martes, marzo 14, 2006
3er. Viaje (Septiembre-Octubre 1999): La Puna...Abra el Acay - Quebrada de Humahuaca - Salar de Uyuni - Desierto de Atacama - Paso de Jama
Tarde pero seguro!!! - La Quiaca (9/10/99)
Hola todos!!!! Acá el Hammerboy reportándose desde La Quiaca...
Por fin pude encontrar un lugar con Internet y que funcionara o me lo dejaran usar...Estoy usando una máquina medio pedorra, de esas muuuuy lentas que es de una gente amiga de otra gente que contacté en Tilcara, más precisamente, de la madre de Sole, la amiga de Romina (o sea, de garrón de rebote como quien dice) así que no me puedo explayar mucho.
Obviamente, que escriba esto implica que sigo con vida, aunque de un dudoso estado mental, cosa que ya se sabía de antemano. Por si las dudas a alguien se le ocurre seguir mis pasos (cosa que dudo) les doy un consejo sano: vayan al revés!!! No saben lo que es estar subiendo todo el tiempo!! Es un delirio total el tema. El ripio no es tal, sino que es arena pura, y eso de que en el norte no sopla viento, quien se los dijo?! Además, es más que fresco el guacho...De todos modos, los paisajes y las vistas que tuve hasta ahora son indescriptibles.
Les cuento que mañana voy a Yavi a festejar mi segundo año de Lic. con un asadito y el lunes engancho el tren a Uyuni, para después hacer el gran desafío de cruzar el salar. Por lo que me dijeron otros ciclistas que conocí en Cafayate (sí, vi otros ciclistas) ahí hay un buen servidor de Internet así que les daré un reporte más detallado de mis andanzas con Malena.
Como un adelanto, tenían razón con que el Abra El Acay era duro...creo que es lo más bravo que hice hasta el momento, con una subida del carajo, super interminable, para colmo de pura piedra suelta, arena o ambas, más un fuerte viento en contra que hicieron las cosas más que difíciles, teniendo en cuenta que el oxígeno es más escaso que el agua! Y ni hablar si les digo que se me fue la bici por un precipicio de 100 m cuando estaba sacando una foto y perdí dos horas a 4500 m haciendo el correspondiente rescate...pero bueno, eso es parte de otro capítulo...sean pacientes.
De novedad les comento que hubo un cambio de planes en el itinerario, ya que después de estar en S.A. de los Cobres y ver el camino, decidí pegar la vuelta por el paso de Jama, y así volver a hacer ese guachazo descenso que es la cuesta del Lipán (35 ks infernales) hasta Purmamarca y de ahí bajar a Salta donde ya tengo amigos del camino donde parar...el garroneo es mi especialidad...
Se agradecen (y mucho) todos los mensajes recibidos y los favores realizados y ya les contestaré desde Uyuni el martes si sobrevivo a la experiencia de viajar en el tren barato (el de luxe salió justo hoy)...
Les mando un abrazo muy grande a todos y hasta la próxima entrega, en pocos días si todo sigue bien...
Nos estamos leyendo,
HAMMERBOY
Aquí el Hammerboy desde Bolilandia - Uyuni (12/10/99)
Hola todos/as!!! Como va?
Finalmente llegué a Uyuni, puerta del Salar (bah, en realidad la entrada es Colchani, pero la mística del Salar se respira fuerte por acá...). El viaje en tren fue mucho más civilizado de lo que me lo habían pintado. Viajé en lo que sería primera (acá Salón) y hasta diría que el servicio es mejor que el de Baires a Mardel. Coche restaurante por dos mangos, o la alternativa de comer en Tupiza o Atocha algo de los puestos callejeros donde abundan los platos de aromas particulares y donde se desquitan los locales. Lo único diferente a un tren de allá es el aroma especial que se respira, pero que no es nada del otro mundo (al menos si consideramos el que expiro yo...). Por ahí se hace un poco largo el tema de estar 10 horas para hacer 300 km, pero si vieran por donde van las vías...es todo montaña! Los paisajes alucinantes, al menos hasta que se hizo la noche. Hay un pueblito que esta en la ladera de unos cerros que parecen las figuras del Cañón del Colorado. Un espectáculo para la vista. También resulta pintoresco el mercadeo y las cosas que se venden por estos pagos en cuestiones alimenticias. Los que anduvieron por acá saben a que me refiero y los que no, sé de mas de uno que se caería de espaldas de ver como se sirve el morfi y lo que se come..que la verdad esta más que bueno...
Bueno, yendo a lo prometido, procedo a hacer un breve pero intensivo resumen de mi viaje hasta ahora:
en Tucumán paré en lo de la abuela de Dani, ya que al Tucumano no lo encontré. Paré en Yerba Buena, un municipio vecino, que es como la zona residencial de Tucumán. Mucho más lindo que en la ciudad, que es más que fea. Además, se respiraba el bardo de los trabajadores acampando en la plaza, la casa de gobierno con la fachada quemada, en fin, el malestar por el desempleo que vi en el resto de la provincia. La casa de Tucumán, tal como me habían dicho, no es nada del otro mundo, y encima esta empotrada entre edificaciones muy poco pintorescas que digamos...nada del otro mundo. Muy buenas las golosinas a base de miel de caña!
El 20, después de conseguir en el único boliche de surfers (acá!?) un sombrero pa'l sol en reemplazo del que me dejé en BA arranqué para Tafí. Camino tranqui, pasé por Faimallá donde charlé con un chofer desempleado que confirmo todo lo anterior sobre la situación de mierda que se vive por acá. Acampé por donde arranca la cuesta del Mollar, en un lugarcito al lado del río. El lugar el bellísimo por la abundancia de verde que se ve, aunque lamentablemente la basura también abunda, en particular cerca del río. Se ve que es un lugar muy frecuentado por los locales, aunque no cuidan mucho de la limpieza...
La cuesta del Mollar, como dice su nombre, costó! Pura subida, en partes bien empinada, pero de asfalto y sin viento, así que como entrada en calor (que fue bastante con el solazo que pegaba) anduvo bien. Al llegar el parque de los Menhires, se nubló y los cerros quedaron tapados por unas nubes negras que largaban unos truenos infernales. De novela. Lo de los Menhires deja bastante que desear. Por qué los habrán tenido que sacar de sus lugares de origen?
En Tafí me mandé al camping y conseguir lastrar una comida típica fue más que difícil. Por ser temporada alta, todo estaba cerrado. Terminé en un bolichón comiendo un locro (que a decir verdad no era más rico que los de El Ceibo, en Mardel) y viendo a Su Gimenez (ouch!). Es increíble como hay antenas parabólicas para la tele en todos lados, inclusive en ranchitos de adobe que parecen que se estuvieran por venir abajo! Y siempre que caes en un lugar con tele lo mismo: Susana Gimenez, Tinelli y TyC con el fuchi...o sino, Dragon Boludon Z...aghhhh!!! Y ni hablar de pedir que cambien de canal...por cada antena bajan una señal, y tienen 10 televisores enganchados con lo mismo, así que el control se maneja misteriosamente vaya a saber uno de dónde...
Cuando volví al camping había fiesta (o mejor dicho, cumbia a mil) de un grupo de alumnos/as de magisterio de Tucumán que festejaban el día del estudiante. Resignado al ruido por toda la noche me fui a acostar, pero en eso me vinieron a buscar unas chicas interesadas en mi periplo, así que bajo amenaza de tirarme la carpa me uní al grupo y cerveza va, sangría viene, me terminé acostando a las 5,30!! (gracias Marce...).
A pesar de todo, me levanté a las 8,30 y después de comer algo encaré la subida hacia el Abra del Infiernillo, mi primera experiencia a 3000 m. El camino sube suavemente desde Tafí a 1880 m en 20 km, que no hubiera sido muy jodido de no ser por el infernal viento norte que soplaba implacable, haciendo que el avance fuera más que lento...además de la resaca y la falta de sueño. Eso sí, la recompensa fue más que aceptable: bajando hacia Amaicha (ahora con viento a favor!) llegué a levantar 77,7 km/h!!!! hasta el momento mi récord con la bici cargada...y no saben lo que es esquivar baches a esa velocidad! Adenalina pura!!!!
En Amaicha fui al camping (desierto, por supuesto, y con su pileta de rigor, vacía). Palmé temprano, ya que no daba para más...pero los 38 km en bajada fueron una experiencia más que copada...
Al otro día visite el museo Pachamama, con mucho arte de un local, Cruz, que tiene unas obras del carajo (si vieran esos tapices!!), en un lugar que contrasta mucho con las construcciones humildes del resto del pueblo. Un emprendimiento de aquellos.
Después arranqué para las ruinas de los Quilmes. Como venía medio palmado, decidí quedarme a pasar la noche ahí, así que pedí permiso y tiré la carpa en lo que en un futuro será parte del museo. Caminar por esas ruinas (reconstruidas) tiene una mística muy especial. Al subir a las fortalezas sobre la ladera del cerro se comprende cómo estos tipos repelieron a los gallegos por 130 años. La vista y el dominio que se tiene de los valles desde ahí es impresionante! Todo en un marco reinado por cardones inmensos, en los que el viento produce un sonido muy particular al soplar con su habitual intensidad...No les digo lo especial que fue apreciar esas ruinas solari a la noche, con una luna llena espectacular...
De ahí, directo a Cafayate. De nuevo con el viento Norte en contra (que suele arrancar entre las 10 y el 1/2 día, y no para hasta la noche) y los famosos rechupes del camino (subidas y bajadas del camino), como para cansarse una poca, viste? Paré en el Camping Lorohuasi, muy lindo y verde y me fuí a recorrer las bodegas. Por 15 min. llegué tarde para de Michel Torino (la más imponente), así que me desquité en una antigua y artesanal (La Banda) y en Etchart. Entre las degustaciones y el helado de Torrontés y Cabernet (sí, helado de vino!), quedé un tanto en dope...De vuelta en el camping me encontré con tres ciclistas: una pareja de una francesa y un irlandés, y un australiano. Cené con ellos y justo la pareja venía de cruzar el salar de Uyuni. Así que ví unas fotos espectaculares y me tiraron unos cuantos datos interesantes. Me dijeron que era más recomendable el paso de Jama, por Jujuy, que esta asfaltado del lado chileno hasta la frontera (hay que trepar de los 2440 m de San Pedro de Atacama a 4800 m en 45 ks) y además los paisajes son más impactantes que el paso Sico (mi idea original), y lo más importante, hay suficiente tráfico como para conseguir agua o ayuda en caso de un eventual problema.
Al día siguiente comenzó la travesía por el "ripio". Camino a Angastaco la cosa se puso arenosa...parecía como si anduviera por la playa directamente. No saben las coleadas y trabadas de rueda que tuve! Lo mejor en cuanto a paisajes en los valles Calchaquíes fue por esta parte: cerros de colores intensos, quebradas con formas caprichosas gracias a la erosión de los elementos, ir por una zona totalmente árida y que de repente después de una curva sea un manchón verde gracias a las acequias que aprovechan la poca agua del lugar. Otra cosa impactante es ver los pequeños asentamientos de adobe que uno se cruza en el camino y se pregunta de qué corno vive esta gente? Algunos casos realmente pueden más que el asombro...En el camino pasé por uno de éstos llamado La Merced, donde coincidí con la celebración de la Virgen homónima. Fue algo muy emotivo ver a la gente de la zona abocada a su devoción católica, muy fuerte en toda esta zona. Tendrían que ver las caras de la gente, curtidas por el sol y el viento... y las viejitas tipo pasa de uva!
Después de atravesar una sucesión de quebradas (o sea, subidas y bajadas en medio de la arena) y en particular, la alucinante quebrada de las flechas (porque las rocas parecen puntas de flecha, obviamente), llegué a Angastaco, pueblito famoso por su vino patero, en medio de la nada (como casi todos los demás pueblitos que visitaría después). Ahí conocí al Zoilo López (el famoso don Zoilo!), un viejo fanático antiperonista con el cual charlamos unas largas horas...
La ruta siguió vía Molinos, con una iglesia muy pintoresca, donde se destacaban los tapices que representaban el vía crucis. Ahí paré a almorzar en la plaza (por lo general el lugar más verde del pueblo, y también el más agradable para pasar un rato) y fue muy gracioso como me rodearon los changos del lugar y se limitaron a mirarme como si fuera un bicho raro, sin decir ni mu. De zoo la cosa. Como era temprano seguí hasta Seclantás y ahí aprendí que el "ahicito nomás" y " pura bajada" hay que tomarlos con pinzas. me comí una trepada de 10 km con viento en contra y en la bajada, a 3 km del pueblo pinché con una espina infernal, que atravesó caucho, kevlar y cámara! Igual pude llegar hasta el pueblo, donde rodeado por dos changuitos muy preguntones y toqueteros (de las cosas de la bici, no a mí!) hice las reparaciones del caso en el camping abandonado por el momento. Por lo menos fue gratarola!
De Seclantás hice un breve tramo hasta Cachi, pueblo de dimensiones y urbanismo similar al de Cafayate, con una hostería del ACA a todo trapo y un camping muy verde y acogedor. Pase el día tranquilo, haciendo algunos ajustes en la bici y emparchando el piso, que se me pinchó en algún momento en los Quilmes. Como de costumbre, sol. Tal vez alguna nubecita, pero nada del otro mundo. Visité el museo, que tiene una muy buena recopilación histórica sobre la cultura indígena de los valles y casi consigo internet, pero como no estaba el profesor a cargo, no me dajaron ni mirar las máquinas...
Al otro día rumbié pa' La Poma, aunque en lugar de seguir el camino habitual por Payogasta, seguí el consejo de un camionero que conocí en Amaicha y fui vía Palermo, un pueblito que ni figuraba en mi mapa. Según los locales, así tenía mejores paisajes, me ahorraba unos km y una gran subida. En efecto, los paisajes fueron de novela, con vistas al nevado (no tan nevado) de Cachi, en medio de cardones y cañadones coloridos. Después de Palermo el camino pasó por algunos asentamientos de adobe que en algunos casos eran de un rojo muy intenso. A pesar de no haber mucho viento en contra, la marcha resultó bastante pesada. Llegué a La Poma más que filtrado y conseguí alojamiento en el Albergue Municipal: 5 cuchetas para mí solito...y gratarola! Visité el pueblo viejo, destruído por un terremoto en el 30, que fue dejado como quedó después del siniestro. Es increíble ver como aún la gente más humilde vive ahí. Ya se empiezan a ver las influencias coyas en las vestimentas, en particular de las mujeres...
El 29 empieza el gran desafío de coronar el Abra El Acay. La cosa empieza con el pie izquierdo. Al salir descubro que tengo un rayo roto en la rueda de atrás, que después resultan ser dos! Horita y media perdida, en lugar de salir con el frescor matinal ya arranco con el solazo matador. La idea es llegar a Negra Muerta, unas casas a 13 km de la cima a 4200 m de altura. Las jornadas previas de coqueo se transforman en algo habitual. Dale que va a la coca y el bica, mucha agua y el estómago vacío para zafar del apunamiento, fantasma de esta parte del viaje. El camino es muy malo. Mucha arena, o piedras, o ambas juntas! y siempre en subida. No hay casi un mísero descanso. La marcha se hace muy lenta y cansadora. Hace calor y el sol pega lindo. En muchas partes tengo que empujar la bici ya que no hay agarre posible o las ruedas se hunden en la arena. Paro a cargar agua y veo una imagen surrealista: un paisano bajando con su carriada de burritos cargados de leña. De novela!
Un consejo: si cargan agua, asegúrense de que guardan las botellas de nuevo, y no como yo, que después de trepar 3 km me avivo de que me las dejé al lado del río...Stuff occurs, como diría mi amigo Bruno. Caminata de vuelta (cruzando el río en patas un par de veces) y después a subir de nuevo con las botellas. Bah, en realidad lo hice a propósito porque quería estirar un poco las piernas...a 3800 m de altura!
Unos km después me cruzó en un rancho en el medio del camino con un trailer de vialidad. Es como revivir la 40 en la Patagonia! La chola es muy parca y no le saco mucha onda para quedarme, así que sigo. Los últimos km son eternos y ya se nota la falta de O2. Cada vez que se traba la bici en la arena es como si hubiera corrido 100 m llanos. Tengo que parar a respirar a cada rato! Inclusive caminando se avanza de a 2 metros y tenés que parar a recuperar el aire, que es bastante escaso. Mi primera experiencia por arriba de los 4000 m es agotadora. Finalmente llego a Negra Muerta, donde acampo en medio de unas ruinas al costado del arroyo. Estoy hecho puré y no sé si es apunamineto, cansancio o insolación. Cada movimiento cuesta, aunque no tengo los síntomas del apunamiento, una puntada extraña me jode en la zona del pulmón izquierdo. Será el bobo trabajando a mil?
A la mañana siguiente, cuando estoy por arrancar tengo que hacerle un refuerzo al portaequipajes delantero que se menea peligrosamente. So, de nuevo arranco más tarde de lo previsto. Realmente no se nota que hayan pasado la maquina los de vialidad. El camino empeora metro a metro, y ahora se suma un viento infernal en contra que sopla desde temprano. Algo más podía pasar? Siiiii! Cuando paro a sacar una foto de las nacientes del río Calchaquí, de la nada sale una ráfaga de viento que me tira la bici al carajo por un barranco de 100 m. Me quedo helado diciendo: pará, guacha, pará!!! Después de dar unas tres vueltas se queda retorcida a unos 15 m del camino. Los 15 m más largos de mi vida! Para colmo, además de la fuerte pendiente, el terreno es una arenilla de mierda en la que no hay nada de agarre! Sacar la bici de ahí fue todo un esfuerzo sobrehumano (sí ya se que soy medio animal, pero no es el caso). Por poco me voy con bici y todo al fondo del barranco...Pero gracias a un par de plantas espinosas pude hacer pie, desarmar la bici y de a poco subir todo lentamente....a 4500 m de altura. Otra que apunamiento! Perdí casi dos horas en esa jodita y la verdad que quedé bastante hecho puré...y todavía me quedaban 9 ks para la cumbre!
Demás está decir que la marcha fue muy lenta dadas las condiciones. El km 7 (no me olvido más), me llevó una hora caminando, de a 10 metros y tomando aire...Se empezó a nublar y el vientito era más que fresco. A pesar de que se veía el paso a 3-4 km, parecía una eternidad. A los 4700 m ya me empecé a sentir un poco mareado, y la puntada del costado izquierdo empezaba a preocuparme. Creparía ahí nomás? A pesar de estar tan cerca empecé a considerar el pegar la vuelta. Si hubiera pasado una camioneta no lo hubiera pensado dos veces y me hubiera subido. Pero por ahí no pasa ni el loro! Después de un esfuerzo increíble contra el viento pude llegar a la cima y pedaleando!!! No les puedo explicar la alegría que me dió ver el cartel del Abra y la sorpresa que fue encontrarme un paisano acurrucado atrás de una pirca refugiándose del viento y coqueando. Resultó ser un local de Huancar, cercano a Susques, que en su bici estilo británica destartalada llevaba sus tejidos atados en un cajón de madera tipo frutería hacia Cafayate y Salta a ver si podía sacar unos pesitos. Realmente me impactó charlar con este tipo y ver la realidad abismalmente diferente que vivía respecto a los demás habitantes de ciudad. Compartimos coca, cumplí con el ritual de poner una roca en la apacheta para agradecer a la Pachamama por haber tenido un buen viaje (aunque algo accidentado) y sacamos unas fotos. La recompensa de este esfuerzo fueron las vistas alucinantes del camino, que cada vez que miraba hacia atrás me decía: y yo subí esto??
Con toda la jodita se hizo medio tarde y empecé a bajar a las 17,30. El viento soplaba con una fuerza inusitada ahí arriba y no les cuento el frío que hacia por eso. Me enchufé todo lo que tenía encima y empecé el descenso de 20 km en un camino alucinante, lleno de curvas y contracurvas, en mucho mejor estado que la subida. Así y todo, al no pedalear, el fresco me hacía temblar y tenía unos cuantos síntomas de apunamiento. La bajada fue también cansadora aunque no parezca, por la tensión de no irse al carajo en una curva gracias a los manchones de arena que me hicieron perder el control un par de veces. Igual la consigna era una: bajar!!! Necesito O2!!
Como se me venía la noche, paré en el primer conjunto de casas que ví, que resultó ser un rancho de adobe donde pedí permiso para acampar y pasar la noche. La chola, también parca como las demás que conocí, me dejó quedarme. Los changuitos me miraban escondidos como si fuera un bicharraco raro, con mis pilchas de ciclista y armando campamento...Tendrían que ver como vive esta gente!!! No se de donde, pero me trajo un balde con agua y así pasé la noche, viendo al frente al Nevado del Acay, que tanto esfuerzo me costó y tanta satisfacción me dió (aunque no lo parezca).
Finalmente el viernes 1 de Octubre llegué a San Antonio de los Cobres. Pueblo feo si los hay. Las casas de adobe parecen caerse a pedazos, no hay nada verde, sopla viento y tierra por todos lados...bastante deprimente. Así y todo encontré un alojamiento muy piola, con buen ambiente y me instalé. Día tranquilo, de limpieza de ropa, arreglo del piso (tenía una segunda pinchadura el guacho!) y de siestita. Por primera vez en tres días morfo como se debe, ya que a esta altura del partido el apuntamiento me importa un joraca. Después de las dos hamburguesas completas (a sólo $ 1 cada una!!) palmo.
A la noche caen unos turistas que llegaron en el tren a Socompa. Tres de rosario, una porteña y una pareja de franceses. Me engancho con ellos y después de comer llegan los amigos de la chica del hostal y se arma una guitarreada de aquellas, con zambas, chamamés, chacareras y carnavalitos a granel! La pasamos de 10 cantando y bailando hasta las 3 de la mañana...y los locales siguen hasta las 6.
El sábado me prendo con los muchachos hasta el viaducto La Polvorilla, a ver la llegada del tren turístico. Es un show observar a los locales preparar sus puestos y ni hablar cuando llega el tren. Los de adentro filmando y sacando fotos como si fueran animales de zoo, y los locales viendo desde una perspectiva similar a la gringada del tren. Creo que fue la mejor forma de conocerlo.
Me despido de los muchachos que se vuelven a Salta en los remises y yo consigo permiso y me subo al tren hasta San Antonio. Pablo, el que me deja subir, resultó tener en su casa a una pareja de sanjuaninos amigos que están dando la vuelta a la Argentina en bici, así que al toque consigo alojamiento en Salta. De diez...
