los pibes no acostumbran a cenar, sino que almuerzan fuerte y listo. Aghhhhhhh!!!!!! Un plato de fideos a mi derecha!!

El lunes fue día de descanso, más que necesario sabiendo lo que me esperaba a la salida hasta Mesa Redonda. Con Gabriel fuimos hasta el telecentro Moconá, un poste pintado de amarillo a la vera del camino, que es el único lugar del parque donde hay señal para los celulares. Eso sí, con el codo apoyado en el palo y sin despegarse porque sino no se oye nada...

El mirador al Yabotí es una belleza con la panorámica que ofrece. De sólo ver de dónde había bajado ayer me cansé de nuevo!

Con los muchachos la pasé de diez, matándonos de risa de todo. Son unos personajes de aquellos. El día sospechosamente no sólo estaba despejado, sino que hacía calorcito. Tanto que hasta pude desenterrar las bermudas de las alforjas!! Aproveché para limpiar la ropa de pedaleo, que a esta altura realmente apestaba. No saben qué loco como a los 5 minutos de tenderla se había llenado de abejas, tapizándolo todo, en busca de
sales y minerales, escasos por estos pagos en los bichejos.

Cerca de la casa de los guardaparques hay dos senderos que se pueden hacer a pata. Uno lleva al mirador de los saltos del Moconá, que lamentablemente había que imaginarse ya que el volumen de agua tapaba todo. Para los que no saben, los saltos son un fenómeno geográfico un tanto atípico, ya que en lugar de ser una caída transversal al cauce del río, como en las cascadas usuales, acá el asunto es longitudinal. Cuando el río está bajo, se forma un canal navegable de unos tres km de largo a través del cual se pueden observar los saltos cuya altura promedia los 10-12 metros. Algo único para ver...cuando se puede. Desde fines del año pasado que no se pueden apreciar con todo su esplendor. Igual, el entorno natural que posee el parque es más que suficiente para ameritar una visita. Se encuentra mucho más preservado que las zonas visitables del Parque Nacional Iguazú, y la experiencia de divagar por los senderos en pleno monte sintiendo la selva es sencillamente espectacular. Altamente recomendable. Así como el banquito del mirador a los saltos, que a falta de saltos que observar, es un excelente lugar para echarse una siestita...

Cuando volvía del sendero veo llegar una camioneta...y siiiiii, era Gustavo de nuevo!!!! Como guardaparques honorario le di la bienvenida y una breve explicación de las maravillas a disfrutar.

Después bajé (literalmente, el camino se cae hacia el río) para ver el lugar donde en algún momento se ven los saltos. Cayó Gus con su bici y la vuelta trepando fue un chorriadero de transpiración...Igual el Gusti se las bancó!

La noche salió espectacular. Calorcito al mejor estilo veraniego en Mardel, con una noche rebosante de estrellas y una luna que iluminaba todo. Esta vez si hubo cena, y los chicos prepararon un plato típico: reviro con ticueí...o como les traduje yo del guaraní al criollo, miguitas de pan con tuquito...

En eso cae Roni entusiasmado. Había capturado otra laucha, esta vez en el baño. Y como ahí la atraparon, ahí mismo la mandaron a la mierda literalmente hablando...por el inodoro. Les comenté que eran algo sádicos estos muchachos??

El martes amaneció como nunca. Calorcito, sin una nube, sin la típica neblina matinal. Me seguían gastando con el tema de la lluvia, ya que con agua estos caminos se vuelven intransitables. Y como era el día del piquete general en el país, jodíamos con que en Mesa Redonda me iban a detener los piqueteros e iba a quedar varado ahí...

Ah, como Roni es de El Soberbio, le dejé mis datos con la esperanza de que apareciera mi banderita. Creo que los volví loco con el asunto...

Finalmente salí y pasé por el camping Moconá para ver un salto que hay por ahí cerca, el Horacio Foerster, en homenaje a un guardaparques que hace unos 5 años se ahogó en los saltos haciendo un rescate.