El domingo arranco temprano hacia las Salinas Grandes de Jujuy. El camino arranca espectacular, sólido y sin viento. Pero a medida de que pasan los km se pone más arenoso, hasta que a los 70 km es imposible avanzar. El camino se torna espantoso después de cruzar a Jujuy. Luego de remar en la arena haciendo mucha fuerza llego a tres Morros, un caserío de adobe donde sentado en un neumático viejo y a la sombra de un rancho como algo. A pesar de estar cansado, decido continuar hasta Saladillo, a 15 km de ahí. La vista de las salinas con su blancura es muy impactante, a pesar de estar un tanto alejadas del camino. Lo que será el salar de Uyuni, no??
Al final, después de 110 km de arena y 7 horas y 1/2 de andar llego desecho a Saladillo, un caserío donde los tipos están con un pedo atroz por un festejo político que tuvieron. Chiche. Me escabullo por ahí y armo campamento.
Al día siguiente encaro una subida de 500 m de desnivel para llegar hasta los 4180 m y después bajar a Purmamarca. Por suerte el camino se consolida y se puede rodar bien. Al llegar arriba tengo una visión de película, con las nubes por debajo de los picos, como algodón. La bajada arranca normal, y a los 5 km veo la cuesta del Lipán: un retorcijón infernal del camino en un zig zag alucinante que se interna en el valle. No puedo creer lo que voy a bajar. Son 30 km sin parar en descenso!! Igual, siempre hay algo que jode y esta vez es el helado viento que remonta el valle y me corta en dos. Que frío, hermano!!! Bajo tiritando y parando de tanto en tanto para recobrar la sensibilidad de los dedos! Brrrr! Los cerros toman unas formas espectaculares y ni hablar de los colores que se empiezan a ver. A veces hasta el camino se pone verde intenso o rojo furioso. Un placer para la vista.
Lo primero en Purmamarca es una ducha caliente. Como hace tanto frío (y no es joda, hace más frío que en La Puna) los artesanos vuelan temprano y parece un pueblito fantasma. Definitivamente (y después de haber visto el camino del paso Sico) voy a volver por el Paso Jama para hacer este alucinante descenso de nuevo y ver esta policromía espectacular!
De Purmamarca hice un breve tramo a Tilcara, con la espectacular Paleta del Pintor en las inmediaciones de Maimará. Rastreé a la madre de Soledad, amiga de Romina, para zafar alojamiento y estar con gente conocida. Visité el museo, bastante completo, y el Pucará de Tilcara, demasiado y dudosamente reconstruido. Pasé la noche en la casa de Taty, otra artesana del lugar, en un ranchito de adobe minúsculo arreglado con muy buen gusto. Copado lugar en medio de un bosquecito al lado del cementerio...
El camino a Humahuaca, para variar, se vió un tanto perturbado por los vientos. Siempre en subida y con viento en contra!! Definitivamente la próxima voy a ir al revés!!!
En Humahuaca me quede en un albergue de unos amigos de Marta, en el cual no había nadie, pero como estaba todo abierto, pase y me serví...muy de tránsfuga la cosa...En el pueblo me encontré con Pablo, el del tren a las nubes (que chiquito es el mundo), así que confirmé mi pasada por Salta a su casa. La parte céntrica es muy colonial y, como en el resto de los lugares que visité, no existen los mercados, sino que hay despensas, a veces solo identificables cuando uno pasa por delante de la puerta...Mucha actividad política (más que molesta, por cierto), con sus parlantes a mil y haciendo proselitismo furioso en lugares donde uno se pregunta para qué tanto bardo si hay tan pocos votantes y recursos, no? Me tocó una época muy particular para viajar...
La ruta a Abra Pampa por suerte está recientemente asfaltada y la trepada a La Puna, que antes era a través del cerro Azul Pampa con una cuesta infernal de ripio, ahora es más suave y lo rodea. Eso no quita que resultara una subida constante de 63 km hasta 3 Cruces (pueblo netamente gendarmeril), con un viento muy fuerte en contra. Antes de llegar a 3 Cruces se pasa por el Espinazo del Diablo, una formación rocosa en forma de arcos policromáticos que descansa la vista. Los últimos 28 km a Abra ya fueron sin viento (!!) y con una suave pendiente a favor. Un lujo!! El único detalles es que como el asfalto no está habilitado al tránsito, cada tanto tenía que sortear los inmensos montículos de tierra que cortaban el camino para que no se metan los autos...algunos fáciles de pasar y otros no tanto...
En Abra Pampa enganché la celebración de la virgen de Jujuy, patrona del lugar, así que pude presenciar unos rituales con pieles de carnero que no había visto antes. Interesante.
Seguí por la zona más difícil, es decir, por Pozuelos, para poder ver la laguna y sus flamencos. Para eso tuve que atravesar un cordón de sierras que costo bastante y finalmente terminé en el galpón de herramientas de la escuela de Pozuelos, a unos 6 km del espejo de agua, el primero que veo desde el dique de Tafí!
A pesar de parecer un sucucho sucio y feo, había una camita con un colchoncito y la pasé de fiesta en ese lugar. Cuando fuí a la laguna, siguiendo caminos inciertos entre los pinchozales (porque no hay planta que no tenga espinas por ahí), después de vadear el río me encontré con un paisano que en su bici destartalada estaba cuidando su ganado de llamas y ovejas. Como yo andaba medio perdido, se engancho conmigó y me hizo de guía por la laguna y me llevo a un lugar donde pude ver los flamencos, que estaban en el fondo, allá bien lejos. Fue un espectáculo tratar de seguirlo en ese camino blando (se me iba al carajo el guacho) y por senderitos anchos como la rueda de la bici, que solo conocen los locales. Toda una experiencia...
Por fin, el día final camino a La Quiaca. Los primeros 40 km hasta Cieneguillas, pura arena. Y después, a levantar la cuesta de Toquero por un camino lleno de calamina (serruchos, para los locales) y piedra suelta. Encima, la pura bajada que me habían prometido no fue tal, ya que conté 5 subidas pesaditas que a esta altura del partido me dejaron sin gambas.
Finalmente llegué a La Quiaca. Decepcionante en cuanto a las espectativas que me hice sobre el lugar. Viva Ushuaia! Iba a la casa de unos amigos de Marta, pero como no estaban, me derivaron a lo de otros amigos y quedé parando en la casa del candidato a concejal por la Alianza. Y, épocas electorales... Así que como verán, de garrón en garrón zafando un poco aquí y otro allí. El domingo fuimos a Yavi a comer un asadito y pasar el día, y el resto ya lo saben, tren a Uyuni y acá estamos.
Fue muy cómico el tema en la frontera, ya que estuve 4 veces en Villazón antes de tomar el tren. Se cruza para comprar cosas como si fueras al almacén (y es bastante distinto que eso, más bien tipo mercado persa) y el control es casi nulo, en particular del lado Boliviano.
Bueno, gente, los dejo porque me agarro un hambre terrible y ya esto fue demasiado largo (y la cantidad de cosas que no les conté...). No se pueden quejar, no?
Amigos/as, me despido de Uds, y si sobrevivo la experiencia del Salar, calculo que mi próximo contacto será desde Calama, en Chile, en unos 10 días.
Muchas gracias por los mensajes enviados (de dónde corno salieron esos mails de la secretaría del Intema??) y será hasta la próxima!
Un abrazo muy grande,
HAMMERBOY
Qué gusto tiene la sal? - Calama (20/10/99)
Hola la bola! Cómo va? Como verán, yerba mala nunca muere y acá estamos todavía, vivitos y pedaleando...
Realmente lo del salar fue algo de otro planeta, y ni que decir del cruce pa Chile, en medio de salares y un viento del carajo que ni en la patagonia esperaría con tanta fuerza...y en contra, pa variar...
Bueno, paso al breve resumen de noticias, ya que unos moishes (sin carácter discriminatorio, eh!) coparon las dos maquinas que hay acá, y en un rato cierran...
Crónica: luego de salir del agringado Uyuni, tomé rumbo hacia Colchani, la entrada al salar. El camino directamente no existe, ya que es un serrucho continuo de lado a lado, así que después de rebotar como un condenado por un rato, me avivé de que los vehículos circulan por unas huellas paralelas más aceptables. Al este, unas nubes negras descargan su furia en las cumbres cercanas. Al este, la blancura del salar. Arriba mío, sol (como para no perder la costumbre).
Después de pasar por Colchani, de aspecto fantasmal y sombrío ya que no andaba ni el loro por ahí, rumbeo pa'l salar. En la entrada se ven montículos de sal que los tipos levantan a puro pico y pala. Tendrían que ver lo que es ese laburo!! La blancura es enceguecedora, o sea, no veo un catzo. Cambio a las gafas más oscuras. Ahura si, hago ta-te-ti entre las variadas rutas y enfilo para los hoteles de sal (que resultaron ser dos y no uno como yo creía). Rodar por la sal es algo de otro mundo. Parece nieve, pero no es. Todo blanco, y no hace frío. En algunas partes se ven las formas hexagonales que tiene la sal. Es copado pasar por encima de eso y escuchar el crujido de la crosta bajo las ruedas...
A los 7 km llego a los hoteles: todo hecho en sal excepto los techos. Muebles, camas, que están cubiertas con unas mantas de llama super acolchonaditas y confortables. Imposible pasar de largo la oportunidad de pasar una noche acá, así que me instalo como quiero, ya que no hay nadie más que mua. Después cae una pareja de franceses, que están haciendo un libro sobre Bolivia y el salar. Una gente muy interesante con la cual intercambié unas cuantas palabras y por supu, quedé plasmado en sus fotos y hasta una entrevista...y, pa' bichos raros...
A las 5,30 (en Bolivia hay una hora menos que en Argentina) nos levantamos para ver el amanecer. Un espectáculo de luces alucinante.
Ahora se viene lo bueno: 65 km hasta la isla pescado, en el centro del salar. El camino es más que fácil de seguir, ya que la huella está muy bien marcada. Hay que ser ganso para perderse ahí (paren, yo no me perdí...). Por suerte es un tanto grisácea, así que aplaca el reflejo del sol. Igual, cada tanto salgo del camino para sentir el crujido de la sal: único!. Cada tanto hay zonas con baches, o mejor dicho, "ojitos de agua" que a veces son unos buenos buracos, donde se pueden ver como cristalizan los ídem de sal. Igual con la bici son fáciles de evitar.
Acá no cansa tanto el andar, ya que es plano y casi no hay viento, pero el reflejo mata. A los 50 km y sin señales de vida de los tours (hasta ya estaba pensando que había agarrado para cualquier lado) me pongo en medio del camino (sí, literalmente) a lastrar unos sanchigües de salame con maní boliviano (que lujo, no?). No va que me siento y tipo dibujito animado empiezan a aparecer uno atrás de otro los land rover, land cruiser y land lo que sea de los tours, justito por donde estoy yo. Que molestos! Obviamente, que se corran ellos...Lo más cómico es que cuando volví a andar, no pasó ni uno más.
A los 15 km llego a la isla y me encuentro con toda la gringada. Por suerte ya se están por irse a seguir con su viaje a las lagunas. La isla es algo espectacular: pencas a rolete, pajaritos amarillos tipo gorriones por todos lados, dos llamas (Betti y Sergio), vizcachas (para mí conejos de orejas cortas y cola larga) y hasta un águila amaestrada (Lucho). También hay un refugio donde por dos mangos te tirás en un colchón y se puede comprar comida y agua. Definitivamente, nada que ver con lo que me esperaba. Además, la isla no se llama Pescado, sino que es Inkahuasi (casa del inca). Asombrosamente está mal nombrada en todos lados: mapas, postales, agencias de turismo...y eso no le hace mucha gracia a Don Alfredo, el cuidador del lugar. En realidad la Pescado esta a 22 km más al Oeste y no tiene más que ratones y 4 pencas.
Huyendo de la turba me instalo con la carpa a la vuelta, sobre la sal. Es más dura que el joraca, así que cuesta un poco armar la casa, pero el hammer se las banca! Es muy curioso limpiar la carpa y sacar sal en vez de arena o tierra. Realmente toda una experiencia. Enfrente tengo una espléndida vista del volcán Tunupa.
Me hago un tour por los caminos de la isla, junto a unos franchutes que caen tarde para quedarse. Igual no molestan. Las vistas desde ahí arriba son soberbias! Espero que las fotos hagan justicia a esas imágenes...
Al caer el sol, y tal como me había dicho Udo, se prende el ventilador y el viento mata. Para colmo, me agarra la carpa de coté y parece que se fuera a volar a la mierda! Realmente no sé como no se partieron las varillas de fibra...hasta tuve que cocinar abajo del abside, tapando los recovecos del viento como podía para que no se apagara el calentador. Igual, la noche en el salar es magnífica. Aunque la luna está en cuarto creciente y es pequeña, su reflejo en la sal da una claridad que alumbra todo con una atmósfera muy difícil de explicar.
Amanece y hace frío. Los atardeceres y las salidas del sol son algo de novela por acá.
Rumbeo por una huella bien marcada hacia el sudeste, camino a tierra firme. La jeta agradecida...(tomate es poco, y eso que uso factor 45!). Los últimos 10 km la huella se pierde y se pone todo blanco. Más enceguecedor imposible. Pareciera como si hubiera llovido, ya que esta húmedo el asunto. De a poco se pone "saleroso", o sea, con sal suelta, lo que hace que las ruedas se entierren y derrape de lo lindo. Alucinante!!!
Al rato veo un terraplén que me conduce sobre un mar de sal a Puerto Chuvica, una casita en tierra firme, donde hay agua y algo de comida. Específicamente, un sánguche de huevo frito. Y bueh, peor es nada. Lo más cómico es que le pregunto a la señora: tiene sal?...a mí solo se me ocurre en ese lugar, no?
El camino hacia Colcha K es bastante malo, en particular los últimos 10 km, que son de arena pura. Al llegar veo que es un cuartel militar y que el pueblo está a 2 km más adentro, so, decido seguir ya que a 5 km esta Mañica un pintoresco pueblito de 300 habitantes donde por 3 mangos consigo una pieza de 6 camas sólo para mí. Paraíso de ciclistas! Ahí tengo mi tercer encuentro con una vinchuca, mientras lavaba las ollas. Esta feneció ahogada. (las otras dos fueron en Tilcara, muerte por presión, y en Pozuelos, deceso por Raid...que casi me mata a mi también de la cantidad que eché...).
Al día siguiente y después de desayunar doble, ya que unos turistas franceses me invitaron cuando me iba (son plaga los franchutes!), arranqué para Chiguana, último bastión Boliviano. Al principio en el camino todo bien, hasta que después de 10 km vira y el vientito se pone en contra. Mucha arena, pero igual se banca. En San Juan (a 23 km de Mañica, lugar de reposte de todos los tours por el salar) no hay naides. Claro, sábado al medio día, a mí solo se me ocurre...Igual consigo agua y alguna basura para el estómago y sigo. Ahí nomás me interno en un salar que no esperaba ver ya que no esta en los mapas. Es distinto al de Uyuni, ya que es una mezcla con tierra y forma una crosta marronácea. El viento se pone bravo. Es más, me cuelgo viendo los twisters que se forman en la tierra. Breves pero muy impresionantes...ya había visto algunos camino a Abra Pampa y en Pozuelos, pero no tan estilizados y definidos como estos. La tortura comienza. El viento no para y se torna imposible. A duras penas puedo ir a 6-8 km/h y el camino es plano!!! No se puede creer. Estoy en medio de una inmensa planicie de sal y no se ve nada al frente. Las huellas se cruzan como un laberinto y el camino se pierde fácil. Por lo menos el Volcán Ollagüe sirve de referencia. En una parada a comer, al "reparo" en un montículo de sal, el viento me hace crepar el pie de la bici. Lástima, ya que era muy útil, en particular para sacar fotos...
Cuando ya estaba algo preocupado por mi lento avance y la idea de estar perdido en medio de la nada, pasan un par de jeeps y me dicen que solo faltan 8 km para Chiguana. En efecto, al rato diviso las construcciones, pero me lleva casi 2 hs llegar por efectos del viento...ahhhhhh!!!!! Apaguen el ventilador!!!
Chiguana es un cuartel militar semi derruido con 10 conscriptos y un sargento gordito y chantún. Hay ruinas del antiguo pueblo y la estación de tren está clausurada. Consigo alojarme en una de las construcciones ovoides, o sea, tengo piso y techo, aunque los vidrios rotos hacen que a la noche entre un fresquete de aquellos...Ah, el portaequipajes delantero se partió y desoldó en dos partes, así que como buen argentino, con alambre y tape lo dejamos como nuevo...
Al otro día arranco tempranelli. Después de 33 km de arena y camino volcánico (o sea, piedras que salen irregularmente en el camino, un tanto molestas para andar), llego a Avaroa, la estación fronteriza en Bolivia. Es muy pintoresco el Hito Boliviano: 6 vagones derruidos en una vía lateral. A 5 km está Ollagüe. El viento ya mata (y no para hasta bien entrada la madrugada...) y como es domingo al medio día, el paso por la aduana es muy sencillo. Me preguntan si llevo coca, y entrego los restos secos de la que usé en Argentina...pero ni mu de los 300 g que tengo de Bolivia...o se pensaban que me iba a quedar sin coca para el Paso de Jama??
En Ollagüe sólo hay dos callecitas al costado de las vías del tren, una "despensa" bien precaria y un hostal muy básico, pero suficiente. Descanso al reparo del viento de la palma de ayer.
Como para no sufrir de nuevo, arranco apenas clarea a las 6,30. Hace frío. Específicamente, -8 C!! El agua de la caramañola se congela. Brrrrrrr!!!!! Tengo 7 capas de pilchas encima. Parezco un oso polar sobre ruedas (sí, de circo)...
El camino trepa suavemente y baja al salar de Carcote. Unas vistas espectaculares, en particular de la fumarola del Ollagüe, bien nítida. El Volcán Aucanquilcha, la mina de azufre más alta del mundo, a 5800 m, también impone su presencia. Se rodea el salar (esta vez bien blanquito) y se viene la cuesta San Martín: 5 km en trepada de faldeo, que me hacen acordar al paso Garibaldi, en Tierra del Fuego, lo único que en lugar de lagos y árboles, se ve el salar. Ni que hablar del panorama desde la cima...
Al doblar bajo al salar de Ascotán, realmente una maravilla de la naturaleza! Esta encerrado por volcanes y montañas, con espejos de agua donde veo flamencos, ahora al alcance del ojo y no tan lejos como en Pozuelos. Ver el vuelo de una camada, manada, flota? de estos bichos es un show único e imborrable. Las vicuñas huyen ante mi paso, corriendo a la par mío. Otro flash!. Los colores y las formas de este sitio son más que preciosas....
A los 50 km llego a Cebollar, la estación de tren. Ahí me entero de que ahí extraen mineral de Bórax, y veo todas las etapas del procesamiento del material. Muy interesante. Tendrían que ver el laboratorio de los quías!
Sigo la marcha y paro a almorzar algo. El Ollagüe me revela una faceta antes escondida: una terrible pared de hielo que impacta en su visión!
Continúo y para cortar camino me meto en las huellas de los camiones que cruzan el salar. Espectacular las pilas de sal y los ojos de agua verde esmeralda que se forman. También acá le dan al pico y a la pala...ufff!
Todo venía idílicamente bien. Pero las cosas buenas duran poco: viento y del peor me hace los últimos 15 km muy difíciles. Se forman tornados, y uno me pasa por encima!!! Dura poco, pero la lluvia de piedritas me lija la cara! Impresionante!
Los últimos 5 km hasta Ascotán, el retén de carabineros, son un parto: subí de 3600 a casi 4000 m con viento bien en contra! Me llevó más de una hora y media y me consumió hasta la ultima gota de energía. Muy pintoresco el paisaje, rodeado de campos minados...
En Ascotán no hay estación de tren, sólo el retén, así que después de un poco de franeleo y aguantar unos cuantos chistes sobre soberanía, consigo techo y de paso morfi (aunque la Once es algo escaso para mi gusto...).
Según los quías, más abajo el viento no sopla tanto, así que después de quedarme apoliyado, arranco 8,30. El camino es calamina pura. Parece como si estuviera en una batidora! Y sino, arena, que hace la marcha muy pesada. A rato de salir me avivo de que perdí en el mambo a Felipe, el demonio de Tasmania de peluche que llevo como mascota. Así que pierdo 1 hora caminando en su búsqueda, totalmente en vano. Al final, cuando estoy de vuelta y más que descorazonado, lo encuentro a 200 m de la bici!!...sólo a mí me pasan estas cosas, no? Y pagaría con sangre esta perdida de tiempo, ya que a las 12,40, algo temprano la verdad, el viento empieza a soplar y no tiene nada de suave. Los 50 km hasta Chiu-Chiu por el desierto de Atacama fueron espeluznantemente agotadores, y eso que el camino va casi siempre (no siempre) en bajada...pero los serruchos y la arena matan!
A las 18 llego y consigo albergarme en la parroquia (hay un solo hotel y pinta caro). No saben el bulo que tienen los curas acá! Jardines, cultivos y los cuartitos de claustro...todo un lujo y gratarola...Amén! Y hasta una ducha caliente, cosa que desde Uyuni no probaba...
Hoy luego de recorrer deliciosos 35 km por asfalto llegué a Calama. Civilización! Ciudad con todos los chiches, mucha juventud (por primera vez en mucho tiempo veo mujeres de tez clara, bah, minones!) y me puedo avocar a mis vicios chilenos preferidos: leche chocolatada Colun, helados Savory y comidas con entrada, dos platos y postre por tres mangos! Viva Chile, huevón!
Bueno, lamentablemente tengo que dejarlos. Tengo muchas cosas en el tintero, como el compendio intitulado "How to shit in the salar", que merece un capítulo aparte. Me espera San Pedro de Atacama y el Paso de Jama, nada despreciable por lo que me han dicho...Supongo que la próxima entrega será en el ocaso del viaje, en Jujuy o Salta. Ahora los dejo ya que voy a satisfacer otro de mis vicios yendo al cine a ver Instinto (y, hoy es miércoles...).
Será hasta la próxima, abrazos y besos per tuti y se agradecen mucho los mensajes recibidos.
Adió!!!
HAMMERBOY
Lo que me costó el Paso de Jama... - Salta (2/11/99)
Hola todos/as!!!! Cómo va? Aquí el Hammerboy desde la UNSa, en Salta la Linda. De vuelta en mi patria querida después de un cruce de los Andes plagado de paisajes alucinantes, muuuuy poco oxígeno y lleno de desperfectos técnicos. La bici esta compuesta en un 70 % de alambre y cinta tape por estos momentos...
Ahora estoy en una super computadora de la facu, a la que hay que darle cuerda para que funcione su arcaico Win 3.1 y adivinando las letras en el teclado (Argentina potencia!!!). A escasas 2 horas de tomar el bondi para retornar al terruño, tendré que ser breve y supongo que la versión completa de estos días será entregada una vez reinsertado en la sociedad (si es que eso tiene un mínimo de probabilidad de ocurrir...).