La trepada hasta Mesa Redonda fue pesada, aunque menos de lo que esperaba después del descenso del otro día. Cuando me quise dar cuenta ya estaba arriba, transpirado de punta a punta con el solazo que machacaba de lo lindo. Tanto que tuve que cambiar la indumentaria a musculosa!

La 21 me recibió con un camino de tierra roja bien apisonado, así que le podía dar gas en las bajadas, siempre cuidando de no saltar al carajo por los aires con algún pozo...Los primeros 15 km fueron un placer. En medio del monte, con algunas subidas pero principalmente bajando. Sin viento. Unas vistas espectaculares. Hasta que llegué a una zona de cultivos de pinos para explotación. Me quedé asombrado de ver en los lugares en los que viven los obradores. Tapera es una categoría residencial!

Cuando pasé esa área, en un claro recién despejado apareció de golpe un viento norte del carajo. El muy pedorro no sólo me complicó el avance, sino que me mató sofocando! Para colmo, los próximos 20 km fueron una sucesión de trepadas infernales, una detrás de la otra. El camino ya no tan bueno, con tramos de tosca, ripio, tierra poceada. Parecía que la selva sangraba por esos cortes rojos en el verde por donde transitaba. Se puso un poco más áspero el asunto.

Cada unos 10 km paraba a descansar en la sombra. El tráfico era prácticamente nulo salvo algún que otro turista o los camiones de los obrajes cargados con unos rollizos infernales. Donde me sentaba un minuto, una orda de mosquitas, jejenes y no se que otros bichejos voladores se me avalanchaban desenfrenadamente a picoterame las gambas. Y tan cansado estaba que ni bola les daba. Coman nomás...

Lo bueno era que con tanto camino a los saltos, la dichosa ampolla parecía estar cicatrizando sin molestar
tanto como cuando andaba en el asfalto.

Después de 78 aplanadores km llegué a Colonia Paraíso, en la ruta 14. Asfalto de nuevo!!! Llegué junto con la caída del sol. De una me devoré unas galletas con tres latas de fanta. Estaba al borde del tanque vacío...

Aun me faltaban 13 km hasta San Pedro, donde podría pasar la noche con los guardaparques del Parque Provincial de la Araucaria. Así que bajo la luz de la luna y al son de Manu Chao y un "me gustas tú", me largué por ese camino que a esta altura me parecía llano. Casi sin trafico, hasta me daba el gusto de ir boludeando por el medio de la ruta!

Por fin llegué al pueblo, y después de unas cuantas vueltas (digamos, preguntar en la estación de servicio, en la carpa de los docentes, infaltable en cada lugar por el que pasé, y por último, el bar que frecuenta el guardaparques) logré encontrar la ansiada casa. Eran las 8 de la noche!

Ahí conocí a Ricky, un personaje de aquellos, y a Juan, del cual tenía los datos. Los muchachos del Moconá ya habían llamado a ver que había pasado conmigo. Y, lo que pasa que los "cerritos" que me habían dicho que
tenía en la 21 eran unas subidas del recarajo!!!! Si me habré acordado de Gabriel y su familia...

Luego de instalarme y comer algo, me dejaron a cargo de la casa, ya que se iban de "patrullaje". Si, al bar! Volvieron como a las 12 de la noche, a los gritos, prendieron la luz, la radio, se coparon con el timbrecito de la bici...yo estaba catatónico en la cama. Y hasta dormí en la misma pieza con uno que se la pasó roncando toda la noche. Ni fuerzas para sacudirle un zapato tenía...

El miércoles amaneció de nuevo despejado y con calor. Esto ya no se puede creer!!!! Arranqué con destino a Bernardo de Irigoyen, pero en lugar de tomar las asfaltadas 17 y 20 seguí por la 14, que en ese tramo es de tierra. Así me ahorraba 30 km, mucho tráfico pesado (ya que en Irigoyen los camiones cruzan a Brasil) sin banquinas y unas trepadas muy grossas. Igual la 14 no fue de lo más sencillo. También tuve mis buenas trepadas, con un camino bastante cambiante en cuanto a su estado.

Lo más copado del paisaje era la presencia de araucarias nativas por todos lados, salpicando el paisaje dominado por las chacras. A los 37 km paré a comer algo en Tobuna, un caserío en el camino. Me compré una gaseosa y me tiré debajo de los pinos de la "plaza central" a lastrar algo. No pude evitar una petit siestecita en ese ambiente tan tranquilizante...a pesar de la odiosa cumbia villera que se oía de fondo desde una de las casas. En eso, una pibita se acerca tímidamente. La había mandado la madre para ofrecerme de comer con ellos en su humilde casita. Conmovedor. Lástima que yo ya había terminado. La próxima tal vez...

De nuevo en la ruta, a unos 13 km llegué después de una linda trepada a Piñalito, otro Parque Provincial. El camino seguía desplazándose por la divisoria de aguas de las Sierras de Misiones, así que los paisajes eran espectaculares hacia ambos lados.

A los 70 km llegué al asfalto de nuevo, después de una terrible trepada por la tosca suelta. Sólo 12 km más!!! Un placer rodar ya casi sin tanta subida.

Caí en Irigoyen, la localidad más oriental del país, según proclaman, casi con las últimas luces. Cuando pregunté por el camping municipal se me mataron de risa. Resultó ser un potrero donde había unos vagos jugando un picadito. Sin muchas opciones y más que cansado, recalé en la pieza más pedorra y económica de la estación del ACA. Lo bueno es que tenía el termo con agua caliente a 10 metros, así que era más que apropiado para poder cocinar mas rápido y tomar mate a gusto...

Un cartel me llamó la atención, pintado como un mural sobre una bandera argentina, al final de la calle principal. Decía: "Sólo se ama lo que se conoce. La patria comienza en la frontera. Bienvenidos a Bernardo de Irigoyen".

Comencé a transitar la ruta 101, que me llevaría hasta Iguazú. De una bajando raudamente hacia los valles, en
un camino de ripio, entoscado y a veces tierra, pero muy a los tumbos. Por suerte la ampolla del culo quedó en el olvido...

Comparado con los caminos recorridos en los últimos días, éste era un juego de niños. Subidas y bajadas, pero más suaves, menos abruptas. Zonas de chacras, plantaciones de pinos, gente muy humilde a los lados del camino. Así se conformaba el paisaje en medio de otro día espectacular de sol.

Unos gurises en patas me miraban desconcertados mientras pasaba a su lado. Tenían una tabla raída a la que le habían enganchado 4 ruedas y la usaban para tirarse cuesta abajo por el camino...

A los 35 km pasé por San Antonio, un pueblito muy pintoresco y mucho más bonito que el fronterizo paso de Irigoyen. Me reaprovisioné una poca, charlando con la gente del lugar, muy cordial y atenta. Una constante hasta ahora en este viaje. Por supuesto, los docentes estaban de protesta frente al municipio...también una constante, sumado a los demás trabajadores afectados por las medidas del fatídico Mingo...

A los 75 km, a mi izquierda se me apareció un murallón de vegetación. Era el comienzo del Parque Provincial Urugua-í. El monte preservado contrastaba con las chacras a mi derecha. Unos 10 km más adelante y de nuevo con las luces del día huyendo, arrivé al puesto del guardaparques. Ahí lo conocí a Carlos, que enseguida se puso felíz de tenerme de huésped, ya que en esos días estaba solo de guardia.

El lugar esta en recuperación después de que se utilizara como zona de cultivos, así que la casa está en medio de un gran parquizado con los árboles que dejaron los agricultores. Más atrás se regenera el monte y luego, en terrenos más altos, la selva sin tocar.