Por lo pronto y mientras pueda les cuento algo:
Los dejé en Calama la última vez. Lo que no les dije es que al llegar se me partió el portaequipajes trasero, tal cual como cuando fuí pa' Ushuaia. Por lo menos la experiencia previa facilitó el "lo atamo con alambre". Y ahí me enteré que me podría haber evitado los últimos "ass killer" kilómetros de ripio en calamina y arena si me hubieran comentado de un nuevo camino asfaltado de una empresa minera que corría a tan solo unos km paralelo al mío. Cosas que pasan, no? (carabineros guachos, me podrían haber dicho algo...).
Bueno, de Calama arranqué para San Pedro de Atacama. Son unos 62 km (y no 54 como me dijeron!) de subida pareja y constante, en una recta interminable que da la sensación de que uno baja, pero el peso de la bici y el altímetro te dicen lo contrario. El paisaje es bien desértico, con mucha arena y algunas formaciones particularmente erosionadas y agradables para despejar la mente. Lo bueno viene después del cruce del paso: aparecen los Andes, con al Volcán Licancabur al dofón, sitio de cruce, que asusta un poco de ver el caminito que después voy a trepar. Y empiezan a verse los carteles que más adoro en Chile: Enganche primera, pendiente muy fuerte, revise los frenos. Sí, se imaginaran lo que es la bajadita! Además, se ve la cordillera de la sal y el Valle de la Luna, con unas formas espectaculares. En esa serie de bajadas llegué a pasar los 70 km/h en 4 ocasiones y superé mi récord con 77,8 Km/h, truncados por una curva molesta. El viento soplaba a 10 mil, y cuando te cachetea de costado los nervios se tensan como piedra!
Al llegar abajo fue como si abrieran el horno: el viento se puso hirviente, machucando la piel. Los últimos km antes de San Pedro están coronados por unas formaciones tipo espinazo de monstruo de lago Ness (fa, qué puético que estoy!), muy impactantes. Así la palma se olvida y las gambas marchan solas.
San Pedro es un pueblito muy pintoresco que de chileno no tiene nada. Está inventado para los Gringos y sólo hay cosas relacionadas con el turismo. Y así son los precios infames y me costó un ovo conseguir un lugar para parar solo. Me querían cobrar por una habitación doble los guachos!
Ahí en una despensa tuve el primer encuentro cercano con un ciclista: Jonas, un suizo que viene desde Alaska y con quien luego nos cruzamos y seguimos juntos estos 10 días. Ahora está adaptado a nuestros pagos y la verdad que es casi un argentino más. Nos matamos de risa en estos días y la cosa se hizo más amena.
Al día siguiente fue una jornada de "descanso": arranqué a las 4 de la matina para ir en un tour (sí, ya sé, pero es la única forma de ir) a los Geisers de El Tatio. Lamentablemente la mañana estaba atípicamente nublada, así que la actividad geotérmica fue menor de lo normal, pero para un neófito como yo fue más que suficiente. Lo mejor vino después, cuando con un español nos mandamos a la pileta de aguas termales...a 4300 m de altura y con un ofri de aquellos; a las 8,30 nos pegamos un buen baño (cosa que tenia un tanto olvidada ya) en esas cálidas aguas sulfurosas. Es más, tan felices se nos veía, que de a poco se fue metiendo más gente hasta que parecía una sopa. Lo más pintoresco fueron las germies-cola-caída que después se atrevieron y su posterior cambiada: muy europeo, en tarlipes sin calentarles un joraca.
Al medio día volvimos al town y después de una gira cultural por el museo, salí para la excursión al Valle de la Luna. Me encontré de nuevo con una pareja de Chilenos que conocí en los Geisers y había 4 veteranas cotorras que hicieron la excursión muy entretenida. En particular porque pasé de ser "el argentinito", con aire de porteño despectivo, al "el argentino simpático", luego de aclararles las diferencias con mis vecinos de la provincia. Mucho viento, tanto que los Andes no se veían de la tierra que volaba!!! Y mañana yo rumbearía para allá...
Hasta me pesqué gracias a la buena onda del guía con otros vagos e hice sandboarding en unas dunas en el Valle de la Muerte. Muy copado...y se imaginan hasta donde quedé de arena (en particular los que conocen mis "habilidades" para estas cuestiones)....definitivamente les dejé bien en claro a los chilenos mi naturaleza mental...Un día "relajado", como quien dice...
El 23 arrancó el último delirio del Paso de Jama. Salí con muchas versiones, una más contradictoria que la otra, así que no sabia muy bien lo que me esperaba. La gente no tiene idea de distancias y pendientes. Simplemente todo es "ahicito nomás", "sólo quedan un par de km más de subida y después es puuura bajada". Ja!, la paradoja de la bajada ascendente, como lo bautizamos con Jonas. Igual que "excelente estado del camino" significa serruchos por todos lados, arena y traste a la miseria...
La cosa fue simple, después de 14 km de subida "normal", empieza la verdadera cuesta, que es casi recta y con una pendiente que trepa unos 80 m de desnivel por km!!! De terror! En 40 km, de los cuales 26 fueron en plano inclinado, trepé de 2440 m a 4400 m!! Chilenos locos... Encima, la bici estaba cargada hasta el joraca, ya que iba con morfi para 7 días y 11 lts de agua. Creo que no les dije, pero al viajar en tren pesé la bici y sin agua y comida a medias el peso era de 61 kg. Así que de San Pedro debo haber arrancado con 75 kg encima...y yo que soy livianito...saquen sus propias conclusiones. O más fácil: cuesta un huevo y medio mover semejante mole con esa pendiente!!!
Destruido y desmoralizado al ver que los 2 km se extendían bastante más, paré al reparo de una roca para pasar la noche y no desaparecer arrastrado por el viento infernal y helado. Porque se nubló y a las 20 ya hacían -1 C. Fresco pa' calza calada...En la noche la temperatura en la carpa cayó a -5 C. El agua totalmente congelada (excepto la que tuve la precaución de poner entre las pilchas, con un touch de sobaquex, fragancia salvaje...).
A la mañana siguiente (después de la salida del sol, sino te congelás con los - 9 C), arranqué y remonté los últimos 5 km hasta los casi 4800 m. Ahí me encontré con Jonas-Juan, que con un par de chicas Canadienses (tonto el vago) habían ido a escalar el Volcán vecino al Licancabur.
Es destacable que el 90 % del trafico que se ve por ese camino es debido a las caravanas de contrabandistas que llevan autos chinos de Chile a Bolivia. Se ven unos 60 por día!
Después de una gélida espera pudimos fletar a las chicas pa San Pedro (una muy apestada) y seguimos viaje juntos. El camino se mantiene en un Alti-alti plano que oscila entre los 4600 y 4800 m de altura todo el tiempo. Así que se imaginaran que no es muy fácil mantener una conversación coherente con la falta de O2. Los paisajes son alucinantes: montañas de colores contrastando con la aridez de la arena y las rocas, de repente un salar y un curso de agua con pastos (o lo que corno sean) de un verde claro intenso y ojos de agua turquesa. Un espectáculo pa la vista...
El viento ayuda y el asfalto libre de trafico (aunque los camiones paraguayos son unos bastardos y no paran un cachito su marcha infernal) hacen que el andar sea más que agradable, aunque la falta de aire te dejan muerto en la subidita más chiquita.
Bueno, se me va a ir el bondi, y estoy parando en un barrio de las afueras a 15 km del centro, así que debo emprender la retirada. Quedarán para después las anécdotas vividas con el Jonas, a quien le estoy empezando a machacar algunas de mis fallas técnicas (yeta, bah), ya que desde que me junté con él, partí un rayo, se me rompió el asiento (si, toda una historia, en la que puedo decir que soy macho, ya que probé por 70 km de arena y calamina y no me gustó!), se partió la otra pata del portaequipajes (pero más feo, así que tuve que "entablillarlo" con 2 llaves allen), la máquina de fotos decidió arbitrariamente no funcionar más (así que ando con una de esas cajitas huecas con un resorte) y la computadora se rebeló ante la lluvia (sí!, agua!!!, camino a Jujuy) y me sacó unos km de mi haber.
El quía ya toma mate, come mantecol con dulce de leche, tuvo clases prácticas de como en Argentina todo se arregla con alambre y sabe lo que quiero decir cuando le digo "esperá que me hecho un cloro" y otras delicias de nuestro "castellano". Ya tendrán oportunidad de conocer a este suizo muy latino por Marzo, cuando pase por Mardel (si, ya sé, esto es para los que están en Mardel...).
Para quienes les pueda interesar por la proximidad geográfica, mañana miércoles a eso de las 15 me estoy bajando del bondi en el cruce de la ruta 2 (Aquasol), para armar la bici y llegar rodando por la ruta 11 desde Santa Clara a mi MDQ respirando un poco de mar a eso de las 17 (aprox). Espero verlos, un abrazo muy grande, besos varios y no se preocupen que ya llegará la versión de los últimos días de este viajecito con alguna que otra acotación al pie...
Se agradecen los mansajes recibidos (serán contestados in situ) y nos estamos viendo (esta vez tet a tet, al menos en algunos casos...).
HAMMERBOY (todavía vivito y rodando...)
Lo que me costó el Paso de Jama - 2da. Parte...y algo más - Mar del Plata (9/11/99)
Hola a todos/as!! Aquí el Hammerboy desde el nivel del mar y rebosante de oxígeno cumpliendo con la última entrega de los acontecimientos vividos durante este viajecito recientemente terminado.
Los había dejado en el Alti-alti plano Chileno, cuando me encontré con Jonas, el ciclista suizo. Después de rodar por unas horas en un asfalto en excelente estado y poco transitado, o sea, un placer para pedalear, llegamos al km 90 de la ruta del Paso de Jama, donde el asfalto desaparece y arranca otra vez un camino arenoso y pesado, obra de la corrupción de la empresa que tenía que terminar de asfaltar el tramo (sí, en Chile también pasan estas cosas...). Para colmo, en subida. Definitivamente opté por no charlar más en esas ocasiones ya que la falta de aire no te permite más de una actividad a la vez: o hablás o avanzás. Sino empiezan a verse duendecitos y bichejos del estilo, supongo que imaginarios...
Luego de 6 infames km llegamos al campamento de vialidad que me habian dicho que andaba por ahí, aunque no me habían aclarado que estaba totalmente abandonado. Sí, y no sólo las construcciones de las viviendas, sino que también los camiones y las máquinas para el camino. Como si una peste hubiera erradicado a la gente, onda pelicula de terror...pero seguramente fue por una estafa de aquellas. Ante la soledad reinante, el viento soplando fuerte y cada vez más fresco (3 C a las 18) y la noche que se nos venía encima, nos instalamos en un habitáculo de cartón al reparo del ventarral. Es más, para calentar el ambiente, hicimos un fueguito con los planos y las maderas que usan para marcar el camino, muy cálido y acogedor. Lástima que por la falta de O2 a los casi 4800 m en los que estábamos (porque de humedad la madera no tenía nada, si ahí es más seco que el carajo), la cosa empezó a despedir un humo que casi nos asfixia...y bueh, no se puede pedir todo , no?
La noche fue más que fresca, con - 6 C dentro de la casetita. Después de un buen desayuno con bomba atómica (avena, azúcar -casi en iguales proporciones-, leche, canela, chocolate, nueces, pasas de uva, maní y agua hasta darle la consistencia deseada) y unos tés calentitos arrancamos camino a la frontera. Luego de subir otros 4 km, el paisaje nos regaló unas vistas impresionantes: bajada acompañada por unas formaciones rocosas muy locas, caprichosamente erosionadas, con un salar de fondo y piedras que como monolitos aislados surgen en la nada. Cómo corno se erosionó todo y quedó solamente eso??
El camino sigue su bajada empecinada hasta que bordea el salar de Tiara. Su blancura contrasta con el azul esmeralda de las aguas que se ven en algunas partes, reflejando las montañas en un espejo maravilloso. Volvemos al asfalto (yupi!). Se sube un poco, vuelve a bajar...puro plano, viste? Con el Jonas le seguimos dando a la charla. El se asombra de cómo subsisten los argentinos con los sueldos que tenemos y los precios de las cosas (y eso que todavía no anduvo por el sur...), y yo me hago mala sangre de saber lo que cobra un docente en Suiza. Las anécdotas de su viaje son más que jugosas, tanto las escalofriantes, como cuando le robaron todo menos la bici en Perú o su experiencia con la gente de Alaska cuando lo sacaron a tiros unos tipos que borrachos se volvieron un tanto hostiles, como las buenas, con calurosos recibimientos en Colombia y las minas que se fue levantando a lo largo de su travesía. Definitivamente me convencí de que hay un solo motivo por el cual hay que hacer este viajecito de Alaska a Ushuaia: para levantar mujeres!!!
Ya un tanto cansados de los subi-baja del camino, encaramos después de rodear el salar de Tiara lo que creíamos era la última subida antes de bajar el Paso de Jama. A pesar de no estar a más de 4400 m, todavía cansa la falta de O2 en las subidas. El viento a favor y la suave pendiente en bajada hacen que los últimos 10 km hasta el limite fronterizo sean muy placenteros, con vistas de un suelo rajado por la sequedad de la zona. Son curiosos los miradores que tiene la Conaf (Comisión Nacional Forestal de Chile, como los parques Nacionales de acá), que están construidos en piedra formando unos círculos inmensos con bancos por doquier, en el medio de la nada! Un derroche de plata total, pero que para un ciclista con el pingo agotado pueden ser el paraíso hecho realidad para zafar de los vientos...
En la frontera el asfalto se interrumpe abruptamente y luego de 5 km en una polvorienta bajada a los tumbos (bienvenido a Argentina, primer mundo) llegamos al puesto de gendarmería. Leluya! Después de franelear un poco y de enterarme de los sucesos de las urnas (los quías no estaban muy alegres que digamos con el triunfo de De la Rúa), nos ganamos su confianza y al rato estábamos metidos en un desafío al ping-pong (deporte ineludible en estos lugares fronterizos) donde por supuesto nos cagaron a pelotazos, y no justamente por las habilidades de Jonas...así que después se quedó él con otro gendarme (el más fanático por lo visto), peloteando hasta la caída de la noche. Noche que nos regaló una luna llena impresionante que iluminaba todo sin necesidad de linterna. Si no fuera por el fresquete, daba para quedarse boquiabierto contemplando la contraparte de febo. Fíjense si caímos bien a los muchachos, que nos invitaron con unas pizzas espectaculares (en particular para un par de muertos de hambre como nosotros, un tanto cansados de la pasta) y siii, vimos el programa de Tinelli!! Infaltable allí donde haya una antena satelital...
Y como broche de oro, nos tiraron un par de colchones como para poder recuperar los huesos más confortablemente que de costumbre. Viva la patria carajo!
A la mañana les usamos la cocina, y ya un tanto confianzudos, les tomamos el café y alguna que otra cosilla para acompañar la super pesada mezcla de sémola que preparó Juan y que generó toda clase de sonidos onomatopéyicos del estilo de Puajjjj!! por parte de los milicos.
Ante la pregunta de cómo estaba el camino hasta Susques (unos 130 km de ripio), la respuesta fue: "excelente estado del camino. Hace menos de una semana que pasó la máquina"; "es puuura bajada. No hay ninguna subida". Queridos amigos, a menos que los datos vengan de otros ciclistas, desconfíen. Por lo visto los muchachos hacía mucho que no recorrían la zona, porque el excelente resulto ser bastante pobre, como para menos de 4, y la bajada, qué bajada!? El camino se la pasó subiendo suavemente sin parar, y de los tumbos de los serruchos, a los 6 km un "cric" anunció la muerte de mi asiento. Se imaginaran la cara que puse al ver que debajo de mis nalgas sólo tenía la vela del asiento (no, no fue cara de placer, sino de asombro). Simplemente no lo podía creer! A mí solo me pasan estas cosas...Obviamente, gracias a mi naturaleza Argentina (vamos carajo!), cazamo alambre y le hice a Jonas una pequeña demostración de cómo zafar las vicisitudes de la vida con un poco de maña. El único detalle fue que al hacer el arreglo no me avivé de mantener el paralelismo del asiento con el cuadro, así que quedó firme pero con un ángulo demasiado erótico para mi gusto. Como no daba para desarmar todo y perder otra hora, decidí seguir improvisando un asiento con los buzos que tenía. Debo decir que no fueron los 70 km más cómodos que hice. La cosa era como pedalear en un asiento de gelatina, y por los sacudones del camino, cada tanto tenía que parar a arreglar el engendro o sucumbir ante la dicha de pasarme al otro bando. Por eso y para despejar toda duda: soy macho, probé y no me gusto...Me tendrían que haber visto después, largando unas carcajadas impresionantes ya que la sola idea de lo que me había pasado me causaba mucha gracia. A la gente normal eso no le pasa...
Después del puesto de gendarmería, el camino costea las Salinas de Jama, donde pudimos ver algunos flamencos (al fin, ya que del lado chileno no quedaba ni uno!). Un tanto pesado por el viento de costado, después de unos 35 km llegamos al cordón montañoso del fondo, donde el camino dobla hacia el noreste, facilitando las cosas. El paisaje es precioso, con unos cerros que parecen cortar el paso constantemente, pero siempre a último momento aparece una quebrada por donde pasa el camino y te hace zafar de una trepada agotadora. Por esos momentos nos cruza un auto con un cordobés simpaticón, que nos cuenta que atrás nuestro venia una pareja de alemanes. Jonas los conocía de San Pedro y por lo que me cuenta son más insulsos que la mierda. Me dice que son lentos y la mina media gordita como para estos trámites. Ante ese panorama mejor seguir y evitar un contacto! Lo gracioso fue que el cordobés pinchó un neumático justo al lado mío (el segundo, así que se quedó sin repuesto), y el guacho siguió igual a pesar de estar en llanta. Nos volveríamos a encontrar...
Por fin alcanzamos el cruce con la ruta 70 luego de agotadores 52 km, pero la peor parte estaba por venir. Después de 10 km en camino firme y descendente, cruzamos las salinas de Olaraz, donde el terreno se volvió una porquería atroz. Y como extra, empezaron a pasar una parva de esos camionotes paraguayos que nos llenaron de tierra hasta el ultimo orificio expuesto...
Un tanto agotados y después de fracasar en nuestro intento de acortar camino por el salar, que resultó ser muy blandito para el peso de nuestras máquinas, acampamos atrás de unos montículos de tierra al reparo del viento... que después empezó a soplar muy frío molestando bastante. Ahí le mande un nuevo arreglo al asiento (lo otro no daba para más), pero quedó un tanto desplazado hacia atrás. Igual, la idea de la vela sola era más aterradora y escalofriante...Fue muy gracioso cuando al armar campamento decidimos poner una sola carpa y mi pregunta fue: tu carpa o la mía? Unos instantes después me empecé a reír ya que la cosa sonó muy: tu depto o el mío? Parecía un levante callejero y que me lo quería trincar al Jonas! (no, no quería!).
Nuevamente una fresca mañana nos dió la bienvenida, aunque el solcito hizo que rápidamente la cosa se pusiera más agradable mientras desayunábamos otra de esas bombas energéticas de avena. Retornamos al infame camino, que tal como nos había adelantado el cordobés, estaba hecho una porquería. Calamina de lado a lado, imposible de evitar. Así que a los saltos continuamos nuestro andar costeando las salinas de Olaraz. Por ahí, el camino decidió apartarse (otra no le quedaba, con brutas montañas al frente), así que la pura bajada se convirtió en un ascenso de unos 8-10 km, en el transcurso de los cuales escuché el nunca deseado sonido característico de un rayo que crepa ante las inclemencias del camino. Shit happens, pero ojos que no ven...decido ni fijarme y seguir la marcha. Así llegamos al Abra el Taire, a 4100 m, desde donde nace una quebrada infernal con un valle donde suponemos anda Susques, primer sitio civilizado (acaso el puesto de gendarmería lo es?) desde San Pedro de Atacama. La bajada es más que linda, más por los paisajes que van surgiendo a medida que nos internamos en el valle. Una delicia para la vista. Aparece el verde por ahí abajo y hasta hay llamas y vicuñas pastando! Pectacular!
Finalmente vamos llegando a Susques, que desde el camino se ve como dos ranchitos, pero después resulta estar formado por unos cuantos más. Por que le pondrán 2 circulitos en el mapa como si fuera un lugar grande cuando en realidad no tiene categoría para más de uno? Gracias a eso me tuve que bancar las gastadas de Jonas, a quien le había profetizado una urbe de dimensiones más impactantes que las que encontramos. El trámite de aduana fue fácil: de sólo ver las bicis cargadas hasta las pelotas, el tipo dijo: está bien, pueden irse. Seguimos con el invicto intacto! Todavía nunca me revisaron en aduana alguna con la bici...
Conseguimos una habitación en un residencial por 5 mangos y nos dedicamos a comer. Hasta sandías sentados en la vereda nos manducamos. Mientras continuábamos abocados a nuestra tarea de morfar cuanto se nos cruzaba por adelante, salieron los changuitos de la escuela y rápidamente se agolparon en la puerta a ver el show de los bichos alimentándose. Fue muy gracioso contestar sus preguntas con el primer disparate que se nos cruzaba por la cabeza. Tendrían que haber visto su cara de asombro cuando les dijimos que únicamente comíamos y andábamos en bici. Nada más. Encima, el guacho de Jonas cuando nos miraban como a bichos saludaba a la gente con un Hoi! muy fuerte y gutural, tipo saludo de milico, que para él simplemente significa hola en suizo alemán. Yo me cagaba de risa cada vez que lo hacía y por la cara que le ponía la gente. Según él, era una buena forma de que no le dijeran Hello como a un gringo. Para mí un hola o buenas tardes (si era de tarde, sino usaba un buen día o buenas noches, de acuerdo a la ocasión) era suficiente para dejar en claro mi nacionalidad. O sino les señalaba la banderita que para algo llevaba en la bici. También resulto muy gracioso escucharlo a Juan contestar la típica pregunta de rigor: cuánto cuesta la bici? El simplemente decía: gratis. En Suiza las bicicletas son gratis. Qué, acá las cobran? Tendrían que ver la cara y los comentarios de la gente...yo no sabia donde meterme...También fue gracioso cuando en nuestras incursiones por las despensas nos preguntaron por nuestros lugares de origen y a él le preguntaron si iba a volver vía Paraguay....y así...
A arreglar el rayo que efectivamente se había cortado (y se va el tercero...) y a darse una ducha (hace cuánto fue la última?), pero con el sistema puneño: tanquecito calentado por electricidad, o sea, una lágrima de agua tibia rodeado por una aureola de aire helado...peor es nada.