Me cuenta sobre un yaguareté que anda haciendo estragos en la hacienda del campo vecino y de cómo hace varias noches están tratando de localizarlo. También de los problemas que tienen con los cazadores furtivos y
de la metodología de los operativos de captura. Qué delirio!

Unos restos de guiso del mediodía y un reviro con café me dejan recuperado y pipón-pipón. Después nos quedamos un buen rato escuchando el bicherío sentados en el porchecito, con una luna espectacular. Llegaré mañana a ver las cataratas con luna llena??

A la mañana, otra vez espectacular, damos una recorrida por el sendero que han abierto para los visitantes a través del monte. Esta vez con guía particular, ya que Carlos me va nombrando cada especie de planta y los nombres de los pájaros que vemos y oímos (que obviamente no puedo retener ni dos minutos, menos los que son en guaraní...).

A los pocos kilómetros sufro nuevamente el único mal que tuve en este viaje a nivel técnico. De tanto traqueteo, las alforjas traseras saltan y los ganchos se desprenden. Tanto que tuve que arreglar un par de trabas con unas arandelas y tornillos más largos. Como será que la mariposa que sujeta el calentador se desenrroscó totalmente y el otro día tuve que rearmarlo para poder cocinar!

Después de 25 km me encontré a las puertas del Parque Nacional Iguazú. No lo podía creer!!!! Ya estoy acá!!
Y sólo en doce días de pedaleo me mande casi 1000 km en estos caminos!! Realmente algo me falla. Tendré que cambiar la medicación??

Demás está decir que el paisaje de camino de tierra colorada, rodeado de un verde exhuberante y con el cielo azul era algo espectacular. A diferencia del Moconá, acá estaba lleno de mariposas multicolores dando vueltas por todos lados. Y al parar dos segundos, te llenabas de mil bichitos y maripositas ansiosas por poder conseguir sales...Ni que decir después de echarse un cloro a la vera del camino...

A pesar de las subidas y bajadas, la cosa estaba muy tranqui con respecto a los caminos que hice antes. Casi llano les diría!

Cuando llevaba unos 30 km y mientras subía una cuesta, veo venir de frente otro ciclista. No, dos. Al final tres. Rompiendo con la racha de este viaje, que iba a ser el único en el cual no me cruzara a alguien viajando a pedal, me encontré con estos tres tipos que venían destruidos. Eran unos porteños de treinta y largos que se habían mandado con idea de llegar a El Dorado el sábado a la noche. O sea, en dos días!! Cuando les conté lo que les esperaba y viendo el equipamiento que traían, empezaron a reconsiderar su plan. Andaban en unas bicis pedorras, que se les venían destruyendo. Y recién habían salido ayer desde Puerto Iguazú! En los 30 km de tierra que llevaban hechos se les quedaron todas las energías. Estaban arruinados!! Ni siquiera se habían avivado de llevar provisiones. Tenían mochilas inmensas en las espaldas porque los portaequipajes se les partieron al primer pozo. Un corso ambulante. Al final los mandé para que lo vieran a Carlos en Urugua-í, y que de paso le llevaran yerba, que se le había acabado. De ahí podían retomar la 19 y terminar en Wanda al otro día...con suerte! Este episodio me hizo dar cuenta de lo evolucionado que estoy en cuanto al equipamiento con el que viajo. Ya estoy para un Alaska-Ushuaia!!!

A eso de las 17 arrivé a mi destino final, la casa del guardaparques Timbó, en el cruce. De ahí sale un camino que va para Puerto Canoas y costeando el río se puede entrar al Parque "por atrás", sin pagar entrada, of course (siempre y cuando no te pesquen). Los guardaparques nacionales no son tan simpáticos y hospitalarios como los provinciales. Es más, tienen unos buenos aires de milico. Pero a Julián lo convencí después de un poco de charla, y en especial cuando nombre a otro guardaparques que ya conocía de antes, Gonzalo, y a mi amiga Bea. Ahí me mando: ah, vos sos el amigo ciclista de Mar del Plata? Errrrr, si, soy yo. El otro día me la crucé y me dijo que venías en bici para acá. Está bien, podés acampar acá atrás. Uffff, pensé que no lo lograba!

En realidad medio parque sabía que estaba en camino y al verme al otro día todos me saludaban con un "llegaste!!", como diciendo, que pedo venirse así hasta acá!!

Luego de unas pastas (las últimas reservas alimenticias) me mandé para las cataratas para hacer la caminata a la luz de la luna llena. El cielo estaba impecable y no quería arriesgarme a que mañana se nublara...Julián me indicó cómo ir. Pero de noche todo cambia. La luz de la luna ayudaba bastante, dándole un aura misteriosa al asunto. La vista del río con la luna, mágica.

Con las nuevas obras, como el famoso y polémico trencito, no reconocía muy bien el lugar. Finalmente llegué por el paseo superior hasta el centro de visitantes. La gente miraba sin entender de dónde catzo había salido. Inclusive el guardaparques de turno no me puso muy buena cara hasta que le expliqué que venía de lo de Julián. Bueno, mucho no le cambió la jeta...

No hice uno, sino los dos paseos nocturnos. Es simplemente fantástico. Caminar por las pasarelas del superior y ver las cataratas de noche es algo único e indescriptible. Si la muchedumbre hace un poco de silencio y deja de sacar fotos con flash (al pedo, porque no salen) se disfruta de una magia especial. Parecen cascadas de plata. Como ver el paisaje en blanco y negro...

En el primer turno fuimos 217 personas. En el segundo casi 400 (!!!). Una marea humana para lo que venía habituado a ver. La segunda vez ya era mucho quilombo. Me estaba arrepintiendo cuando a que no saben con quien me cruzo??? Sí!!! Con Gustavo y su familia!!! Simplemente increíble! 5 veces en todo el viaje! Un alegrón saludarnos de nuevo. Parecerá tonto, pero estos pequeños detalles son los que hacen que se disfrute tanto de viajar así. Si lo querés planear, no te sale ni a palos!!

El regreso a medianoche a la carpa tuvo su cuota de adrenalina. La noche es precisamente el momento en que
el 90 % de los bichos salen a hacer sus cosas. Y yo pedaleando a lo más choto por el medio del monte! En eso, cuando pasaba cerca de la costa, escuché un sonido de algún animal y después vi como se zambullía en el agua. Era muy grande por la salpicada que hizo. Aunque creo que el se asustó más que yo, le metí pata a más no poder hasta llegar al campamento...

Cuando fui a abrir la carpa, descubrí que unas hormigas grandes y muy feas se habían apoderado de mi toalla. Aghhhh!!!!! Y su camino cruzaba la puerta de lado a lado. Las sacudí como pude y me mandé a la carpa cerrándola lo más posible, no sea cosa de que se invitaran a pasar...que lo parió con los bichos por estos pagos!

El sábado 4 de agosto fue el día de la entrada triunfal. Me levanté bien temprano y haciendo caso omiso al rocío que todo lo bañaba, embalé la Maira y me mandé antes de que me impidieran pasar por donde fui anoche. Resulta que esos caminos no son para tráfico no autorizado, y esta prohibidísimo circular en bici. Yo igual pasé!...

A las 8 y media caí en el boliche de mi amiga Bea y no podían creer que ya estaba acá. Yo tampoco. Al tiro nos mandamos a las pasarelas (previa autorización del ortiva jefe de guardaparques) para sacar algunas fotos antes de que cayera la gente. La máquina de fotos me dio unos cuantos dolores de cabeza dedicándose a rebobinar los rollos cuando se le cantaba...a veces en la 5ta foto!! Igual, con que sólo salga una de esas fotos circulando y payaseando en los miradores estoy hecho!