El 28 arrancamos para Saladillo. Sería mi punto de cruce, ya que pasé por ahí al venir de San Antonio de los Cobres por la 40. Esta vez aparecería por las salinas, desde el Oeste. De nuevo la cosa se repitió: la puuura bajada arrancó con 10 km de subida y después una serie de subidas y bajadas entre quebradas muy imponentes donde completé mis 2000 km de viaje! Por lo menos hasta el cruce de la 40 seguimos otra vez por asfalto. Todo como portal a la espectacular Quebrada del Mal Paso, que es una formación rocosa muy similar a lo que se ve en los desiertos de México (según Jonas, que estuvo ahí), onda espagueti Western, con muchos cardones a los lados, en las piedras. Y además, en bajada pronunciada. Muy copado.
Al salir de la quebrada, el paisaje se corta abruptamente y se transforma en una pampa plana con una recta laaaarga y bastante aburrida. A los 40 km paramos a lastrar los restos de los alimentos de ayer y al pasar un auto, se detiene. Era el cordobés que iba a Susques a buscar el otro auto que quedó con la llanta hecha tiritas. Les tiramos unas galletas y mientras estaban ahí les descubrimos una pérdida en el radiador. Definitivamente el quía me bautizó como yeta. Tendrían que ver como dejó la llanta el animal! Parecía una tapita de cerveza!!
Seguimos viaje. Se empezó a poner un poco negro en el horizonte a nuestra izquierda y el viento arrancó con todo. Al fondo se veían unos twisters impresionantes, por suerte a unos cuantos km de distancia. A veces venía a favor, de a ratos de costado. Nada previsible. La cosa seguía medio embolante hasta que de repente, 15 km antes del cruce con la 40 al costado del camino empezamos a disfrutar de una vegetación de un verde claro totalmente contrastante con respecto a lo que veníamos viendo en cuanto a los colores del terreno. Al fondo, el cordón montañoso por el que teníamos que cruzar mañana envuelto en unas amenazadoras nubes negras. 10 km antes del cruce atravesamos las Salinas Grandes de Jujuy, pero después de pasar por el Salar de Uyuni, cualquier otra cosa parece ínfima en comparación. Igualmente el paisaje, aunque de breve duración, fue agradable, en particular al ver de nuevo esos locos hexágonos que forman los cristales de sal...
Finalmente alcanzamos la ruta 40. Al verla no podía creer que haya venido por camino tan pedorro por tantos km! A partir de acá ya sabía lo que nos esperaba: 8 km de camino arenoso en subida suave, pero agotadora, hasta llegar a Saladillo. Lo más cómico es que el fuerte viento que soplaba, se puso del Este!! Sí, si hay alguna dirección en que el viento nunca sopla, y si de ese modo te jode la vida, así se va a dar cuando pase yo. Otra que ley de Murphy!! Demás esta decir que llegamos hechos puré y con bastante frío encima. Por lo menos esta vez no encontré paisanos borrachos. Es más, no encontramos a nadie!! Tuvimos que recorrernos todos los ranchitos hasta que dimos con el encargado del salón comunal y después de insistir bastante logramos convencerlo de que nos dejara pasar la noche ahí adentro. El quía tenia miedo de que le robáramos algo!! Le mostramos las bicis y le dijimos: Ud. cree que queremos llevar más peso?! Encima, las cosas que tenía guardadas ahí eran bolsas de cemento de 50 kg!! Ibamos a llegar lejos con tan suculento botín!...
En fin, nos instalamos a gusto en ese cuarto de material y techo de chapa, al reparo del fortísimo viento que soplaba metiendo miedo ya. Y la noche cayó y los rayos y relámpagos también. Hasta llovió por estos pagos, donde es bastante atípico en esta época todavía! Qué lindo es estar al resguardo y oyendo la lluvia en el techo de chapa mientras el agua caía...faltaban las chicas nomás, y algo de energías, porque no servíamos para nada...
Al día siguiente amaneció con sol, pero las nubes rápidamente ganaron las montañas de nuevo. En la cima se veía la nieve resultante de la tormenta de anoche...y nosotros íbamos para ahí...
La trepada resulto análoga a la que había hecho hace 25 días, pero con un detalle: cuando le pedí a Jonas que me sacara una foto del lugar, ahora con la nieve caída, la máquina de fotos decidió que el rollo de 36 fotos era muy largo y se rebobinó después de la número 14! Y era el último rollo que tenía! Que garrón! Algo más puede pasarme? Siii! Todavía falta más (paciencia). Así que me quedé sin máquina para sacar fotos en el descenso de la cuesta del Lipán. Un garrón. Ahora tendré que esperar a que Jonas vuelva a Suiza, revele sus diapositivas, las transforme a fotos y me mande unas copias...
Al llegar arriba, el fresco aportado por las espesas nubes reinantes me recordó mi experiencia previa, así que para no llegar a Purmamarca violeta del frío, nos emponchamos con todo lo que teníamos a mano. Valió la pena, ya que así disfruté mucho más de ese downhill espectacular, esta vez con más adrenalina ya que conocía el terreno y había más tráfico, o sea, obstáculos a esquivar, particularmente en las curvas muuuuy cerradas (no intenten esto en casa chicos). Lástima que al estar nublado, el show policromático que ofrecen los cerros al ingresar en el valle no es tan impactante que como cuando pega febo. Igual, yo me acordaba de mi pasada anterior y lo disfruté a pleno.
En Purma caímos de nuevo en El Chapacal, el alojamiento más toraba del pago. Después de una laaarga (aunque poco eficaz para remover la escoria) ducha caliente salimos a ver si conseguía algún recuerdo del lugar. La primera vez por el frío, ahora por la lluvia que amenazaba con caer, los puestos de artesanos desaparecían rápidamente de la plaza. Y encima, todo salía $ 5. Como supondrán, no traje mucho que digamos...
Lo llamé a Pablo, el flaco del tren a las nubes, y avisé de mi próxima llegada el Domingo a Salta. Qué mejor noticia que enterarme que estaría de cumple y con asado. Más que suficiente para incentivar una pedaleada a full desde Jujuy...
Cuando andábamos dando vuelta vemos a dos ciclistas: sí, la pareja de alemanes. En efecto resultan ser muy insulsos. El flaco no existe. Es una línea en el aire, según la descripción de Jonas. Y la gordita es bastante estúpida. O sea, una combinación terrible y que es mejor evitar. Les damos el dato de nuestro "residencial" y terminan ahí por cuestiones presupuestarias. Es increíble como con Jonas se dió una relación muy piola enseguida, y con estos tipos no te daban ganas ni de intercambiar dos palabras. Que tipos aburridos!!
Ah, la máquina de fotos definitivamente se cansó de mí y se niega a reconocer los rollos de fotos cargados, así que el sábado, antes de salir me conseguí una cajita negra con resorte por pocos mangos como para poder registrar los últimos avatares del viaje.
Todo iba bien camino hacia Jujuy, apreciando los paisajes típicos de la quebrada de Humahuaca. Tal vez resultaba un poco molesto el intenso viento en contra (no esperado a esas horas, donde suele predominar el viento norte, pero bueh, ya saben como es conmigo...), pero al menos en bajada (aunque no siempre como nos habían asegurado...). A los 16 km y a poco de llegar a Tumbaya, un feo ruido interrumpe mi marcha: sí, la otra pata del portaequipajes trasero se partió, pero más arriba de lo acostumbrado. Así que hubo que apelar a un recurso extremo y con un par de llaves allen y unas abrazaderas improvisé con Juan (ya le podríamos dar la ciudadanía argentina) un entablillado de emergencia que me hizo zafar la situación. Pobre Malena! Definitivamente no quiere saber más nada conmigo...
Superados los inconvenientes técnicos, seguimos con la marcha. Después de Volcán, inicio de la quebrada, unos carteles empezaron a anunciar pendientes fuertes, bajadas infernales, pruebe los frenos!...pero acá no pasa nada. Con Jonas no íbamos matando de risa, ya que la pendiente era un chiste. Encima, en un par de tramos el asfalto brillaba por su ausencia...Finalmente vino la bajada, pero nada que te hiciera temblar la cara por la velocidad alcanzada. Un porotito al lado de las cosas que vimos antes...argentinos exagerados! Igual nos mandamos con todo y fue una linda carrerita en la que hasta pasamos algunos autos que se creyeron lo de los carteles y nos miraban sin entender nada cuando los dejábamos atrás como tiro...Sí, creo que la altura nos afectó el cerebro...si es que hay alguno.
Justo al finalizar el descenso se largó la lluvia, primero unas gotas, después un diluvio. Pero hacía calor y realmente daba gusto sentir algo húmedo después de tanto tiempo de sequedad. Y el paisaje cambió radicalmente a una selva subtropical con montes cubiertos de verde y vegetación por todos lados. Creo que mis ojos no recordaban ver tanto verde junto desde que tomé una sopa de espárragos y mire el fondo de la olla...Un espectáculo al que se le sumaron infinidad de bichejos y pájaros con sus sonidos propios. Parecíamos dos locos cantando y silbando "I'm cyyyycling in the rain...." y otras melodías.
Como para ponerle un broche de oro a toda la serie de desperfectos técnicos, la computadora de la bici, supuestamente resistente al agua, optó por rechazar la humedad y se puso en blanco. Como diría Jonas, water resistant no es necesariamente waterproof. Pero el tenía la misma marca que yo, un modelo más viejo que el mío, y la de el siguió andando. Why me?
Finalmente llegamos a Jujuy, donde gracias a mi agudo sentido de la orientación nos pasamos de largo la entrada y terminamos metiéndonos por cualquier lado, cruzando barrios nada amigables. Pintoresco.
Después de caer en la terminal de micros (todavía no sé como), en turismo nos orientaron un poco y finalizamos nuestro tour en el complejo Chung King (restaurante, rotisería, pizzería, peña folklórica y hotel) donde por 7 mangos each rascamos una pieza con baño compartido. Nada mal por estar en pleno centro.
Obviamente lo primero fue ir al super, donde como siempre compramos más de lo que nuestros estómagos podrían contener. Es la euforia de la ciudad. Terminamos comiendo bajo unas flores en la Catedral con nuestro look de ciclistas pasados por agua (faltaba que nos tiraran una limosna), viendo los preparativos para un casamiento y arruinando cada foto que se querían sacar con estas flores de fondo...
Después, mojado por mojado, nos fuimos de tour por el trocen babeándonos con las chicas que veíamos pasar, escasas en la Puna (muy escasas). Lo más cómico es como nos miraban por andar caminando en calzas. Se ve que no es muy habitual, no? Definitivamente, no incluyan a Jujuy en un itinerario para hacer turismo: es una ciudad muy fea.
El domingo amaneció nublado, pero cálido y húmedo. O sea, nuestros organismos no entendían una pepa. Y el frío? Y la sequedad nasal?
Arrancamos destino a Salta, aunque casi salimos para Purmamarca de nuevo ya que para variar mi interpretación del mapa difería un poco con la realidad. Finalmente enganchamos el camino de cornisa, que es la vieja ruta que atraviesa unos cuantos diques. El paisaje a la salida fue muy impresionante: la cima de las montañas con nieve, nubes entremezcladas con los cerros, que están totalmente cubiertos de verde. Un placer para la vista, aunque opacado por la fealdad de la ciudad.
Después de unos 30 km llegamos a El Carmen, y quienes vemos en la ruta? Siii, los germies! De nuevo tenemos un encuentro muy animado, mirándonos las caras con poco que decir. Desesperados por el embole, huimos con Jonas. Que tipos plomos!!
Unos km más adelante llegamos al dique La Ciénaga. El paisaje empieza a ponerse interesante, con mucho verde. El camino sube, y sube, y sube, no sólo unos km como nos dijeron, sino que más de lo deseado. Pero el paisaje es soberbio, puro verde. El camino serpentea entre una vegetación exuberante y la idea de llegar a comer un buen asado y ver chicas hacen que nada importe y que los 90 km se pasen volando. Finalmente llega la bajada, pero definitivamente no es negocio ir en ese sentido. Al descender, el terreno es más seco y por ende la vegetación cambia. El olorcito a carne llama...
Por fin llegamos a Vaqueros, el municipio anterior a Salta y nuestro destino final. Pero perdemos como media hora hasta que encontramos la casa. Ni siquiera los vecinos saben donde queda! Extranjero en tu propio pago...
Por suerte caemos justo a tiempo y después de una breve pero necesaria ducha para ser aceptados socialmente nos abocamos a devorar el alimento, con el debut de Jonas para el asado argentino. Berp!
Pasamos el resto del día tranqui y a la noche nos llevaron a una peña folklórica en Salta. Todo muy lindo, pero nosotros estabamos muertos después de 9 días de andar sin parar por caminos más que pesados. Así que pedimos de regresar, pero el dueño del auto no quiso saber nada por lo menos hasta las 3 de la mañana!! Finalmente terminamos con Juan durmiendo en el chevy del quía, tapados con dos manteles...quien hubiera pensado que íbamos a terminar así!
El lunes fue un día de city tour, donde nos dedicamos a hacer trámites. Saqué el pasaje, conseguí la caja de la bici y nos sentamos a mirar pasar la gente por la plaza. Como dice Juan: Que linda vida!!...
Pasamos por la UNSa, pero ya era tarde pa'l mail. Impresionante la infraestructura. Muy lindo el lugar...y las chicas.
De vuelta a Vaqueros, nos hicimos un buen arroz con tuti y me dediqué a desarmar a Malena, un poco más de lo desarmada que quedó. Al final nos acostamos como a las 3 de la mañana...
El martes fuimos a la facu a ver si podíamos mandar un mail. Como les dije, la cosa fue un tanto lenta con las máquinas disponibles. Quedamos en que a las 12 nos pasaban a buscar por la entrada para ir a juntar los bártulos y volver al centro para tomar el bondi que salía a la una. Después de perdernos de nuevo (momento que Jonas no desaprovechó y rápido el guacho se parló una salteña) llegamos, pero no había nadie. 12,10...nada. 12,20....naides. 12,25....pánico! Se me va el bondi! Ante el retraso u olvido de los muchachos recurrimos al plan B: empecé a parar camionetas y luego de una acelerada exposición de los hechos le pedía si nos podía llevar a buscar las cosas y luego a la terminal. Obviamente no fue fácil, pero al final después de tres intentos fallidos enganché uno que me dió el sí. Tendrían que haber visto lo que fue la corrida para no perder el bondi...Al salir de Vaqueros nos cruzamos con los muchachos, que venían desorbitados, aunque no tanto como nosotros... porque el tipo manejaba a mil por la ciudad con la chata...Por suerte llegué justo y cacé al micro antes de que se fuera. Como para darle un poco de emoción al regreso, viste?
El viaje en bondi fue laaargo pero tranqui. Las películas una tortura, pero con la palma acumulada de los últimos días ni me di cuenta de las 26 hs que duró.
Siguiendo la tradición, me bajé en la ruta, esta vez en Aquasol y armé la bici. La verdad que esperaba otra cosa respecto al clima. Me imaginaba un dia soleado y cálido, con un suave viento a favor del norte, y no la porquería de día que hacía, con viento sur, nublado y fresco...pero bueh, que le hace una mancha más a tigre...
Así pase por Santa Clara y con el mar de compañero enfilé pa' las casa. Fue una llegada solitaria, ya que el mail de Salta no había llegado (están disculpados), pero finalmente salió todo bien.
El quía sigue dando vueltas, con el cerebro más limado que antes de partir y con varios proyectos más dando vuelta por la azotea...así que esto no ha sido todo, tan solo un capítulo más.
Seguiremos la próxima, quien sabe desde donde....
Simplemente Gracias!! a todos los que me dieron una mano para poder realizar este viaje y a aquellos que me escribieron en mi ausencia. Un abrazo muy grande y hasta prontito...
HAMMERBOY
Notas al pie (comentarios que quedaron fuera de los otros mensajes por falta de tiempo)
How to shit in the salar: aquellos que crean que hacer sus necesidades fisiológicas en el salar es sencillo, se equivocan. Instintivamente, cuando uno quiere hecharse un garco, lo primero que hace es buscar un yuyito o algo donde guarecerse de miradas ajenas. Bueno, en el salar tal cosa no existe. Es verdad que tampoco hay nadie que te mire, pero los jeeps de los tours tardan menos que un suspiro en transformarse de un puntito en el horizonte a una realidad palpable, y no siempre se los oye venir. Además, una vez concretado el acto, no se puede tapar con tierrita ni hacer un pozo: la sal es muy dura. Hete aquí las opciones:
1-Esperar a llegar a la isla y buscar el amparo de los cardones (aunque no muy cerca si no quieren terminar como coladores).
2-Buscar un ojito de agua y emplearlo como inodoro. Además, viene con agua para el aseo (eso sí, un poco salada).
3-Recurrir al viejo método de emergencia, que además es útil en cualquier lugar y situación: el inodoro portátil descartable, también conocido como bolsa de residuos. Muy práctico. Ah, es conveniente arrojarlo en un sitio adecuado para no dejar malas impresiones...
4-Simplemente ignorar todo lo anterior y descargar la furia de las entrañas sin importarle un cuerno las huellas dejadas.
Dieta del Acay: para aquellas personas a quienes aqueja el exceso de peso, he aquí una dieta muy eficaz. Simplemente inténtese realizar el cruce del Abra del Acay de sur a norte en bicicleta, tratando de no perecer en el intento. Así, para evitar los problemas que acarrea la falta de oxigeno (apunamiento, bah) se emplea la siguiente dieta: Desayuno: té de coca con miel y pan con miel. Almuerzo: coca y bica. Merienda: qué es eso? Cena: purecito instantáneo (no quedan fuerzas para pelar papas, y además, a quién se le ocurre hervir papas a esa altura?!) y té de coca. Mantener durante los tres días que lleva desde La Poma hasta San Antonio de los Cobres. Pierda hasta 2 kg y la poca salud mental que le quede! Resultado garantido o le devolvemos el dinero (conmigo funcionó!).
Pequeño diccionario no ilustrado para comprender a los locales:
"pura bajada nomás": quiere decir que el camino sube, a veces suavemente, otras no tanto. Este fenómeno da lugar a la conocida paradoja de la bajada ascendente, muy común en la región de la Puna.
"acacito nomás": típica expresión local que debe interpretarse como "en la loma del orto" (perdón por la crudeza del vocabulario, pero vamos, o acaso Uds. no usan la misma expresión?).
"excelente estado del camino": la ruta esta hecha una porquería (camino fregado, diría Juan), llena de calamina, arena y/o piedras que te van a dejar el tujes a la miseria y te van a destrozar la bicicleta.
"fuerte pendiente": del lado argentino implica una suave subida (o bajada, según de donde vengas) que a duras penas te va a volar los pelos. Del lado chileno implica: atajate chango que vas pa'l infierno y en picada!! O bien, tiren un guinche que esto no lo muevo ni con una grúa! (de nuevo, dependiendo de que lado se venga).
Lo difícil que es mantener las tradiciones argentinas en la Puna: tomar mate a 4000 m de altura no es nada fácil. Por la escasez de oxígeno, el calentador no anda ni para atrás y pareciera que le cuesta más que a nosotros respirar para hacer una llamita. A su vez, esta llamita no calienta un joraca y llena todo de hollín (sumado a la pobre calidad de la nafta que se consigue), o sea, se tarda una eternidad hervir un poco de agua. Por suerte, o más bien por desgracia, la disminución de la presión con la altura hace que el agua hierva a menos temperatura, o sea que apenas te cebaste un mate, el agua ya esta helada de nuevo. Una porquería. Consejo: dejar el mate para otras ocasiones (tal vez unos metros más abajo) y tomarse un buen té de coca. Y coquear...viva la coca!! Es más, en la puna no se dice whisky para una foto, sino que se usa: coca! (tradiciones de mi acervo particular). Por lo menos, la altura no te afecta para comer mantecol con dulce de leche, otra tradición muy arraigada en mi persona...
Teoría de la igualación de presiones: la siguiente hipótesis se basa íntegramente en hechos experimentales (doy fe). Al aumentar la altura, la presión atmosférica disminuye paulatinamente (eso ya se sabía). Ahora bien, cuando se realiza un cambio brusco de altitud durante un ascenso, la presión interna nuestro organismo es mayor a la externa, y como todos conocen, las cosas tienden a ir de donde hay mayor concentración a donde hay menor. Es por eso que se experimenta una liberación gaseosa continua que se manifiesta en algunos casos ruidosamente, otras no tanto, generando una sensación de alivio y a la vez favoreciendo el avance si se aprovecha el recurso natural. Al menos esa es la excusa que uno usa para justificar semejante sucesión de pedos...o será el ají chileno? Por lo pronto, se sigue analizando el fenómeno de la bajada, ya que aparentemente es proceso no es reversible (gracia a Dio!).
Sobre las relaciones íntimas:
(Para ellos) Procedimiento en caso de levantarse una chola:
Tomar a la chola, desvestirla y colocarla en un recipiente con agua y lavandina en una relación de 5 gotas por litro de agua. Llevar a hervor por 2 minutos, y dejar enfriar lentamente. Secar bien, dejar reposar y servirse.
(Para ellas) Procedimiento en caso de levantarse un ciclista:
Con una espátula y thinner intente remover las vestimentas del ciclista. Colocar en un recipiente con agua y lavandina en una relación de 5 gotas por litro de lavandina. Hervir a fuego lento por 2 horas. Empleando una esponjita de bronce, retirar la crosta superficial, tratando de no descamar la piel del individuo. En casos severos se puede emplear la misma espátula que usó para quitar la ropa. Enfriar, secar bien y dejar reposar. En caso de que el individuo haya realizado más de 40 km en ese día, guardar en un lugar seco y fresco hasta el día siguiente si quiere obtener algún resultado. De registrarse fallas, descártese el producto y consígase algo como la gente!
Esto ha sido todo!!!...por ahora.
Algunas Estadísticas
Duración del viaje: 43 días
Jornadas de pedaleo: 37 días
Km recorridos: 2330 km (1048 km asfalto, 1282 km ripio)
Promedio de km recorridos diariamente: 63 km
Distancia máxima recorrida en un día: 108 km (San Antonio de los Cobres ® Saladillo)
Distancia mínima recorrida en un día: 22 km (Amaicha del Valle ® Ruinas de los Indios Quilmes)
Total de horas arriba del asiento: 173 hs
Promedio de velocidad general: 13,5 km/h
Máxima velocidad alcanzada: 77,8 km/h (bajando del paso camino a San Pedro de Atacama)
Pasos de más de 4000 msnm cruzados: 7 (Abra El Acay, Abra Potrerillos -2 veces-, Retén Ascotán, Paso de Castros Barros, Abra Percantas -Paso de Jama- y Abra El Taire).
Altura máxima alcanzada: 4900 msnm (Abra El Acay)
Días de pedaleo por encima de los 3500 msnm: 20
Problemas técnicos: 3 rayos cortados, una pinchadura, portaequipajes delantero desoldado en dos uniones y partido, portaequipajes trasero partido en dos ocasiones en los puntos de unión con el cuadro, pie de la bicicleta quebrado, asiento roto, máquina de fotos descompuesta, computadora de la bici con fallas temporales.
Hojas de coca consumidas: ufffff!!!! Muuuuuchas...








Hola todos!!!! Acá el Hammerboy reportándose desde La Quiaca...
Por fin pude encontrar un lugar con Internet y que funcionara o me lo dejaran usar...Estoy usando una máquina medio pedorra, de esas muuuuy lentas que es de una gente amiga de otra gente que contacté en Tilcara, más precisamente, de la madre de Sole, la amiga de Romina (o sea, de garrón de rebote como quien dice) así que no me puedo explayar mucho.
Obviamente, que escriba esto implica que sigo con vida, aunque de un dudoso estado mental, cosa que ya se sabía de antemano. Por si las dudas a alguien se le ocurre seguir mis pasos (cosa que dudo) les doy un consejo sano: vayan al revés!!! No saben lo que es estar subiendo todo el tiempo!! Es un delirio total el tema. El ripio no es tal, sino que es arena pura, y eso de que en el norte no sopla viento, quien se los dijo?! Además, es más que fresco el guacho...De todos modos, los paisajes y las vistas que tuve hasta ahora son indescriptibles.
Les cuento que mañana voy a Yavi a festejar mi segundo año de Lic. con un asadito y el lunes engancho el tren a Uyuni, para después hacer el gran desafío de cruzar el salar. Por lo que me dijeron otros ciclistas que conocí en Cafayate (sí, vi otros ciclistas) ahí hay un buen servidor de Internet así que les daré un reporte más detallado de mis andanzas con Malena.
Como un adelanto, tenían razón con que el Abra El Acay era duro...creo que es lo más bravo que hice hasta el momento, con una subida del carajo, super interminable, para colmo de pura piedra suelta, arena o ambas, más un fuerte viento en contra que hicieron las cosas más que difíciles, teniendo en cuenta que el oxígeno es más escaso que el agua! Y ni hablar si les digo que se me fue la bici por un precipicio de 100 m cuando estaba sacando una foto y perdí dos horas a 4500 m haciendo el correspondiente rescate...pero bueno, eso es parte de otro capítulo...sean pacientes.
De novedad les comento que hubo un cambio de planes en el itinerario, ya que después de estar en S.A. de los Cobres y ver el camino, decidí pegar la vuelta por el paso de Jama, y así volver a hacer ese guachazo descenso que es la cuesta del Lipán (35 ks infernales) hasta Purmamarca y de ahí bajar a Salta donde ya tengo amigos del camino donde parar...el garroneo es mi especialidad...
Se agradecen (y mucho) todos los mensajes recibidos y los favores realizados y ya les contestaré desde Uyuni el martes si sobrevivo a la experiencia de viajar en el tren barato (el de luxe salió justo hoy)...
Les mando un abrazo muy grande a todos y hasta la próxima entrega, en pocos días si todo sigue bien...
Nos estamos leyendo,
HAMMERBOY
Aquí el Hammerboy desde Bolilandia - Uyuni (12/10/99)
Hola todos/as!!! Como va?
Finalmente llegué a Uyuni, puerta del Salar (bah, en realidad la entrada es Colchani, pero la mística del Salar se respira fuerte por acá...). El viaje en tren fue mucho más civilizado de lo que me lo habían pintado. Viajé en lo que sería primera (acá Salón) y hasta diría que el servicio es mejor que el de Baires a Mardel. Coche restaurante por dos mangos, o la alternativa de comer en Tupiza o Atocha algo de los puestos callejeros donde abundan los platos de aromas particulares y donde se desquitan los locales. Lo único diferente a un tren de allá es el aroma especial que se respira, pero que no es nada del otro mundo (al menos si consideramos el que expiro yo...). Por ahí se hace un poco largo el tema de estar 10 horas para hacer 300 km, pero si vieran por donde van las vías...es todo montaña! Los paisajes alucinantes, al menos hasta que se hizo la noche. Hay un pueblito que esta en la ladera de unos cerros que parecen las figuras del Cañón del Colorado. Un espectáculo para la vista. También resulta pintoresco el mercadeo y las cosas que se venden por estos pagos en cuestiones alimenticias. Los que anduvieron por acá saben a que me refiero y los que no, sé de mas de uno que se caería de espaldas de ver como se sirve el morfi y lo que se come..que la verdad esta más que bueno...
Bueno, yendo a lo prometido, procedo a hacer un breve pero intensivo resumen de mi viaje hasta ahora:
en Tucumán paré en lo de la abuela de Dani, ya que al Tucumano no lo encontré. Paré en Yerba Buena, un municipio vecino, que es como la zona residencial de Tucumán. Mucho más lindo que en la ciudad, que es más que fea. Además, se respiraba el bardo de los trabajadores acampando en la plaza, la casa de gobierno con la fachada quemada, en fin, el malestar por el desempleo que vi en el resto de la provincia. La casa de Tucumán, tal como me habían dicho, no es nada del otro mundo, y encima esta empotrada entre edificaciones muy poco pintorescas que digamos...nada del otro mundo. Muy buenas las golosinas a base de miel de caña!
El 20, después de conseguir en el único boliche de surfers (acá!?) un sombrero pa'l sol en reemplazo del que me dejé en BA arranqué para Tafí. Camino tranqui, pasé por Faimallá donde charlé con un chofer desempleado que confirmo todo lo anterior sobre la situación de mierda que se vive por acá. Acampé por donde arranca la cuesta del Mollar, en un lugarcito al lado del río. El lugar el bellísimo por la abundancia de verde que se ve, aunque lamentablemente la basura también abunda, en particular cerca del río. Se ve que es un lugar muy frecuentado por los locales, aunque no cuidan mucho de la limpieza...
La cuesta del Mollar, como dice su nombre, costó! Pura subida, en partes bien empinada, pero de asfalto y sin viento, así que como entrada en calor (que fue bastante con el solazo que pegaba) anduvo bien. Al llegar el parque de los Menhires, se nubló y los cerros quedaron tapados por unas nubes negras que largaban unos truenos infernales. De novela. Lo de los Menhires deja bastante que desear. Por qué los habrán tenido que sacar de sus lugares de origen?
En Tafí me mandé al camping y conseguir lastrar una comida típica fue más que difícil. Por ser temporada alta, todo estaba cerrado. Terminé en un bolichón comiendo un locro (que a decir verdad no era más rico que los de El Ceibo, en Mardel) y viendo a Su Gimenez (ouch!). Es increíble como hay antenas parabólicas para la tele en todos lados, inclusive en ranchitos de adobe que parecen que se estuvieran por venir abajo! Y siempre que caes en un lugar con tele lo mismo: Susana Gimenez, Tinelli y TyC con el fuchi...o sino, Dragon Boludon Z...aghhhh!!! Y ni hablar de pedir que cambien de canal...por cada antena bajan una señal, y tienen 10 televisores enganchados con lo mismo, así que el control se maneja misteriosamente vaya a saber uno de dónde...
Cuando volví al camping había fiesta (o mejor dicho, cumbia a mil) de un grupo de alumnos/as de magisterio de Tucumán que festejaban el día del estudiante. Resignado al ruido por toda la noche me fui a acostar, pero en eso me vinieron a buscar unas chicas interesadas en mi periplo, así que bajo amenaza de tirarme la carpa me uní al grupo y cerveza va, sangría viene, me terminé acostando a las 5,30!! (gracias Marce...).
A pesar de todo, me levanté a las 8,30 y después de comer algo encaré la subida hacia el Abra del Infiernillo, mi primera experiencia a 3000 m. El camino sube suavemente desde Tafí a 1880 m en 20 km, que no hubiera sido muy jodido de no ser por el infernal viento norte que soplaba implacable, haciendo que el avance fuera más que lento...además de la resaca y la falta de sueño. Eso sí, la recompensa fue más que aceptable: bajando hacia Amaicha (ahora con viento a favor!) llegué a levantar 77,7 km/h!!!! hasta el momento mi récord con la bici cargada...y no saben lo que es esquivar baches a esa velocidad! Adenalina pura!!!!
En Amaicha fui al camping (desierto, por supuesto, y con su pileta de rigor, vacía). Palmé temprano, ya que no daba para más...pero los 38 km en bajada fueron una experiencia más que copada...
Al otro día visite el museo Pachamama, con mucho arte de un local, Cruz, que tiene unas obras del carajo (si vieran esos tapices!!), en un lugar que contrasta mucho con las construcciones humildes del resto del pueblo. Un emprendimiento de aquellos.
Después arranqué para las ruinas de los Quilmes. Como venía medio palmado, decidí quedarme a pasar la noche ahí, así que pedí permiso y tiré la carpa en lo que en un futuro será parte del museo. Caminar por esas ruinas (reconstruidas) tiene una mística muy especial. Al subir a las fortalezas sobre la ladera del cerro se comprende cómo estos tipos repelieron a los gallegos por 130 años. La vista y el dominio que se tiene de los valles desde ahí es impresionante! Todo en un marco reinado por cardones inmensos, en los que el viento produce un sonido muy particular al soplar con su habitual intensidad...No les digo lo especial que fue apreciar esas ruinas solari a la noche, con una luna llena espectacular...
De ahí, directo a Cafayate. De nuevo con el viento Norte en contra (que suele arrancar entre las 10 y el 1/2 día, y no para hasta la noche) y los famosos rechupes del camino (subidas y bajadas del camino), como para cansarse una poca, viste? Paré en el Camping Lorohuasi, muy lindo y verde y me fuí a recorrer las bodegas. Por 15 min. llegué tarde para de Michel Torino (la más imponente), así que me desquité en una antigua y artesanal (La Banda) y en Etchart. Entre las degustaciones y el helado de Torrontés y Cabernet (sí, helado de vino!), quedé un tanto en dope...De vuelta en el camping me encontré con tres ciclistas: una pareja de una francesa y un irlandés, y un australiano. Cené con ellos y justo la pareja venía de cruzar el salar de Uyuni. Así que ví unas fotos espectaculares y me tiraron unos cuantos datos interesantes. Me dijeron que era más recomendable el paso de Jama, por Jujuy, que esta asfaltado del lado chileno hasta la frontera (hay que trepar de los 2440 m de San Pedro de Atacama a 4800 m en 45 ks) y además los paisajes son más impactantes que el paso Sico (mi idea original), y lo más importante, hay suficiente tráfico como para conseguir agua o ayuda en caso de un eventual problema.
Al día siguiente comenzó la travesía por el "ripio". Camino a Angastaco la cosa se puso arenosa...parecía como si anduviera por la playa directamente. No saben las coleadas y trabadas de rueda que tuve! Lo mejor en cuanto a paisajes en los valles Calchaquíes fue por esta parte: cerros de colores intensos, quebradas con formas caprichosas gracias a la erosión de los elementos, ir por una zona totalmente árida y que de repente después de una curva sea un manchón verde gracias a las acequias que aprovechan la poca agua del lugar. Otra cosa impactante es ver los pequeños asentamientos de adobe que uno se cruza en el camino y se pregunta de qué corno vive esta gente? Algunos casos realmente pueden más que el asombro...En el camino pasé por uno de éstos llamado La Merced, donde coincidí con la celebración de la Virgen homónima. Fue algo muy emotivo ver a la gente de la zona abocada a su devoción católica, muy fuerte en toda esta zona. Tendrían que ver las caras de la gente, curtidas por el sol y el viento... y las viejitas tipo pasa de uva!
Después de atravesar una sucesión de quebradas (o sea, subidas y bajadas en medio de la arena) y en particular, la alucinante quebrada de las flechas (porque las rocas parecen puntas de flecha, obviamente), llegué a Angastaco, pueblito famoso por su vino patero, en medio de la nada (como casi todos los demás pueblitos que visitaría después). Ahí conocí al Zoilo López (el famoso don Zoilo!), un viejo fanático antiperonista con el cual charlamos unas largas horas...
La ruta siguió vía Molinos, con una iglesia muy pintoresca, donde se destacaban los tapices que representaban el vía crucis. Ahí paré a almorzar en la plaza (por lo general el lugar más verde del pueblo, y también el más agradable para pasar un rato) y fue muy gracioso como me rodearon los changos del lugar y se limitaron a mirarme como si fuera un bicho raro, sin decir ni mu. De zoo la cosa. Como era temprano seguí hasta Seclantás y ahí aprendí que el "ahicito nomás" y " pura bajada" hay que tomarlos con pinzas. me comí una trepada de 10 km con viento en contra y en la bajada, a 3 km del pueblo pinché con una espina infernal, que atravesó caucho, kevlar y cámara! Igual pude llegar hasta el pueblo, donde rodeado por dos changuitos muy preguntones y toqueteros (de las cosas de la bici, no a mí!) hice las reparaciones del caso en el camping abandonado por el momento. Por lo menos fue gratarola!
De Seclantás hice un breve tramo hasta Cachi, pueblo de dimensiones y urbanismo similar al de Cafayate, con una hostería del ACA a todo trapo y un camping muy verde y acogedor. Pase el día tranquilo, haciendo algunos ajustes en la bici y emparchando el piso, que se me pinchó en algún momento en los Quilmes. Como de costumbre, sol. Tal vez alguna nubecita, pero nada del otro mundo. Visité el museo, que tiene una muy buena recopilación histórica sobre la cultura indígena de los valles y casi consigo internet, pero como no estaba el profesor a cargo, no me dajaron ni mirar las máquinas...
Al otro día rumbié pa' La Poma, aunque en lugar de seguir el camino habitual por Payogasta, seguí el consejo de un camionero que conocí en Amaicha y fui vía Palermo, un pueblito que ni figuraba en mi mapa. Según los locales, así tenía mejores paisajes, me ahorraba unos km y una gran subida. En efecto, los paisajes fueron de novela, con vistas al nevado (no tan nevado) de Cachi, en medio de cardones y cañadones coloridos. Después de Palermo el camino pasó por algunos asentamientos de adobe que en algunos casos eran de un rojo muy intenso. A pesar de no haber mucho viento en contra, la marcha resultó bastante pesada. Llegué a La Poma más que filtrado y conseguí alojamiento en el Albergue Municipal: 5 cuchetas para mí solito...y gratarola! Visité el pueblo viejo, destruído por un terremoto en el 30, que fue dejado como quedó después del siniestro. Es increíble ver como aún la gente más humilde vive ahí. Ya se empiezan a ver las influencias coyas en las vestimentas, en particular de las mujeres...
El 29 empieza el gran desafío de coronar el Abra El Acay. La cosa empieza con el pie izquierdo. Al salir descubro que tengo un rayo roto en la rueda de atrás, que después resultan ser dos! Horita y media perdida, en lugar de salir con el frescor matinal ya arranco con el solazo matador. La idea es llegar a Negra Muerta, unas casas a 13 km de la cima a 4200 m de altura. Las jornadas previas de coqueo se transforman en algo habitual. Dale que va a la coca y el bica, mucha agua y el estómago vacío para zafar del apunamiento, fantasma de esta parte del viaje. El camino es muy malo. Mucha arena, o piedras, o ambas juntas! y siempre en subida. No hay casi un mísero descanso. La marcha se hace muy lenta y cansadora. Hace calor y el sol pega lindo. En muchas partes tengo que empujar la bici ya que no hay agarre posible o las ruedas se hunden en la arena. Paro a cargar agua y veo una imagen surrealista: un paisano bajando con su carriada de burritos cargados de leña. De novela!
Un consejo: si cargan agua, asegúrense de que guardan las botellas de nuevo, y no como yo, que después de trepar 3 km me avivo de que me las dejé al lado del río...Stuff occurs, como diría mi amigo Bruno. Caminata de vuelta (cruzando el río en patas un par de veces) y después a subir de nuevo con las botellas. Bah, en realidad lo hice a propósito porque quería estirar un poco las piernas...a 3800 m de altura!
Unos km después me cruzó en un rancho en el medio del camino con un trailer de vialidad. Es como revivir la 40 en la Patagonia! La chola es muy parca y no le saco mucha onda para quedarme, así que sigo. Los últimos km son eternos y ya se nota la falta de O2. Cada vez que se traba la bici en la arena es como si hubiera corrido 100 m llanos. Tengo que parar a respirar a cada rato! Inclusive caminando se avanza de a 2 metros y tenés que parar a recuperar el aire, que es bastante escaso. Mi primera experiencia por arriba de los 4000 m es agotadora. Finalmente llego a Negra Muerta, donde acampo en medio de unas ruinas al costado del arroyo. Estoy hecho puré y no sé si es apunamineto, cansancio o insolación. Cada movimiento cuesta, aunque no tengo los síntomas del apunamiento, una puntada extraña me jode en la zona del pulmón izquierdo. Será el bobo trabajando a mil?
A la mañana siguiente, cuando estoy por arrancar tengo que hacerle un refuerzo al portaequipajes delantero que se menea peligrosamente. So, de nuevo arranco más tarde de lo previsto. Realmente no se nota que hayan pasado la maquina los de vialidad. El camino empeora metro a metro, y ahora se suma un viento infernal en contra que sopla desde temprano. Algo más podía pasar? Siiiii! Cuando paro a sacar una foto de las nacientes del río Calchaquí, de la nada sale una ráfaga de viento que me tira la bici al carajo por un barranco de 100 m. Me quedo helado diciendo: pará, guacha, pará!!! Después de dar unas tres vueltas se queda retorcida a unos 15 m del camino. Los 15 m más largos de mi vida! Para colmo, además de la fuerte pendiente, el terreno es una arenilla de mierda en la que no hay nada de agarre! Sacar la bici de ahí fue todo un esfuerzo sobrehumano (sí ya se que soy medio animal, pero no es el caso). Por poco me voy con bici y todo al fondo del barranco...Pero gracias a un par de plantas espinosas pude hacer pie, desarmar la bici y de a poco subir todo lentamente....a 4500 m de altura. Otra que apunamiento! Perdí casi dos horas en esa jodita y la verdad que quedé bastante hecho puré...y todavía me quedaban 9 ks para la cumbre!
Demás está decir que la marcha fue muy lenta dadas las condiciones. El km 7 (no me olvido más), me llevó una hora caminando, de a 10 metros y tomando aire...Se empezó a nublar y el vientito era más que fresco. A pesar de que se veía el paso a 3-4 km, parecía una eternidad. A los 4700 m ya me empecé a sentir un poco mareado, y la puntada del costado izquierdo empezaba a preocuparme. Creparía ahí nomás? A pesar de estar tan cerca empecé a considerar el pegar la vuelta. Si hubiera pasado una camioneta no lo hubiera pensado dos veces y me hubiera subido. Pero por ahí no pasa ni el loro! Después de un esfuerzo increíble contra el viento pude llegar a la cima y pedaleando!!! No les puedo explicar la alegría que me dió ver el cartel del Abra y la sorpresa que fue encontrarme un paisano acurrucado atrás de una pirca refugiándose del viento y coqueando. Resultó ser un local de Huancar, cercano a Susques, que en su bici estilo británica destartalada llevaba sus tejidos atados en un cajón de madera tipo frutería hacia Cafayate y Salta a ver si podía sacar unos pesitos. Realmente me impactó charlar con este tipo y ver la realidad abismalmente diferente que vivía respecto a los demás habitantes de ciudad. Compartimos coca, cumplí con el ritual de poner una roca en la apacheta para agradecer a la Pachamama por haber tenido un buen viaje (aunque algo accidentado) y sacamos unas fotos. La recompensa de este esfuerzo fueron las vistas alucinantes del camino, que cada vez que miraba hacia atrás me decía: y yo subí esto??
Con toda la jodita se hizo medio tarde y empecé a bajar a las 17,30. El viento soplaba con una fuerza inusitada ahí arriba y no les cuento el frío que hacia por eso. Me enchufé todo lo que tenía encima y empecé el descenso de 20 km en un camino alucinante, lleno de curvas y contracurvas, en mucho mejor estado que la subida. Así y todo, al no pedalear, el fresco me hacía temblar y tenía unos cuantos síntomas de apunamiento. La bajada fue también cansadora aunque no parezca, por la tensión de no irse al carajo en una curva gracias a los manchones de arena que me hicieron perder el control un par de veces. Igual la consigna era una: bajar!!! Necesito O2!!
Como se me venía la noche, paré en el primer conjunto de casas que ví, que resultó ser un rancho de adobe donde pedí permiso para acampar y pasar la noche. La chola, también parca como las demás que conocí, me dejó quedarme. Los changuitos me miraban escondidos como si fuera un bicharraco raro, con mis pilchas de ciclista y armando campamento...Tendrían que ver como vive esta gente!!! No se de donde, pero me trajo un balde con agua y así pasé la noche, viendo al frente al Nevado del Acay, que tanto esfuerzo me costó y tanta satisfacción me dió (aunque no lo parezca).
Finalmente el viernes 1 de Octubre llegué a San Antonio de los Cobres. Pueblo feo si los hay. Las casas de adobe parecen caerse a pedazos, no hay nada verde, sopla viento y tierra por todos lados...bastante deprimente. Así y todo encontré un alojamiento muy piola, con buen ambiente y me instalé. Día tranquilo, de limpieza de ropa, arreglo del piso (tenía una segunda pinchadura el guacho!) y de siestita. Por primera vez en tres días morfo como se debe, ya que a esta altura del partido el apuntamiento me importa un joraca. Después de las dos hamburguesas completas (a sólo $ 1 cada una!!) palmo.
A la noche caen unos turistas que llegaron en el tren a Socompa. Tres de rosario, una porteña y una pareja de franceses. Me engancho con ellos y después de comer llegan los amigos de la chica del hostal y se arma una guitarreada de aquellas, con zambas, chamamés, chacareras y carnavalitos a granel! La pasamos de 10 cantando y bailando hasta las 3 de la mañana...y los locales siguen hasta las 6.
El sábado me prendo con los muchachos hasta el viaducto La Polvorilla, a ver la llegada del tren turístico. Es un show observar a los locales preparar sus puestos y ni hablar cuando llega el tren. Los de adentro filmando y sacando fotos como si fueran animales de zoo, y los locales viendo desde una perspectiva similar a la gringada del tren. Creo que fue la mejor forma de conocerlo.
Me despido de los muchachos que se vuelven a Salta en los remises y yo consigo permiso y me subo al tren hasta San Antonio. Pablo, el que me deja subir, resultó tener en su casa a una pareja de sanjuaninos amigos que están dando la vuelta a la Argentina en bici, así que al toque consigo alojamiento en Salta. De diez...
El domingo arranco temprano hacia las Salinas Grandes de Jujuy. El camino arranca espectacular, sólido y sin viento. Pero a medida de que pasan los km se pone más arenoso, hasta que a los 70 km es imposible avanzar. El camino se torna espantoso después de cruzar a Jujuy. Luego de remar en la arena haciendo mucha fuerza llego a tres Morros, un caserío de adobe donde sentado en un neumático viejo y a la sombra de un rancho como algo. A pesar de estar cansado, decido continuar hasta Saladillo, a 15 km de ahí. La vista de las salinas con su blancura es muy impactante, a pesar de estar un tanto alejadas del camino. Lo que será el salar de Uyuni, no??