Tenía una sorpresa aguardándome. Con Gustavo, los muchachos del Moconá me mandaron una banderita argentina para que no sufriera tanto. La de la lanchita "Titánico", en clara alusión a su familiar cercano el Titanic. Si hubieran visto ese bote! La verdad que me emocionaron hasta el caracú con ese gesto...ahora habrá
que hacer muchos kilómetros con esta como para que llegue al esplendor de la anterior, no??

El resto del día me la pasé saludando gente conocida y después hice la nueva excursión de la empresa de Bea,
un paseo con camion 4x4 por el monte y regreso en un gomón a remo, haciendo avistaje de fauna. Vimos una
tortuga, un yacaré grandoooote y varias aves.

De ahí me fui a ver la garganta del Diablo, donde conocí el nuevo balcón que construyeron. La pasarela no está terminada así que siguen con el sistema de las lanchitas, pero la plataforma nueva es simplemente espectacular. Mucho más grande que la anterior, te permite tener muchos más ángulos de visión de ese fenómeno que está a escasos metros de uno rugiendo sin cesar. No es un apretadero de gente y se pueden sacar fotos sin tener que hacer malabares chinos! La verdad, muy bueno.

La vuelta en el trencito fue muy pedorra. La gente agolpada, sin respetar la fila, encima me dejó en la otra punta y tuve que volverme a pata a buscar las cosas. En fin, la modernidad, vieron?

Al final se me hicieron como las 18! Con Antonio y Nelly, mis otros amigos en Iguazú, arreglamos para juntarnos...e ir a ver las cataratas con luna llena! Siiii, otra vez! Así que salí a los tiros y en la oscuridad de la noche incipiente me mandé a mil para Puerto Iguazú a dejar los bártulos, pegarme una ducha y volver al parque...en dos horas!

Realmente volé! Y casi también me vuela un Expreso Singer que se mandó a pasar un auto en plena bajada, ignorando por completo mis señas desesperadas para que me viera. Al pasto justito a tiempo y vuelta a seguir en medio de puteadas...

En el km 5 me lo encontré a Antonio, que me había ido a recibir. Casi me lo llevo puesto mientras se limpiaba los anteojos...

Finalmente nos juntamos con Bea en el Parque y recorrimos el sendero nuevamente (al menos yo), bajo la luz de la luna llena. Que mejor final que este, no? Bueno, si, mejor fue que a la vuelta nos fuimos a comer a un restaurante y me invitaron. So, se imaginaran como lastré no??

Así culminó esta breve pero intensiva travesía por los Esteros del Iberá y la provincia de Misiones.

Será hasta la próxima salida a pedal y se agradecen de todo corazón todos los mensajes que me mandaron. No saben cuánto valen esas líneas cuando se está viajando así...

Un abrazo muy grande y besos a discreción,

Jamerboi

Unas estadísticas

Duración del viaje: 15 días
Jornadas de pedaleo: 13 días
Km recorridos: 1050 km ( 410 asfalto, 640 ripio-tierra-arena)
Promedio de km recorridos diariamente: 81 km
Distancia máxima recorrida en un día: 130 km (Paraje Galarza - Posadas)
Distancia mínima recorrida en un día: 28 km (Cataratas - Pto. Iguazú)
Total de horas arriba del asiento: 76 hs
Promedio de velocidad general: 13,8 km/h
Máxima velocidad alcanzada: 66 km/h (en una bajadita camino a Salto Encantado)
Problemas técnicos: algunos tornillos sueltos, alforjas saltarinas con tanto traqueteo...y nada más!!! Siiii, ninguna pinchadura, sin rayos rotos...nones!! Un chiche la Maira!!!
Subidas y bajadas recorridas en Misiones: una bocha!
Chipitas y barras de cereales ingeridas en la travesía: ufffff!!!! Hasta el hartazgo...







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