Al final, después de 110 km de arena y 7 horas y 1/2 de andar llego desecho a Saladillo, un caserío donde los tipos están con un pedo atroz por un festejo político que tuvieron. Chiche. Me escabullo por ahí y armo campamento.
Al día siguiente encaro una subida de 500 m de desnivel para llegar hasta los 4180 m y después bajar a Purmamarca. Por suerte el camino se consolida y se puede rodar bien. Al llegar arriba tengo una visión de película, con las nubes por debajo de los picos, como algodón. La bajada arranca normal, y a los 5 km veo la cuesta del Lipán: un retorcijón infernal del camino en un zig zag alucinante que se interna en el valle. No puedo creer lo que voy a bajar. Son 30 km sin parar en descenso!! Igual, siempre hay algo que jode y esta vez es el helado viento que remonta el valle y me corta en dos. Que frío, hermano!!! Bajo tiritando y parando de tanto en tanto para recobrar la sensibilidad de los dedos! Brrrr! Los cerros toman unas formas espectaculares y ni hablar de los colores que se empiezan a ver. A veces hasta el camino se pone verde intenso o rojo furioso. Un placer para la vista.
Lo primero en Purmamarca es una ducha caliente. Como hace tanto frío (y no es joda, hace más frío que en La Puna) los artesanos vuelan temprano y parece un pueblito fantasma. Definitivamente (y después de haber visto el camino del paso Sico) voy a volver por el Paso Jama para hacer este alucinante descenso de nuevo y ver esta policromía espectacular!
De Purmamarca hice un breve tramo a Tilcara, con la espectacular Paleta del Pintor en las inmediaciones de Maimará. Rastreé a la madre de Soledad, amiga de Romina, para zafar alojamiento y estar con gente conocida. Visité el museo, bastante completo, y el Pucará de Tilcara, demasiado y dudosamente reconstruido. Pasé la noche en la casa de Taty, otra artesana del lugar, en un ranchito de adobe minúsculo arreglado con muy buen gusto. Copado lugar en medio de un bosquecito al lado del cementerio...
El camino a Humahuaca, para variar, se vió un tanto perturbado por los vientos. Siempre en subida y con viento en contra!! Definitivamente la próxima voy a ir al revés!!!
En Humahuaca me quede en un albergue de unos amigos de Marta, en el cual no había nadie, pero como estaba todo abierto, pase y me serví...muy de tránsfuga la cosa...En el pueblo me encontré con Pablo, el del tren a las nubes (que chiquito es el mundo), así que confirmé mi pasada por Salta a su casa. La parte céntrica es muy colonial y, como en el resto de los lugares que visité, no existen los mercados, sino que hay despensas, a veces solo identificables cuando uno pasa por delante de la puerta...Mucha actividad política (más que molesta, por cierto), con sus parlantes a mil y haciendo proselitismo furioso en lugares donde uno se pregunta para qué tanto bardo si hay tan pocos votantes y recursos, no? Me tocó una época muy particular para viajar...
La ruta a Abra Pampa por suerte está recientemente asfaltada y la trepada a La Puna, que antes era a través del cerro Azul Pampa con una cuesta infernal de ripio, ahora es más suave y lo rodea. Eso no quita que resultara una subida constante de 63 km hasta 3 Cruces (pueblo netamente gendarmeril), con un viento muy fuerte en contra. Antes de llegar a 3 Cruces se pasa por el Espinazo del Diablo, una formación rocosa en forma de arcos policromáticos que descansa la vista. Los últimos 28 km a Abra ya fueron sin viento (!!) y con una suave pendiente a favor. Un lujo!! El único detalles es que como el asfalto no está habilitado al tránsito, cada tanto tenía que sortear los inmensos montículos de tierra que cortaban el camino para que no se metan los autos...algunos fáciles de pasar y otros no tanto...
En Abra Pampa enganché la celebración de la virgen de Jujuy, patrona del lugar, así que pude presenciar unos rituales con pieles de carnero que no había visto antes. Interesante.
Seguí por la zona más difícil, es decir, por Pozuelos, para poder ver la laguna y sus flamencos. Para eso tuve que atravesar un cordón de sierras que costo bastante y finalmente terminé en el galpón de herramientas de la escuela de Pozuelos, a unos 6 km del espejo de agua, el primero que veo desde el dique de Tafí!
A pesar de parecer un sucucho sucio y feo, había una camita con un colchoncito y la pasé de fiesta en ese lugar. Cuando fuí a la laguna, siguiendo caminos inciertos entre los pinchozales (porque no hay planta que no tenga espinas por ahí), después de vadear el río me encontré con un paisano que en su bici destartalada estaba cuidando su ganado de llamas y ovejas. Como yo andaba medio perdido, se engancho conmigó y me hizo de guía por la laguna y me llevo a un lugar donde pude ver los flamencos, que estaban en el fondo, allá bien lejos. Fue un espectáculo tratar de seguirlo en ese camino blando (se me iba al carajo el guacho) y por senderitos anchos como la rueda de la bici, que solo conocen los locales. Toda una experiencia...
Por fin, el día final camino a La Quiaca. Los primeros 40 km hasta Cieneguillas, pura arena. Y después, a levantar la cuesta de Toquero por un camino lleno de calamina (serruchos, para los locales) y piedra suelta. Encima, la pura bajada que me habían prometido no fue tal, ya que conté 5 subidas pesaditas que a esta altura del partido me dejaron sin gambas.
Finalmente llegué a La Quiaca. Decepcionante en cuanto a las espectativas que me hice sobre el lugar. Viva Ushuaia! Iba a la casa de unos amigos de Marta, pero como no estaban, me derivaron a lo de otros amigos y quedé parando en la casa del candidato a concejal por la Alianza. Y, épocas electorales... Así que como verán, de garrón en garrón zafando un poco aquí y otro allí. El domingo fuimos a Yavi a comer un asadito y pasar el día, y el resto ya lo saben, tren a Uyuni y acá estamos.
Fue muy cómico el tema en la frontera, ya que estuve 4 veces en Villazón antes de tomar el tren. Se cruza para comprar cosas como si fueras al almacén (y es bastante distinto que eso, más bien tipo mercado persa) y el control es casi nulo, en particular del lado Boliviano.
Bueno, gente, los dejo porque me agarro un hambre terrible y ya esto fue demasiado largo (y la cantidad de cosas que no les conté...). No se pueden quejar, no?
Amigos/as, me despido de Uds, y si sobrevivo la experiencia del Salar, calculo que mi próximo contacto será desde Calama, en Chile, en unos 10 días.
Muchas gracias por los mensajes enviados (de dónde corno salieron esos mails de la secretaría del Intema??) y será hasta la próxima!
Un abrazo muy grande,
HAMMERBOY
Qué gusto tiene la sal? - Calama (20/10/99)
Hola la bola! Cómo va? Como verán, yerba mala nunca muere y acá estamos todavía, vivitos y pedaleando...
Realmente lo del salar fue algo de otro planeta, y ni que decir del cruce pa Chile, en medio de salares y un viento del carajo que ni en la patagonia esperaría con tanta fuerza...y en contra, pa variar...
Bueno, paso al breve resumen de noticias, ya que unos moishes (sin carácter discriminatorio, eh!) coparon las dos maquinas que hay acá, y en un rato cierran...
Crónica: luego de salir del agringado Uyuni, tomé rumbo hacia Colchani, la entrada al salar. El camino directamente no existe, ya que es un serrucho continuo de lado a lado, así que después de rebotar como un condenado por un rato, me avivé de que los vehículos circulan por unas huellas paralelas más aceptables. Al este, unas nubes negras descargan su furia en las cumbres cercanas. Al este, la blancura del salar. Arriba mío, sol (como para no perder la costumbre).
Después de pasar por Colchani, de aspecto fantasmal y sombrío ya que no andaba ni el loro por ahí, rumbeo pa'l salar. En la entrada se ven montículos de sal que los tipos levantan a puro pico y pala. Tendrían que ver lo que es ese laburo!! La blancura es enceguecedora, o sea, no veo un catzo. Cambio a las gafas más oscuras. Ahura si, hago ta-te-ti entre las variadas rutas y enfilo para los hoteles de sal (que resultaron ser dos y no uno como yo creía). Rodar por la sal es algo de otro mundo. Parece nieve, pero no es. Todo blanco, y no hace frío. En algunas partes se ven las formas hexagonales que tiene la sal. Es copado pasar por encima de eso y escuchar el crujido de la crosta bajo las ruedas...
A los 7 km llego a los hoteles: todo hecho en sal excepto los techos. Muebles, camas, que están cubiertas con unas mantas de llama super acolchonaditas y confortables. Imposible pasar de largo la oportunidad de pasar una noche acá, así que me instalo como quiero, ya que no hay nadie más que mua. Después cae una pareja de franceses, que están haciendo un libro sobre Bolivia y el salar. Una gente muy interesante con la cual intercambié unas cuantas palabras y por supu, quedé plasmado en sus fotos y hasta una entrevista...y, pa' bichos raros...
A las 5,30 (en Bolivia hay una hora menos que en Argentina) nos levantamos para ver el amanecer. Un espectáculo de luces alucinante.
Ahora se viene lo bueno: 65 km hasta la isla pescado, en el centro del salar. El camino es más que fácil de seguir, ya que la huella está muy bien marcada. Hay que ser ganso para perderse ahí (paren, yo no me perdí...). Por suerte es un tanto grisácea, así que aplaca el reflejo del sol. Igual, cada tanto salgo del camino para sentir el crujido de la sal: único!. Cada tanto hay zonas con baches, o mejor dicho, "ojitos de agua" que a veces son unos buenos buracos, donde se pueden ver como cristalizan los ídem de sal. Igual con la bici son fáciles de evitar.
Acá no cansa tanto el andar, ya que es plano y casi no hay viento, pero el reflejo mata. A los 50 km y sin señales de vida de los tours (hasta ya estaba pensando que había agarrado para cualquier lado) me pongo en medio del camino (sí, literalmente) a lastrar unos sanchigües de salame con maní boliviano (que lujo, no?). No va que me siento y tipo dibujito animado empiezan a aparecer uno atrás de otro los land rover, land cruiser y land lo que sea de los tours, justito por donde estoy yo. Que molestos! Obviamente, que se corran ellos...Lo más cómico es que cuando volví a andar, no pasó ni uno más.
A los 15 km llego a la isla y me encuentro con toda la gringada. Por suerte ya se están por irse a seguir con su viaje a las lagunas. La isla es algo espectacular: pencas a rolete, pajaritos amarillos tipo gorriones por todos lados, dos llamas (Betti y Sergio), vizcachas (para mí conejos de orejas cortas y cola larga) y hasta un águila amaestrada (Lucho). También hay un refugio donde por dos mangos te tirás en un colchón y se puede comprar comida y agua. Definitivamente, nada que ver con lo que me esperaba. Además, la isla no se llama Pescado, sino que es Inkahuasi (casa del inca). Asombrosamente está mal nombrada en todos lados: mapas, postales, agencias de turismo...y eso no le hace mucha gracia a Don Alfredo, el cuidador del lugar. En realidad la Pescado esta a 22 km más al Oeste y no tiene más que ratones y 4 pencas.
Huyendo de la turba me instalo con la carpa a la vuelta, sobre la sal. Es más dura que el joraca, así que cuesta un poco armar la casa, pero el hammer se las banca! Es muy curioso limpiar la carpa y sacar sal en vez de arena o tierra. Realmente toda una experiencia. Enfrente tengo una espléndida vista del volcán Tunupa.
Me hago un tour por los caminos de la isla, junto a unos franchutes que caen tarde para quedarse. Igual no molestan. Las vistas desde ahí arriba son soberbias! Espero que las fotos hagan justicia a esas imágenes...
Al caer el sol, y tal como me había dicho Udo, se prende el ventilador y el viento mata. Para colmo, me agarra la carpa de coté y parece que se fuera a volar a la mierda! Realmente no sé como no se partieron las varillas de fibra...hasta tuve que cocinar abajo del abside, tapando los recovecos del viento como podía para que no se apagara el calentador. Igual, la noche en el salar es magnífica. Aunque la luna está en cuarto creciente y es pequeña, su reflejo en la sal da una claridad que alumbra todo con una atmósfera muy difícil de explicar.
Amanece y hace frío. Los atardeceres y las salidas del sol son algo de novela por acá.
Rumbeo por una huella bien marcada hacia el sudeste, camino a tierra firme. La jeta agradecida...(tomate es poco, y eso que uso factor 45!). Los últimos 10 km la huella se pierde y se pone todo blanco. Más enceguecedor imposible. Pareciera como si hubiera llovido, ya que esta húmedo el asunto. De a poco se pone "saleroso", o sea, con sal suelta, lo que hace que las ruedas se entierren y derrape de lo lindo. Alucinante!!!
Al rato veo un terraplén que me conduce sobre un mar de sal a Puerto Chuvica, una casita en tierra firme, donde hay agua y algo de comida. Específicamente, un sánguche de huevo frito. Y bueh, peor es nada. Lo más cómico es que le pregunto a la señora: tiene sal?...a mí solo se me ocurre en ese lugar, no?
El camino hacia Colcha K es bastante malo, en particular los últimos 10 km, que son de arena pura. Al llegar veo que es un cuartel militar y que el pueblo está a 2 km más adentro, so, decido seguir ya que a 5 km esta Mañica un pintoresco pueblito de 300 habitantes donde por 3 mangos consigo una pieza de 6 camas sólo para mí. Paraíso de ciclistas! Ahí tengo mi tercer encuentro con una vinchuca, mientras lavaba las ollas. Esta feneció ahogada. (las otras dos fueron en Tilcara, muerte por presión, y en Pozuelos, deceso por Raid...que casi me mata a mi también de la cantidad que eché...).
Al día siguiente y después de desayunar doble, ya que unos turistas franceses me invitaron cuando me iba (son plaga los franchutes!), arranqué para Chiguana, último bastión Boliviano. Al principio en el camino todo bien, hasta que después de 10 km vira y el vientito se pone en contra. Mucha arena, pero igual se banca. En San Juan (a 23 km de Mañica, lugar de reposte de todos los tours por el salar) no hay naides. Claro, sábado al medio día, a mí solo se me ocurre...Igual consigo agua y alguna basura para el estómago y sigo. Ahí nomás me interno en un salar que no esperaba ver ya que no esta en los mapas. Es distinto al de Uyuni, ya que es una mezcla con tierra y forma una crosta marronácea. El viento se pone bravo. Es más, me cuelgo viendo los twisters que se forman en la tierra. Breves pero muy impresionantes...ya había visto algunos camino a Abra Pampa y en Pozuelos, pero no tan estilizados y definidos como estos. La tortura comienza. El viento no para y se torna imposible. A duras penas puedo ir a 6-8 km/h y el camino es plano!!! No se puede creer. Estoy en medio de una inmensa planicie de sal y no se ve nada al frente. Las huellas se cruzan como un laberinto y el camino se pierde fácil. Por lo menos el Volcán Ollagüe sirve de referencia. En una parada a comer, al "reparo" en un montículo de sal, el viento me hace crepar el pie de la bici. Lástima, ya que era muy útil, en particular para sacar fotos...
Cuando ya estaba algo preocupado por mi lento avance y la idea de estar perdido en medio de la nada, pasan un par de jeeps y me dicen que solo faltan 8 km para Chiguana. En efecto, al rato diviso las construcciones, pero me lleva casi 2 hs llegar por efectos del viento...ahhhhhh!!!!! Apaguen el ventilador!!!
Chiguana es un cuartel militar semi derruido con 10 conscriptos y un sargento gordito y chantún. Hay ruinas del antiguo pueblo y la estación de tren está clausurada. Consigo alojarme en una de las construcciones ovoides, o sea, tengo piso y techo, aunque los vidrios rotos hacen que a la noche entre un fresquete de aquellos...Ah, el portaequipajes delantero se partió y desoldó en dos partes, así que como buen argentino, con alambre y tape lo dejamos como nuevo...
Al otro día arranco tempranelli. Después de 33 km de arena y camino volcánico (o sea, piedras que salen irregularmente en el camino, un tanto molestas para andar), llego a Avaroa, la estación fronteriza en Bolivia. Es muy pintoresco el Hito Boliviano: 6 vagones derruidos en una vía lateral. A 5 km está Ollagüe. El viento ya mata (y no para hasta bien entrada la madrugada...) y como es domingo al medio día, el paso por la aduana es muy sencillo. Me preguntan si llevo coca, y entrego los restos secos de la que usé en Argentina...pero ni mu de los 300 g que tengo de Bolivia...o se pensaban que me iba a quedar sin coca para el Paso de Jama??
En Ollagüe sólo hay dos callecitas al costado de las vías del tren, una "despensa" bien precaria y un hostal muy básico, pero suficiente. Descanso al reparo del viento de la palma de ayer.
Como para no sufrir de nuevo, arranco apenas clarea a las 6,30. Hace frío. Específicamente, -8 C!! El agua de la caramañola se congela. Brrrrrrr!!!!! Tengo 7 capas de pilchas encima. Parezco un oso polar sobre ruedas (sí, de circo)...
El camino trepa suavemente y baja al salar de Carcote. Unas vistas espectaculares, en particular de la fumarola del Ollagüe, bien nítida. El Volcán Aucanquilcha, la mina de azufre más alta del mundo, a 5800 m, también impone su presencia. Se rodea el salar (esta vez bien blanquito) y se viene la cuesta San Martín: 5 km en trepada de faldeo, que me hacen acordar al paso Garibaldi, en Tierra del Fuego, lo único que en lugar de lagos y árboles, se ve el salar. Ni que hablar del panorama desde la cima...
Al doblar bajo al salar de Ascotán, realmente una maravilla de la naturaleza! Esta encerrado por volcanes y montañas, con espejos de agua donde veo flamencos, ahora al alcance del ojo y no tan lejos como en Pozuelos. Ver el vuelo de una camada, manada, flota? de estos bichos es un show único e imborrable. Las vicuñas huyen ante mi paso, corriendo a la par mío. Otro flash!. Los colores y las formas de este sitio son más que preciosas....
A los 50 km llego a Cebollar, la estación de tren. Ahí me entero de que ahí extraen mineral de Bórax, y veo todas las etapas del procesamiento del material. Muy interesante. Tendrían que ver el laboratorio de los quías!
Sigo la marcha y paro a almorzar algo. El Ollagüe me revela una faceta antes escondida: una terrible pared de hielo que impacta en su visión!
Continúo y para cortar camino me meto en las huellas de los camiones que cruzan el salar. Espectacular las pilas de sal y los ojos de agua verde esmeralda que se forman. También acá le dan al pico y a la pala...ufff!
Todo venía idílicamente bien. Pero las cosas buenas duran poco: viento y del peor me hace los últimos 15 km muy difíciles. Se forman tornados, y uno me pasa por encima!!! Dura poco, pero la lluvia de piedritas me lija la cara! Impresionante!
Los últimos 5 km hasta Ascotán, el retén de carabineros, son un parto: subí de 3600 a casi 4000 m con viento bien en contra! Me llevó más de una hora y media y me consumió hasta la ultima gota de energía. Muy pintoresco el paisaje, rodeado de campos minados...
En Ascotán no hay estación de tren, sólo el retén, así que después de un poco de franeleo y aguantar unos cuantos chistes sobre soberanía, consigo techo y de paso morfi (aunque la Once es algo escaso para mi gusto...).
Según los quías, más abajo el viento no sopla tanto, así que después de quedarme apoliyado, arranco 8,30. El camino es calamina pura. Parece como si estuviera en una batidora! Y sino, arena, que hace la marcha muy pesada. A rato de salir me avivo de que perdí en el mambo a Felipe, el demonio de Tasmania de peluche que llevo como mascota. Así que pierdo 1 hora caminando en su búsqueda, totalmente en vano. Al final, cuando estoy de vuelta y más que descorazonado, lo encuentro a 200 m de la bici!!...sólo a mí me pasan estas cosas, no? Y pagaría con sangre esta perdida de tiempo, ya que a las 12,40, algo temprano la verdad, el viento empieza a soplar y no tiene nada de suave. Los 50 km hasta Chiu-Chiu por el desierto de Atacama fueron espeluznantemente agotadores, y eso que el camino va casi siempre (no siempre) en bajada...pero los serruchos y la arena matan!
A las 18 llego y consigo albergarme en la parroquia (hay un solo hotel y pinta caro). No saben el bulo que tienen los curas acá! Jardines, cultivos y los cuartitos de claustro...todo un lujo y gratarola...Amén! Y hasta una ducha caliente, cosa que desde Uyuni no probaba...
Hoy luego de recorrer deliciosos 35 km por asfalto llegué a Calama. Civilización! Ciudad con todos los chiches, mucha juventud (por primera vez en mucho tiempo veo mujeres de tez clara, bah, minones!) y me puedo avocar a mis vicios chilenos preferidos: leche chocolatada Colun, helados Savory y comidas con entrada, dos platos y postre por tres mangos! Viva Chile, huevón!
Bueno, lamentablemente tengo que dejarlos. Tengo muchas cosas en el tintero, como el compendio intitulado "How to shit in the salar", que merece un capítulo aparte. Me espera San Pedro de Atacama y el Paso de Jama, nada despreciable por lo que me han dicho...Supongo que la próxima entrega será en el ocaso del viaje, en Jujuy o Salta. Ahora los dejo ya que voy a satisfacer otro de mis vicios yendo al cine a ver Instinto (y, hoy es miércoles...).
Será hasta la próxima, abrazos y besos per tuti y se agradecen mucho los mensajes recibidos.
Adió!!!
HAMMERBOY
Lo que me costó el Paso de Jama... - Salta (2/11/99)
Hola todos/as!!!! Cómo va? Aquí el Hammerboy desde la UNSa, en Salta la Linda. De vuelta en mi patria querida después de un cruce de los Andes plagado de paisajes alucinantes, muuuuy poco oxígeno y lleno de desperfectos técnicos. La bici esta compuesta en un 70 % de alambre y cinta tape por estos momentos...
Ahora estoy en una super computadora de la facu, a la que hay que darle cuerda para que funcione su arcaico Win 3.1 y adivinando las letras en el teclado (Argentina potencia!!!). A escasas 2 horas de tomar el bondi para retornar al terruño, tendré que ser breve y supongo que la versión completa de estos días será entregada una vez reinsertado en la sociedad (si es que eso tiene un mínimo de probabilidad de ocurrir...).
Por lo pronto y mientras pueda les cuento algo:
Los dejé en Calama la última vez. Lo que no les dije es que al llegar se me partió el portaequipajes trasero, tal cual como cuando fuí pa' Ushuaia. Por lo menos la experiencia previa facilitó el "lo atamo con alambre". Y ahí me enteré que me podría haber evitado los últimos "ass killer" kilómetros de ripio en calamina y arena si me hubieran comentado de un nuevo camino asfaltado de una empresa minera que corría a tan solo unos km paralelo al mío. Cosas que pasan, no? (carabineros guachos, me podrían haber dicho algo...).
Bueno, de Calama arranqué para San Pedro de Atacama. Son unos 62 km (y no 54 como me dijeron!) de subida pareja y constante, en una recta interminable que da la sensación de que uno baja, pero el peso de la bici y el altímetro te dicen lo contrario. El paisaje es bien desértico, con mucha arena y algunas formaciones particularmente erosionadas y agradables para despejar la mente. Lo bueno viene después del cruce del paso: aparecen los Andes, con al Volcán Licancabur al dofón, sitio de cruce, que asusta un poco de ver el caminito que después voy a trepar. Y empiezan a verse los carteles que más adoro en Chile: Enganche primera, pendiente muy fuerte, revise los frenos. Sí, se imaginaran lo que es la bajadita! Además, se ve la cordillera de la sal y el Valle de la Luna, con unas formas espectaculares. En esa serie de bajadas llegué a pasar los 70 km/h en 4 ocasiones y superé mi récord con 77,8 Km/h, truncados por una curva molesta. El viento soplaba a 10 mil, y cuando te cachetea de costado los nervios se tensan como piedra!
Al llegar abajo fue como si abrieran el horno: el viento se puso hirviente, machucando la piel. Los últimos km antes de San Pedro están coronados por unas formaciones tipo espinazo de monstruo de lago Ness (fa, qué puético que estoy!), muy impactantes. Así la palma se olvida y las gambas marchan solas.
San Pedro es un pueblito muy pintoresco que de chileno no tiene nada. Está inventado para los Gringos y sólo hay cosas relacionadas con el turismo. Y así son los precios infames y me costó un ovo conseguir un lugar para parar solo. Me querían cobrar por una habitación doble los guachos!
Ahí en una despensa tuve el primer encuentro cercano con un ciclista: Jonas, un suizo que viene desde Alaska y con quien luego nos cruzamos y seguimos juntos estos 10 días. Ahora está adaptado a nuestros pagos y la verdad que es casi un argentino más. Nos matamos de risa en estos días y la cosa se hizo más amena.
Al día siguiente fue una jornada de "descanso": arranqué a las 4 de la matina para ir en un tour (sí, ya sé, pero es la única forma de ir) a los Geisers de El Tatio. Lamentablemente la mañana estaba atípicamente nublada, así que la actividad geotérmica fue menor de lo normal, pero para un neófito como yo fue más que suficiente. Lo mejor vino después, cuando con un español nos mandamos a la pileta de aguas termales...a 4300 m de altura y con un ofri de aquellos; a las 8,30 nos pegamos un buen baño (cosa que tenia un tanto olvidada ya) en esas cálidas aguas sulfurosas. Es más, tan felices se nos veía, que de a poco se fue metiendo más gente hasta que parecía una sopa. Lo más pintoresco fueron las germies-cola-caída que después se atrevieron y su posterior cambiada: muy europeo, en tarlipes sin calentarles un joraca.
Al medio día volvimos al town y después de una gira cultural por el museo, salí para la excursión al Valle de la Luna. Me encontré de nuevo con una pareja de Chilenos que conocí en los Geisers y había 4 veteranas cotorras que hicieron la excursión muy entretenida. En particular porque pasé de ser "el argentinito", con aire de porteño despectivo, al "el argentino simpático", luego de aclararles las diferencias con mis vecinos de la provincia. Mucho viento, tanto que los Andes no se veían de la tierra que volaba!!! Y mañana yo rumbearía para allá...
Hasta me pesqué gracias a la buena onda del guía con otros vagos e hice sandboarding en unas dunas en el Valle de la Muerte. Muy copado...y se imaginan hasta donde quedé de arena (en particular los que conocen mis "habilidades" para estas cuestiones)....definitivamente les dejé bien en claro a los chilenos mi naturaleza mental...Un día "relajado", como quien dice...
El 23 arrancó el último delirio del Paso de Jama. Salí con muchas versiones, una más contradictoria que la otra, así que no sabia muy bien lo que me esperaba. La gente no tiene idea de distancias y pendientes. Simplemente todo es "ahicito nomás", "sólo quedan un par de km más de subida y después es puuura bajada". Ja!, la paradoja de la bajada ascendente, como lo bautizamos con Jonas. Igual que "excelente estado del camino" significa serruchos por todos lados, arena y traste a la miseria...
La cosa fue simple, después de 14 km de subida "normal", empieza la verdadera cuesta, que es casi recta y con una pendiente que trepa unos 80 m de desnivel por km!!! De terror! En 40 km, de los cuales 26 fueron en plano inclinado, trepé de 2440 m a 4400 m!! Chilenos locos... Encima, la bici estaba cargada hasta el joraca, ya que iba con morfi para 7 días y 11 lts de agua. Creo que no les dije, pero al viajar en tren pesé la bici y sin agua y comida a medias el peso era de 61 kg. Así que de San Pedro debo haber arrancado con 75 kg encima...y yo que soy livianito...saquen sus propias conclusiones. O más fácil: cuesta un huevo y medio mover semejante mole con esa pendiente!!!
Destruido y desmoralizado al ver que los 2 km se extendían bastante más, paré al reparo de una roca para pasar la noche y no desaparecer arrastrado por el viento infernal y helado. Porque se nubló y a las 20 ya hacían -1 C. Fresco pa' calza calada...En la noche la temperatura en la carpa cayó a -5 C. El agua totalmente congelada (excepto la que tuve la precaución de poner entre las pilchas, con un touch de sobaquex, fragancia salvaje...).
A la mañana siguiente (después de la salida del sol, sino te congelás con los - 9 C), arranqué y remonté los últimos 5 km hasta los casi 4800 m. Ahí me encontré con Jonas-Juan, que con un par de chicas Canadienses (tonto el vago) habían ido a escalar el Volcán vecino al Licancabur.
Es destacable que el 90 % del trafico que se ve por ese camino es debido a las caravanas de contrabandistas que llevan autos chinos de Chile a Bolivia. Se ven unos 60 por día!
Después de una gélida espera pudimos fletar a las chicas pa San Pedro (una muy apestada) y seguimos viaje juntos. El camino se mantiene en un Alti-alti plano que oscila entre los 4600 y 4800 m de altura todo el tiempo. Así que se imaginaran que no es muy fácil mantener una conversación coherente con la falta de O2. Los paisajes son alucinantes: montañas de colores contrastando con la aridez de la arena y las rocas, de repente un salar y un curso de agua con pastos (o lo que corno sean) de un verde claro intenso y ojos de agua turquesa. Un espectáculo pa la vista...
El viento ayuda y el asfalto libre de trafico (aunque los camiones paraguayos son unos bastardos y no paran un cachito su marcha infernal) hacen que el andar sea más que agradable, aunque la falta de aire te dejan muerto en la subidita más chiquita.
Bueno, se me va a ir el bondi, y estoy parando en un barrio de las afueras a 15 km del centro, así que debo emprender la retirada. Quedarán para después las anécdotas vividas con el Jonas, a quien le estoy empezando a machacar algunas de mis fallas técnicas (yeta, bah), ya que desde que me junté con él, partí un rayo, se me rompió el asiento (si, toda una historia, en la que puedo decir que soy macho, ya que probé por 70 km de arena y calamina y no me gustó!), se partió la otra pata del portaequipajes (pero más feo, así que tuve que "entablillarlo" con 2 llaves allen), la máquina de fotos decidió arbitrariamente no funcionar más (así que ando con una de esas cajitas huecas con un resorte) y la computadora se rebeló ante la lluvia (sí!, agua!!!, camino a Jujuy) y me sacó unos km de mi haber.
El quía ya toma mate, come mantecol con dulce de leche, tuvo clases prácticas de como en Argentina todo se arregla con alambre y sabe lo que quiero decir cuando le digo "esperá que me hecho un cloro" y otras delicias de nuestro "castellano". Ya tendrán oportunidad de conocer a este suizo muy latino por Marzo, cuando pase por Mardel (si, ya sé, esto es para los que están en Mardel...).
Para quienes les pueda interesar por la proximidad geográfica, mañana miércoles a eso de las 15 me estoy bajando del bondi en el cruce de la ruta 2 (Aquasol), para armar la bici y llegar rodando por la ruta 11 desde Santa Clara a mi MDQ respirando un poco de mar a eso de las 17 (aprox). Espero verlos, un abrazo muy grande, besos varios y no se preocupen que ya llegará la versión de los últimos días de este viajecito con alguna que otra acotación al pie...
Se agradecen los mansajes recibidos (serán contestados in situ) y nos estamos viendo (esta vez tet a tet, al menos en algunos casos...).
HAMMERBOY (todavía vivito y rodando...)
Lo que me costó el Paso de Jama - 2da. Parte...y algo más - Mar del Plata (9/11/99)
Hola a todos/as!! Aquí el Hammerboy desde el nivel del mar y rebosante de oxígeno cumpliendo con la última entrega de los acontecimientos vividos durante este viajecito recientemente terminado.
Los había dejado en el Alti-alti plano Chileno, cuando me encontré con Jonas, el ciclista suizo. Después de rodar por unas horas en un asfalto en excelente estado y poco transitado, o sea, un placer para pedalear, llegamos al km 90 de la ruta del Paso de Jama, donde el asfalto desaparece y arranca otra vez un camino arenoso y pesado, obra de la corrupción de la empresa que tenía que terminar de asfaltar el tramo (sí, en Chile también pasan estas cosas...). Para colmo, en subida. Definitivamente opté por no charlar más en esas ocasiones ya que la falta de aire no te permite más de una actividad a la vez: o hablás o avanzás. Sino empiezan a verse duendecitos y bichejos del estilo, supongo que imaginarios...
Luego de 6 infames km llegamos al campamento de vialidad que me habian dicho que andaba por ahí, aunque no me habían aclarado que estaba totalmente abandonado. Sí, y no sólo las construcciones de las viviendas, sino que también los camiones y las máquinas para el camino. Como si una peste hubiera erradicado a la gente, onda pelicula de terror...pero seguramente fue por una estafa de aquellas. Ante la soledad reinante, el viento soplando fuerte y cada vez más fresco (3 C a las 18) y la noche que se nos venía encima, nos instalamos en un habitáculo de cartón al reparo del ventarral. Es más, para calentar el ambiente, hicimos un fueguito con los planos y las maderas que usan para marcar el camino, muy cálido y acogedor. Lástima que por la falta de O2 a los casi 4800 m en los que estábamos (porque de humedad la madera no tenía nada, si ahí es más seco que el carajo), la cosa empezó a despedir un humo que casi nos asfixia...y bueh, no se puede pedir todo , no?
La noche fue más que fresca, con - 6 C dentro de la casetita. Después de un buen desayuno con bomba atómica (avena, azúcar -casi en iguales proporciones-, leche, canela, chocolate, nueces, pasas de uva, maní y agua hasta darle la consistencia deseada) y unos tés calentitos arrancamos camino a la frontera. Luego de subir otros 4 km, el paisaje nos regaló unas vistas impresionantes: bajada acompañada por unas formaciones rocosas muy locas, caprichosamente erosionadas, con un salar de fondo y piedras que como monolitos aislados surgen en la nada. Cómo corno se erosionó todo y quedó solamente eso??
El camino sigue su bajada empecinada hasta que bordea el salar de Tiara. Su blancura contrasta con el azul esmeralda de las aguas que se ven en algunas partes, reflejando las montañas en un espejo maravilloso. Volvemos al asfalto (yupi!). Se sube un poco, vuelve a bajar...puro plano, viste? Con el Jonas le seguimos dando a la charla. El se asombra de cómo subsisten los argentinos con los sueldos que tenemos y los precios de las cosas (y eso que todavía no anduvo por el sur...), y yo me hago mala sangre de saber lo que cobra un docente en Suiza. Las anécdotas de su viaje son más que jugosas, tanto las escalofriantes, como cuando le robaron todo menos la bici en Perú o su experiencia con la gente de Alaska cuando lo sacaron a tiros unos tipos que borrachos se volvieron un tanto hostiles, como las buenas, con calurosos recibimientos en Colombia y las minas que se fue levantando a lo largo de su travesía. Definitivamente me convencí de que hay un solo motivo por el cual hay que hacer este viajecito de Alaska a Ushuaia: para levantar mujeres!!!
Ya un tanto cansados de los subi-baja del camino, encaramos después de rodear el salar de Tiara lo que creíamos era la última subida antes de bajar el Paso de Jama. A pesar de no estar a más de 4400 m, todavía cansa la falta de O2 en las subidas. El viento a favor y la suave pendiente en bajada hacen que los últimos 10 km hasta el limite fronterizo sean muy placenteros, con vistas de un suelo rajado por la sequedad de la zona. Son curiosos los miradores que tiene la Conaf (Comisión Nacional Forestal de Chile, como los parques Nacionales de acá), que están construidos en piedra formando unos círculos inmensos con bancos por doquier, en el medio de la nada! Un derroche de plata total, pero que para un ciclista con el pingo agotado pueden ser el paraíso hecho realidad para zafar de los vientos...
En la frontera el asfalto se interrumpe abruptamente y luego de 5 km en una polvorienta bajada a los tumbos (bienvenido a Argentina, primer mundo) llegamos al puesto de gendarmería. Leluya! Después de franelear un poco y de enterarme de los sucesos de las urnas (los quías no estaban muy alegres que digamos con el triunfo de De la Rúa), nos ganamos su confianza y al rato estábamos metidos en un desafío al ping-pong (deporte ineludible en estos lugares fronterizos) donde por supuesto nos cagaron a pelotazos, y no justamente por las habilidades de Jonas...así que después se quedó él con otro gendarme (el más fanático por lo visto), peloteando hasta la caída de la noche. Noche que nos regaló una luna llena impresionante que iluminaba todo sin necesidad de linterna. Si no fuera por el fresquete, daba para quedarse boquiabierto contemplando la contraparte de febo. Fíjense si caímos bien a los muchachos, que nos invitaron con unas pizzas espectaculares (en particular para un par de muertos de hambre como nosotros, un tanto cansados de la pasta) y siii, vimos el programa de Tinelli!! Infaltable allí donde haya una antena satelital...
Y como broche de oro, nos tiraron un par de colchones como para poder recuperar los huesos más confortablemente que de costumbre. Viva la patria carajo!
A la mañana les usamos la cocina, y ya un tanto confianzudos, les tomamos el café y alguna que otra cosilla para acompañar la super pesada mezcla de sémola que preparó Juan y que generó toda clase de sonidos onomatopéyicos del estilo de Puajjjj!! por parte de los milicos.
Ante la pregunta de cómo estaba el camino hasta Susques (unos 130 km de ripio), la respuesta fue: "excelente estado del camino. Hace menos de una semana que pasó la máquina"; "es puuura bajada. No hay ninguna subida". Queridos amigos, a menos que los datos vengan de otros ciclistas, desconfíen. Por lo visto los muchachos hacía mucho que no recorrían la zona, porque el excelente resulto ser bastante pobre, como para menos de 4, y la bajada, qué bajada!? El camino se la pasó subiendo suavemente sin parar, y de los tumbos de los serruchos, a los 6 km un "cric" anunció la muerte de mi asiento. Se imaginaran la cara que puse al ver que debajo de mis nalgas sólo tenía la vela del asiento (no, no fue cara de placer, sino de asombro). Simplemente no lo podía creer! A mí solo me pasan estas cosas...Obviamente, gracias a mi naturaleza Argentina (vamos carajo!), cazamo alambre y le hice a Jonas una pequeña demostración de cómo zafar las vicisitudes de la vida con un poco de maña. El único detalle fue que al hacer el arreglo no me avivé de mantener el paralelismo del asiento con el cuadro, así que quedó firme pero con un ángulo demasiado erótico para mi gusto. Como no daba para desarmar todo y perder otra hora, decidí seguir improvisando un asiento con los buzos que tenía. Debo decir que no fueron los 70 km más cómodos que hice. La cosa era como pedalear en un asiento de gelatina, y por los sacudones del camino, cada tanto tenía que parar a arreglar el engendro o sucumbir ante la dicha de pasarme al otro bando. Por eso y para despejar toda duda: soy macho, probé y no me gusto...Me tendrían que haber visto después, largando unas carcajadas impresionantes ya que la sola idea de lo que me había pasado me causaba mucha gracia. A la gente normal eso no le pasa...
Después del puesto de gendarmería, el camino costea las Salinas de Jama, donde pudimos ver algunos flamencos (al fin, ya que del lado chileno no quedaba ni uno!). Un tanto pesado por el viento de costado, después de unos 35 km llegamos al cordón montañoso del fondo, donde el camino dobla hacia el noreste, facilitando las cosas. El paisaje es precioso, con unos cerros que parecen cortar el paso constantemente, pero siempre a último momento aparece una quebrada por donde pasa el camino y te hace zafar de una trepada agotadora. Por esos momentos nos cruza un auto con un cordobés simpaticón, que nos cuenta que atrás nuestro venia una pareja de alemanes. Jonas los conocía de San Pedro y por lo que me cuenta son más insulsos que la mierda. Me dice que son lentos y la mina media gordita como para estos trámites. Ante ese panorama mejor seguir y evitar un contacto! Lo gracioso fue que el cordobés pinchó un neumático justo al lado mío (el segundo, así que se quedó sin repuesto), y el guacho siguió igual a pesar de estar en llanta. Nos volveríamos a encontrar...
Por fin alcanzamos el cruce con la ruta 70 luego de agotadores 52 km, pero la peor parte estaba por venir. Después de 10 km en camino firme y descendente, cruzamos las salinas de Olaraz, donde el terreno se volvió una porquería atroz. Y como extra, empezaron a pasar una parva de esos camionotes paraguayos que nos llenaron de tierra hasta el ultimo orificio expuesto...
Un tanto agotados y después de fracasar en nuestro intento de acortar camino por el salar, que resultó ser muy blandito para el peso de nuestras máquinas, acampamos atrás de unos montículos de tierra al reparo del viento... que después empezó a soplar muy frío molestando bastante. Ahí le mande un nuevo arreglo al asiento (lo otro no daba para más), pero quedó un tanto desplazado hacia atrás. Igual, la idea de la vela sola era más aterradora y escalofriante...Fue muy gracioso cuando al armar campamento decidimos poner una sola carpa y mi pregunta fue: tu carpa o la mía? Unos instantes después me empecé a reír ya que la cosa sonó muy: tu depto o el mío? Parecía un levante callejero y que me lo quería trincar al Jonas! (no, no quería!).
Nuevamente una fresca mañana nos dió la bienvenida, aunque el solcito hizo que rápidamente la cosa se pusiera más agradable mientras desayunábamos otra de esas bombas energéticas de avena. Retornamos al infame camino, que tal como nos había adelantado el cordobés, estaba hecho una porquería. Calamina de lado a lado, imposible de evitar. Así que a los saltos continuamos nuestro andar costeando las salinas de Olaraz. Por ahí, el camino decidió apartarse (otra no le quedaba, con brutas montañas al frente), así que la pura bajada se convirtió en un ascenso de unos 8-10 km, en el transcurso de los cuales escuché el nunca deseado sonido característico de un rayo que crepa ante las inclemencias del camino. Shit happens, pero ojos que no ven...decido ni fijarme y seguir la marcha. Así llegamos al Abra el Taire, a 4100 m, desde donde nace una quebrada infernal con un valle donde suponemos anda Susques, primer sitio civilizado (acaso el puesto de gendarmería lo es?) desde San Pedro de Atacama. La bajada es más que linda, más por los paisajes que van surgiendo a medida que nos internamos en el valle. Una delicia para la vista. Aparece el verde por ahí abajo y hasta hay llamas y vicuñas pastando! Pectacular!
Finalmente vamos llegando a Susques, que desde el camino se ve como dos ranchitos, pero después resulta estar formado por unos cuantos más. Por que le pondrán 2 circulitos en el mapa como si fuera un lugar grande cuando en realidad no tiene categoría para más de uno? Gracias a eso me tuve que bancar las gastadas de Jonas, a quien le había profetizado una urbe de dimensiones más impactantes que las que encontramos. El trámite de aduana fue fácil: de sólo ver las bicis cargadas hasta las pelotas, el tipo dijo: está bien, pueden irse. Seguimos con el invicto intacto! Todavía nunca me revisaron en aduana alguna con la bici...
Conseguimos una habitación en un residencial por 5 mangos y nos dedicamos a comer. Hasta sandías sentados en la vereda nos manducamos. Mientras continuábamos abocados a nuestra tarea de morfar cuanto se nos cruzaba por adelante, salieron los changuitos de la escuela y rápidamente se agolparon en la puerta a ver el show de los bichos alimentándose. Fue muy gracioso contestar sus preguntas con el primer disparate que se nos cruzaba por la cabeza. Tendrían que haber visto su cara de asombro cuando les dijimos que únicamente comíamos y andábamos en bici. Nada más. Encima, el guacho de Jonas cuando nos miraban como a bichos saludaba a la gente con un Hoi! muy fuerte y gutural, tipo saludo de milico, que para él simplemente significa hola en suizo alemán. Yo me cagaba de risa cada vez que lo hacía y por la cara que le ponía la gente. Según él, era una buena forma de que no le dijeran Hello como a un gringo. Para mí un hola o buenas tardes (si era de tarde, sino usaba un buen día o buenas noches, de acuerdo a la ocasión) era suficiente para dejar en claro mi nacionalidad. O sino les señalaba la banderita que para algo llevaba en la bici. También resulto muy gracioso escucharlo a Juan contestar la típica pregunta de rigor: cuánto cuesta la bici? El simplemente decía: gratis. En Suiza las bicicletas son gratis. Qué, acá las cobran? Tendrían que ver la cara y los comentarios de la gente...yo no sabia donde meterme...También fue gracioso cuando en nuestras incursiones por las despensas nos preguntaron por nuestros lugares de origen y a él le preguntaron si iba a volver vía Paraguay....y así...
A arreglar el rayo que efectivamente se había cortado (y se va el tercero...) y a darse una ducha (hace cuánto fue la última?), pero con el sistema puneño: tanquecito calentado por electricidad, o sea, una lágrima de agua tibia rodeado por una aureola de aire helado...peor es nada.
El 28 arrancamos para Saladillo. Sería mi punto de cruce, ya que pasé por ahí al venir de San Antonio de los Cobres por la 40. Esta vez aparecería por las salinas, desde el Oeste. De nuevo la cosa se repitió: la puuura bajada arrancó con 10 km de subida y después una serie de subidas y bajadas entre quebradas muy imponentes donde completé mis 2000 km de viaje! Por lo menos hasta el cruce de la 40 seguimos otra vez por asfalto. Todo como portal a la espectacular Quebrada del Mal Paso, que es una formación rocosa muy similar a lo que se ve en los desiertos de México (según Jonas, que estuvo ahí), onda espagueti Western, con muchos cardones a los lados, en las piedras. Y además, en bajada pronunciada. Muy copado.
Al salir de la quebrada, el paisaje se corta abruptamente y se transforma en una pampa plana con una recta laaaarga y bastante aburrida. A los 40 km paramos a lastrar los restos de los alimentos de ayer y al pasar un auto, se detiene. Era el cordobés que iba a Susques a buscar el otro auto que quedó con la llanta hecha tiritas. Les tiramos unas galletas y mientras estaban ahí les descubrimos una pérdida en el radiador. Definitivamente el quía me bautizó como yeta. Tendrían que ver como dejó la llanta el animal! Parecía una tapita de cerveza!!
Seguimos viaje. Se empezó a poner un poco negro en el horizonte a nuestra izquierda y el viento arrancó con todo. Al fondo se veían unos twisters impresionantes, por suerte a unos cuantos km de distancia. A veces venía a favor, de a ratos de costado. Nada previsible. La cosa seguía medio embolante hasta que de repente, 15 km antes del cruce con la 40 al costado del camino empezamos a disfrutar de una vegetación de un verde claro totalmente contrastante con respecto a lo que veníamos viendo en cuanto a los colores del terreno. Al fondo, el cordón montañoso por el que teníamos que cruzar mañana envuelto en unas amenazadoras nubes negras. 10 km antes del cruce atravesamos las Salinas Grandes de Jujuy, pero después de pasar por el Salar de Uyuni, cualquier otra cosa parece ínfima en comparación. Igualmente el paisaje, aunque de breve duración, fue agradable, en particular al ver de nuevo esos locos hexágonos que forman los cristales de sal...
Finalmente alcanzamos la ruta 40. Al verla no podía creer que haya venido por camino tan pedorro por tantos km! A partir de acá ya sabía lo que nos esperaba: 8 km de camino arenoso en subida suave, pero agotadora, hasta llegar a Saladillo. Lo más cómico es que el fuerte viento que soplaba, se puso del Este!! Sí, si hay alguna dirección en que el viento nunca sopla, y si de ese modo te jode la vida, así se va a dar cuando pase yo. Otra que ley de Murphy!! Demás esta decir que llegamos hechos puré y con bastante frío encima. Por lo menos esta vez no encontré paisanos borrachos. Es más, no encontramos a nadie!! Tuvimos que recorrernos todos los ranchitos hasta que dimos con el encargado del salón comunal y después de insistir bastante logramos convencerlo de que nos dejara pasar la noche ahí adentro. El quía tenia miedo de que le robáramos algo!! Le mostramos las bicis y le dijimos: Ud. cree que queremos llevar más peso?! Encima, las cosas que tenía guardadas ahí eran bolsas de cemento de 50 kg!! Ibamos a llegar lejos con tan suculento botín!...
En fin, nos instalamos a gusto en ese cuarto de material y techo de chapa, al reparo del fortísimo viento que soplaba metiendo miedo ya. Y la noche cayó y los rayos y relámpagos también. Hasta llovió por estos pagos, donde es bastante atípico en esta época todavía! Qué lindo es estar al resguardo y oyendo la lluvia en el techo de chapa mientras el agua caía...faltaban las chicas nomás, y algo de energías, porque no servíamos para nada...
Al día siguiente amaneció con sol, pero las nubes rápidamente ganaron las montañas de nuevo. En la cima se veía la nieve resultante de la tormenta de anoche...y nosotros íbamos para ahí...
La trepada resulto análoga a la que había hecho hace 25 días, pero con un detalle: cuando le pedí a Jonas que me sacara una foto del lugar, ahora con la nieve caída, la máquina de fotos decidió que el rollo de 36 fotos era muy largo y se rebobinó después de la número 14! Y era el último rollo que tenía! Que garrón! Algo más puede pasarme? Siii! Todavía falta más (paciencia). Así que me quedé sin máquina para sacar fotos en el descenso de la cuesta del Lipán. Un garrón. Ahora tendré que esperar a que Jonas vuelva a Suiza, revele sus diapositivas, las transforme a fotos y me mande unas copias...
Al llegar arriba, el fresco aportado por las espesas nubes reinantes me recordó mi experiencia previa, así que para no llegar a Purmamarca violeta del frío, nos emponchamos con todo lo que teníamos a mano. Valió la pena, ya que así disfruté mucho más de ese downhill espectacular, esta vez con más adrenalina ya que conocía el terreno y había más tráfico, o sea, obstáculos a esquivar, particularmente en las curvas muuuuy cerradas (no intenten esto en casa chicos). Lástima que al estar nublado, el show policromático que ofrecen los cerros al ingresar en el valle no es tan impactante que como cuando pega febo. Igual, yo me acordaba de mi pasada anterior y lo disfruté a pleno.
En Purma caímos de nuevo en El Chapacal, el alojamiento más toraba del pago. Después de una laaarga (aunque poco eficaz para remover la escoria) ducha caliente salimos a ver si conseguía algún recuerdo del lugar. La primera vez por el frío, ahora por la lluvia que amenazaba con caer, los puestos de artesanos desaparecían rápidamente de la plaza. Y encima, todo salía $ 5. Como supondrán, no traje mucho que digamos...
Lo llamé a Pablo, el flaco del tren a las nubes, y avisé de mi próxima llegada el Domingo a Salta. Qué mejor noticia que enterarme que estaría de cumple y con asado. Más que suficiente para incentivar una pedaleada a full desde Jujuy...
Cuando andábamos dando vuelta vemos a dos ciclistas: sí, la pareja de alemanes. En efecto resultan ser muy insulsos. El flaco no existe. Es una línea en el aire, según la descripción de Jonas. Y la gordita es bastante estúpida. O sea, una combinación terrible y que es mejor evitar. Les damos el dato de nuestro "residencial" y terminan ahí por cuestiones presupuestarias. Es increíble como con Jonas se dió una relación muy piola enseguida, y con estos tipos no te daban ganas ni de intercambiar dos palabras. Que tipos aburridos!!
Ah, la máquina de fotos definitivamente se cansó de mí y se niega a reconocer los rollos de fotos cargados, así que el sábado, antes de salir me conseguí una cajita negra con resorte por pocos mangos como para poder registrar los últimos avatares del viaje.
Todo iba bien camino hacia Jujuy, apreciando los paisajes típicos de la quebrada de Humahuaca. Tal vez resultaba un poco molesto el intenso viento en contra (no esperado a esas horas, donde suele predominar el viento norte, pero bueh, ya saben como es conmigo...), pero al menos en bajada (aunque no siempre como nos habían asegurado...). A los 16 km y a poco de llegar a Tumbaya, un feo ruido interrumpe mi marcha: sí, la otra pata del portaequipajes trasero se partió, pero más arriba de lo acostumbrado. Así que hubo que apelar a un recurso extremo y con un par de llaves allen y unas abrazaderas improvisé con Juan (ya le podríamos dar la ciudadanía argentina) un entablillado de emergencia que me hizo zafar la situación. Pobre Malena! Definitivamente no quiere saber más nada conmigo...
Superados los inconvenientes técnicos, seguimos con la marcha. Después de Volcán, inicio de la quebrada, unos carteles empezaron a anunciar pendientes fuertes, bajadas infernales, pruebe los frenos!...pero acá no pasa nada. Con Jonas no íbamos matando de risa, ya que la pendiente era un chiste. Encima, en un par de tramos el asfalto brillaba por su ausencia...Finalmente vino la bajada, pero nada que te hiciera temblar la cara por la velocidad alcanzada. Un porotito al lado de las cosas que vimos antes...argentinos exagerados! Igual nos mandamos con todo y fue una linda carrerita en la que hasta pasamos algunos autos que se creyeron lo de los carteles y nos miraban sin entender nada cuando los dejábamos atrás como tiro...Sí, creo que la altura nos afectó el cerebro...si es que hay alguno.
Justo al finalizar el descenso se largó la lluvia, primero unas gotas, después un diluvio. Pero hacía calor y realmente daba gusto sentir algo húmedo después de tanto tiempo de sequedad. Y el paisaje cambió radicalmente a una selva subtropical con montes cubiertos de verde y vegetación por todos lados. Creo que mis ojos no recordaban ver tanto verde junto desde que tomé una sopa de espárragos y mire el fondo de la olla...Un espectáculo al que se le sumaron infinidad de bichejos y pájaros con sus sonidos propios. Parecíamos dos locos cantando y silbando "I'm cyyyycling in the rain...." y otras melodías.
Como para ponerle un broche de oro a toda la serie de desperfectos técnicos, la computadora de la bici, supuestamente resistente al agua, optó por rechazar la humedad y se puso en blanco. Como diría Jonas, water resistant no es necesariamente waterproof. Pero el tenía la misma marca que yo, un modelo más viejo que el mío, y la de el siguió andando. Why me?
Finalmente llegamos a Jujuy, donde gracias a mi agudo sentido de la orientación nos pasamos de largo la entrada y terminamos metiéndonos por cualquier lado, cruzando barrios nada amigables. Pintoresco.
Después de caer en la terminal de micros (todavía no sé como), en turismo nos orientaron un poco y finalizamos nuestro tour en el complejo Chung King (restaurante, rotisería, pizzería, peña folklórica y hotel) donde por 7 mangos each rascamos una pieza con baño compartido. Nada mal por estar en pleno centro.
Obviamente lo primero fue ir al super, donde como siempre compramos más de lo que nuestros estómagos podrían contener. Es la euforia de la ciudad. Terminamos comiendo bajo unas flores en la Catedral con nuestro look de ciclistas pasados por agua (faltaba que nos tiraran una limosna), viendo los preparativos para un casamiento y arruinando cada foto que se querían sacar con estas flores de fondo...
Después, mojado por mojado, nos fuimos de tour por el trocen babeándonos con las chicas que veíamos pasar, escasas en la Puna (muy escasas). Lo más cómico es como nos miraban por andar caminando en calzas. Se ve que no es muy habitual, no? Definitivamente, no incluyan a Jujuy en un itinerario para hacer turismo: es una ciudad muy fea.
El domingo amaneció nublado, pero cálido y húmedo. O sea, nuestros organismos no entendían una pepa. Y el frío? Y la sequedad nasal?
Arrancamos destino a Salta, aunque casi salimos para Purmamarca de nuevo ya que para variar mi interpretación del mapa difería un poco con la realidad. Finalmente enganchamos el camino de cornisa, que es la vieja ruta que atraviesa unos cuantos diques. El paisaje a la salida fue muy impresionante: la cima de las montañas con nieve, nubes entremezcladas con los cerros, que están totalmente cubiertos de verde. Un placer para la vista, aunque opacado por la fealdad de la ciudad.
Después de unos 30 km llegamos a El Carmen, y quienes vemos en la ruta? Siii, los germies! De nuevo tenemos un encuentro muy animado, mirándonos las caras con poco que decir. Desesperados por el embole, huimos con Jonas. Que tipos plomos!!
Unos km más adelante llegamos al dique La Ciénaga. El paisaje empieza a ponerse interesante, con mucho verde. El camino sube, y sube, y sube, no sólo unos km como nos dijeron, sino que más de lo deseado. Pero el paisaje es soberbio, puro verde. El camino serpentea entre una vegetación exuberante y la idea de llegar a comer un buen asado y ver chicas hacen que nada importe y que los 90 km se pasen volando. Finalmente llega la bajada, pero definitivamente no es negocio ir en ese sentido. Al descender, el terreno es más seco y por ende la vegetación cambia. El olorcito a carne llama...
Por fin llegamos a Vaqueros, el municipio anterior a Salta y nuestro destino final. Pero perdemos como media hora hasta que encontramos la casa. Ni siquiera los vecinos saben donde queda! Extranjero en tu propio pago...
Por suerte caemos justo a tiempo y después de una breve pero necesaria ducha para ser aceptados socialmente nos abocamos a devorar el alimento, con el debut de Jonas para el asado argentino. Berp!
Pasamos el resto del día tranqui y a la noche nos llevaron a una peña folklórica en Salta. Todo muy lindo, pero nosotros estabamos muertos después de 9 días de andar sin parar por caminos más que pesados. Así que pedimos de regresar, pero el dueño del auto no quiso saber nada por lo menos hasta las 3 de la mañana!! Finalmente terminamos con Juan durmiendo en el chevy del quía, tapados con dos manteles...quien hubiera pensado que íbamos a terminar así!
El lunes fue un día de city tour, donde nos dedicamos a hacer trámites. Saqué el pasaje, conseguí la caja de la bici y nos sentamos a mirar pasar la gente por la plaza. Como dice Juan: Que linda vida!!...
Pasamos por la UNSa, pero ya era tarde pa'l mail. Impresionante la infraestructura. Muy lindo el lugar...y las chicas.
De vuelta a Vaqueros, nos hicimos un buen arroz con tuti y me dediqué a desarmar a Malena, un poco más de lo desarmada que quedó. Al final nos acostamos como a las 3 de la mañana...
El martes fuimos a la facu a ver si podíamos mandar un mail. Como les dije, la cosa fue un tanto lenta con las máquinas disponibles. Quedamos en que a las 12 nos pasaban a buscar por la entrada para ir a juntar los bártulos y volver al centro para tomar el bondi que salía a la una. Después de perdernos de nuevo (momento que Jonas no desaprovechó y rápido el guacho se parló una salteña) llegamos, pero no había nadie. 12,10...nada. 12,20....naides. 12,25....pánico! Se me va el bondi! Ante el retraso u olvido de los muchachos recurrimos al plan B: empecé a parar camionetas y luego de una acelerada exposición de los hechos le pedía si nos podía llevar a buscar las cosas y luego a la terminal. Obviamente no fue fácil, pero al final después de tres intentos fallidos enganché uno que me dió el sí. Tendrían que haber visto lo que fue la corrida para no perder el bondi...Al salir de Vaqueros nos cruzamos con los muchachos, que venían desorbitados, aunque no tanto como nosotros... porque el tipo manejaba a mil por la ciudad con la chata...Por suerte llegué justo y cacé al micro antes de que se fuera. Como para darle un poco de emoción al regreso, viste?
El viaje en bondi fue laaargo pero tranqui. Las películas una tortura, pero con la palma acumulada de los últimos días ni me di cuenta de las 26 hs que duró.
Siguiendo la tradición, me bajé en la ruta, esta vez en Aquasol y armé la bici. La verdad que esperaba otra cosa respecto al clima. Me imaginaba un dia soleado y cálido, con un suave viento a favor del norte, y no la porquería de día que hacía, con viento sur, nublado y fresco...pero bueh, que le hace una mancha más a tigre...
Así pase por Santa Clara y con el mar de compañero enfilé pa' las casa. Fue una llegada solitaria, ya que el mail de Salta no había llegado (están disculpados), pero finalmente salió todo bien.
El quía sigue dando vueltas, con el cerebro más limado que antes de partir y con varios proyectos más dando vuelta por la azotea...así que esto no ha sido todo, tan solo un capítulo más.
Seguiremos la próxima, quien sabe desde donde....
Simplemente Gracias!! a todos los que me dieron una mano para poder realizar este viaje y a aquellos que me escribieron en mi ausencia. Un abrazo muy grande y hasta prontito...
HAMMERBOY
Notas al pie (comentarios que quedaron fuera de los otros mensajes por falta de tiempo)
How to shit in the salar: aquellos que crean que hacer sus necesidades fisiológicas en el salar es sencillo, se equivocan. Instintivamente, cuando uno quiere hecharse un garco, lo primero que hace es buscar un yuyito o algo donde guarecerse de miradas ajenas. Bueno, en el salar tal cosa no existe. Es verdad que tampoco hay nadie que te mire, pero los jeeps de los tours tardan menos que un suspiro en transformarse de un puntito en el horizonte a una realidad palpable, y no siempre se los oye venir. Además, una vez concretado el acto, no se puede tapar con tierrita ni hacer un pozo: la sal es muy dura. Hete aquí las opciones:
1-Esperar a llegar a la isla y buscar el amparo de los cardones (aunque no muy cerca si no quieren terminar como coladores).
2-Buscar un ojito de agua y emplearlo como inodoro. Además, viene con agua para el aseo (eso sí, un poco salada).
3-Recurrir al viejo método de emergencia, que además es útil en cualquier lugar y situación: el inodoro portátil descartable, también conocido como bolsa de residuos. Muy práctico. Ah, es conveniente arrojarlo en un sitio adecuado para no dejar malas impresiones...
4-Simplemente ignorar todo lo anterior y descargar la furia de las entrañas sin importarle un cuerno las huellas dejadas.
Dieta del Acay: para aquellas personas a quienes aqueja el exceso de peso, he aquí una dieta muy eficaz. Simplemente inténtese realizar el cruce del Abra del Acay de sur a norte en bicicleta, tratando de no perecer en el intento. Así, para evitar los problemas que acarrea la falta de oxigeno (apunamiento, bah) se emplea la siguiente dieta: Desayuno: té de coca con miel y pan con miel. Almuerzo: coca y bica. Merienda: qué es eso? Cena: purecito instantáneo (no quedan fuerzas para pelar papas, y además, a quién se le ocurre hervir papas a esa altura?!) y té de coca. Mantener durante los tres días que lleva desde La Poma hasta San Antonio de los Cobres. Pierda hasta 2 kg y la poca salud mental que le quede! Resultado garantido o le devolvemos el dinero (conmigo funcionó!).
Pequeño diccionario no ilustrado para comprender a los locales:
"pura bajada nomás": quiere decir que el camino sube, a veces suavemente, otras no tanto. Este fenómeno da lugar a la conocida paradoja de la bajada ascendente, muy común en la región de la Puna.
"acacito nomás": típica expresión local que debe interpretarse como "en la loma del orto" (perdón por la crudeza del vocabulario, pero vamos, o acaso Uds. no usan la misma expresión?).
"excelente estado del camino": la ruta esta hecha una porquería (camino fregado, diría Juan), llena de calamina, arena y/o piedras que te van a dejar el tujes a la miseria y te van a destrozar la bicicleta.
"fuerte pendiente": del lado argentino implica una suave subida (o bajada, según de donde vengas) que a duras penas te va a volar los pelos. Del lado chileno implica: atajate chango que vas pa'l infierno y en picada!! O bien, tiren un guinche que esto no lo muevo ni con una grúa! (de nuevo, dependiendo de que lado se venga).
Lo difícil que es mantener las tradiciones argentinas en la Puna: tomar mate a 4000 m de altura no es nada fácil. Por la escasez de oxígeno, el calentador no anda ni para atrás y pareciera que le cuesta más que a nosotros respirar para hacer una llamita. A su vez, esta llamita no calienta un joraca y llena todo de hollín (sumado a la pobre calidad de la nafta que se consigue), o sea, se tarda una eternidad hervir un poco de agua. Por suerte, o más bien por desgracia, la disminución de la presión con la altura hace que el agua hierva a menos temperatura, o sea que apenas te cebaste un mate, el agua ya esta helada de nuevo. Una porquería. Consejo: dejar el mate para otras ocasiones (tal vez unos metros más abajo) y tomarse un buen té de coca. Y coquear...viva la coca!! Es más, en la puna no se dice whisky para una foto, sino que se usa: coca! (tradiciones de mi acervo particular). Por lo menos, la altura no te afecta para comer mantecol con dulce de leche, otra tradición muy arraigada en mi persona...
Teoría de la igualación de presiones: la siguiente hipótesis se basa íntegramente en hechos experimentales (doy fe). Al aumentar la altura, la presión atmosférica disminuye paulatinamente (eso ya se sabía). Ahora bien, cuando se realiza un cambio brusco de altitud durante un ascenso, la presión interna nuestro organismo es mayor a la externa, y como todos conocen, las cosas tienden a ir de donde hay mayor concentración a donde hay menor. Es por eso que se experimenta una liberación gaseosa continua que se manifiesta en algunos casos ruidosamente, otras no tanto, generando una sensación de alivio y a la vez favoreciendo el avance si se aprovecha el recurso natural. Al menos esa es la excusa que uno usa para justificar semejante sucesión de pedos...o será el ají chileno? Por lo pronto, se sigue analizando el fenómeno de la bajada, ya que aparentemente es proceso no es reversible (gracia a Dio!).
Sobre las relaciones íntimas:
(Para ellos) Procedimiento en caso de levantarse una chola:
Tomar a la chola, desvestirla y colocarla en un recipiente con agua y lavandina en una relación de 5 gotas por litro de agua. Llevar a hervor por 2 minutos, y dejar enfriar lentamente. Secar bien, dejar reposar y servirse.
(Para ellas) Procedimiento en caso de levantarse un ciclista:
Con una espátula y thinner intente remover las vestimentas del ciclista. Colocar en un recipiente con agua y lavandina en una relación de 5 gotas por litro de lavandina. Hervir a fuego lento por 2 horas. Empleando una esponjita de bronce, retirar la crosta superficial, tratando de no descamar la piel del individuo. En casos severos se puede emplear la misma espátula que usó para quitar la ropa. Enfriar, secar bien y dejar reposar. En caso de que el individuo haya realizado más de 40 km en ese día, guardar en un lugar seco y fresco hasta el día siguiente si quiere obtener algún resultado. De registrarse fallas, descártese el producto y consígase algo como la gente!
Esto ha sido todo!!!...por ahora.
Algunas Estadísticas
Duración del viaje: 43 días
Jornadas de pedaleo: 37 días
Km recorridos: 2330 km (1048 km asfalto, 1282 km ripio)
Promedio de km recorridos diariamente: 63 km
Distancia máxima recorrida en un día: 108 km (San Antonio de los Cobres ® Saladillo)
Distancia mínima recorrida en un día: 22 km (Amaicha del Valle ® Ruinas de los Indios Quilmes)
Total de horas arriba del asiento: 173 hs
Promedio de velocidad general: 13,5 km/h
Máxima velocidad alcanzada: 77,8 km/h (bajando del paso camino a San Pedro de Atacama)
Pasos de más de 4000 msnm cruzados: 7 (Abra El Acay, Abra Potrerillos -2 veces-, Retén Ascotán, Paso de Castros Barros, Abra Percantas -Paso de Jama- y Abra El Taire).
Altura máxima alcanzada: 4900 msnm (Abra El Acay)
Días de pedaleo por encima de los 3500 msnm: 20
Problemas técnicos: 3 rayos cortados, una pinchadura, portaequipajes delantero desoldado en dos uniones y partido, portaequipajes trasero partido en dos ocasiones en los puntos de unión con el cuadro, pie de la bicicleta quebrado, asiento roto, máquina de fotos descompuesta, computadora de la bici con fallas temporales.
Hojas de coca consumidas: ufffff!!!! Muuuuuchas...







